Dicen por ahí que “cuando pasa un silletero es Antioquia entera la que pasa”. No es una metáfora. La Feria de las Flores demuestra por qué la cultura viva es el verdadero núcleo del cual se desprenden no solo la identidad de una comunidad, sino sus formas de sostén y el desarrollo de sus capacidades.

Con una tradición de varios siglos y casi siete décadas como feria instituida formalmente, esta festividad es la muestra más representativa de Antioquia. Su realización convoca no solamente a locales y turistas para apreciar la biodiversidad de flora de la región, sino que rememora las costumbres del pasado, dándoles un nuevo significado que pone de manifiesto la bella e intrincada geografía de la región y el talante de quienes la habitan para abrirse camino.

Las silletas, esas armazones rústicas de madera, eran el medio de transporte en el que los hombres de las regiones más apartadas de la ‘civilización’ bajaban carbón y leña para vender en la ciudad cuando no había luz. También cargaban a niños, mujeres y enfermos cuando había alguna emergencia.

Pero como el antioqueño no solo es astuto, sino negociante, empezó también a bajar sus productos del monte para venderlos, y como además sabe que todo entra por los ojos, empezó a notar que las flores, vistosas y coloridas, llamaban la atención de las señoras acaudaladas. Por todo esto fue que el campesino –literalmente de a pie– cargó a cuestas con su destino para conectar entre sí a los territorios de Medellín, Guarne, Envigado y Rionegro.

Algunas personas dicen que la costumbre de bajar llenos de flores se instauró en mayo, el mes de la Virgen, porque el propósito fundamental era el de agasajar y celebrar a la deidad católica. Según el silletero Luis Felipe Londoño Londoño de Santa Elena –región entre los valles de Aburrá y San Nicolás–, las primeras flores que se exportaron en Colombia salieron de allí en 1923, pero no fue sino hasta 1925 que “el cultivador de flores Braulio Ochoa se inventó ‘la moda de andar a pie’ pero con una silleta florida a sus espaldas para vender los ramilletes en la ciudad”.

Hoy, no son esas las flores que se venden, sino aquellas que se ofrecen en puestos fijos con una variedad única: claveles, gladiolos, girasoles, rosas, cartuchos, azucenas, orquídeas, pompones, pinochos… Más de 500 personas conservan y transmiten de generación en generación esta tradición, acomodándola a los cambios sociales y culturales. La mayoría, mujeres.

Por eso la feria se movió a principios de agosto, empalmando con Colombiamoda y permitiendo así que los cuatro grandes desfiles (Chivas y Flores, Avenida Primavera, Autos Clásicos y Desfile de Silleteros), las casetas y los conciertos cuenten con una afluencia de público que supera los 2 millones de personas, de las cuales alrededor de 328.000 son turistas.

Hoy, cerca del 70 por ciento del área cultivada en Antioquia cuenta con la certificación Florverde Sustainable Flowers de Asocolflores. Foto: Gemini Generated

Tanto la feria, como los silleteros y el desfile fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación por el Ministerio de Cultura, gracias a hombres y mujeres como Roberto Antonio Hernández, que en su juventud aprovechó el cupo que tuvieron que rifar porque un silletero se emborrachó y dejó tirada la silleta, o Luz Estela Hincapié, que participó en el primer desfile de la feria en 1957 acompañando a su esposo. Él tenía el contrato para desfilar, hasta que en 1961 perdió la cédula y le cedieron el contrato a ella para no perder el cupo y desfilar con su silleta llena de novios, anturios, chanclitas, cortejos, siemprevivas y hortensias que sembraba o intercambiaba con sus vecinos.

Adultos mayores como ellos, María Ligia Hernández y Hermilda de Jesús Flórez forman parte del grupo de silleteros pioneros que ya no desfila a pie, sino en carruajes adornados con flores desde los que pueden seguir disfrutando de la tradición, como merecen. Los hijos y nietos que han aprendido de ellos recorren el tramo completo de más de dos kilómetros y medio con silletas de entre 80 y 120 kilos a lomo, aunque no todas las silletas son de las mismas proporciones ni participan en una misma categoría.

Todos se visten con los trajes sencillos de la región. Las mujeres llevan blusa blanca, pañoleta, falda negra adornada con flores, delantal, chalina y alpargatas. Los hombres van con camisa blanca, pantalón negro y paruma o tapapinche, una suerte de delantal corto que se usaba para tapar las partes nobles del silletero, que por no poder detenerse en su camino a orinar llevaba la bragueta abierta. A esto le suman sombrero, ruana negra, alpargatas, machete y carriel.

Son más de 200 los eventos programados (80 por ciento de ellos de entrada libre), entre conciertos, desfiles y casetas, a los que se han sumado otros tan particulares como Florecer, la muestra de orquídeas que tiene lugar en el Jardín Botánico de Medellín y que está a cargo de la Sociedad Colombiana de Orquideología; el Parque Cultural Nocturno de la Plaza Gardel, en el que cantarán artistas como Jorge Celedón, Piso 21, Elder Dayán y Francy (además de otros 4.000 artistas que se presentan en la veintena de tablados populares que se montan en distintas partes de la región); el Festival Nacional de la Trova Ciudad Medellín, en donde se dan cita los ingeniosos compositores de coplas paisas, y más.

Flores de exportación

Según Laura Valdivieso, directora de Asocolflores, Antioquia concentra el 28 por ciento del área sembrada en flores de exportación, con más de 3.170 hectáreas cultivadas, y junto con Cundinamarca reúne el 98 por ciento de la producción nacional de flores de exportación. “Pero la importancia de Antioquia trasciende las cifras de producción, porque la floricultura hace parte de la identidad económica y social del departamento. Genera alrededor de 54.000 empleos, cerca de 30.000 de ellos directos, en su mayoría en zonas rurales, es una de las principales fuentes de empleo formal del oriente antioqueño”, explicó.

Actualmente, agregó Valdivieso, “cerca del 60 por ciento del área cultivada en el departamento corresponde a hortensias, mientras que el 28 por ciento está sembrado en crisantemos, especies altamente demandadas en mercados como Estados Unidos, Canadá y Europa”. Las flores frescas cortadas continúan siendo el segundo producto de exportación colombiano no minero-energético. “Lo que ha cambiado es que hoy los consumidores quieren conocer la historia que hay detrás de cada flor: cómo fue cultivada, cuál es su impacto ambiental y social, y si proviene de una producción responsable. Pero la demanda internacional crece y crece”, aseguró la directora.

En solo diez años, el sector ha crecido cerca de un 83 por ciento en valor, de 1.300 a 2.400 millones de dólares, y un 45 por ciento en volumen, de 235.000 a 340.000 toneladas.

Hoy los grandes compradores internacionales exigen trazabilidad, buenas prácticas laborales, uso eficiente del agua, reducción de agroquímicos y certificaciones de sostenibilidad. Ya no basta con ofrecer una flor de excelente calidad, también debe existir una historia de producción responsable detrás de ella. “Antioquia ha sido pionera de esa transformación. Hoy cerca del 70 por ciento del área cultivada cuenta con certificación Florverde Sustainable Flowers, un estándar de sostenibilidad creado por Asocolflores hace casi 30 años y hoy reconocido internacionalmente por buenas prácticas ambientales”, precisó Valdivieso.

Antioquia exporta flores cultivadas en otros departamentos, además de las propias. El año pasado exportó aproximadamente 89.000 toneladas de flores, por un valor superior a 423 millones de dólares. “Sus exportaciones representaron un crecimiento del 15 por ciento en valor y del 13 por ciento en volumen frente al año anterior. Antioquia ya participa con cerca del 18 por ciento del valor y el 26 por ciento del volumen de las exportaciones nacionales de flores y durante fechas de alto consumo, como el Día de la Madre, su importancia es aún más evidente”, aseveró.

Hace poco más de tres meses sucedió la primera exportación marítima de 130.000 tallos de flores El Capiro desde Puerto Antioquia hacia Londres, un hito que optimizó y redefinió la logística, pues, al estar ubicado mucho más cerca de los centros de cultivo en comparación con otros puertos tradicionales, la terminal permitió una reducción de costos logísticos de hasta el 30 por ciento. Como las flores son un producto altamente perecedero, el transporte aéreo sigue siendo el principal, pero el marítimo ha ganado espacio para especies y mercados donde es técnicamente viable, como los de Antioquia.

Hace poco más de tres meses fue la primera exportación marítima de 130.000 tallos de flores El Capiro desde Puerto Antioquia hacia Londres. Foto: Getty Images

Los antioqueños han desarrollado una enorme capacidad para adaptarse a las tendencias internacionales”, comentó Valdivieso. “Trabajan con variedades exclusivas, desarrollos genéticos permanentes, altos estándares de calidad y procesos muy tecnificados que permiten ofrecer flores con excelente vida en florero y una logística muy eficiente”.

Muchas compañías llevan décadas en los mismos municipios, generando empleo formal, fortaleciendo procesos educativos, ambientales y sociales, y construyendo relaciones de largo plazo con las familias. La feria es la muestra viva de ello y una vitrina perfecta para dar cuenta del profundo vínculo que el paisa tiene con las flores.

Para Asocolflores representa una oportunidad de fortalecer el posicionamiento internacional de la floricultura colombiana, aprovechando la presencia de turistas, periodistas y líderes de opinión que visitan Medellín durante esta temporada. “Este año esperamos donar alrededor de 700.000 tallos de flores, destinados a diferentes actividades de ciudad y de región, como el Trueque de Flores, en el que los silleteros intercambian flores, pero también conocimientos, saberes y tradiciones”, concluyó la directora.

La sociedad de las orquídeas

Desde hace 18 años, los gomosos de las orquídeas, que solían reunirse en marzo para hacer una Exposición Nacional de Orquídeas desde hace tres décadas, decidieron crear un evento en el marco de la Feria de las Flores que se llama Florecer. Su propósito es intercambiar conocimiento sobre orquideología y exponer más de 3.000 ejemplares de orquídeas.

Juan Carlos Sanín, director de la Sociedad Colombiana de Orquideología y organizador del evento, dijo que es la parte “ñoña” de la Feria de las Flores: “Somos un poco de nerds enamorados. En otros eventos de la feria hay rumba, pero en Florecer por mucho hay una cervecita o un café después de ver las orquídeas”.

Tienen una pequeña feria artesanal muy bien curada, pero el plato fuerte son las plantas de orquídeas florecidas. “Nosotros los paisas somos todos muy materos. Vos ves un balcón y siempre hay helechos o matas colgadas, entonces el evento tiene un público general que simplemente disfruta de todas las orquídeas por igual y puede que no diferencie una de la otra, pero nosotros, los bobos de las orquídeas, somos ya la tapa de materos”.

Como la floración de estas plantas es tan esporádica –casi que un milagro anual para muchas de ellas–, la belleza de Florecer consiste en hacer coincidir todos esos milagros en un solo lugar. Ver florecida una orquídea es para ellos lo que para un astrónomo es ver nacer o morir una estrella.

“Una orquídea puede tardar en florecer cinco o seis años desde que la sembramos. ¡Imagínate la paciencia y luego la emoción que se siente! Los orquideólogos de otras latitudes se enloquecen acá, porque con los pisos térmicos y la falta de estaciones, la variedad simultánea que nosotros tenemos es inaudita para ellos”, contó el experto.

La Sociedad de Orquideología tiene una reserva de 500 hectáreas de bosque nativo con más de 180 especies de orquídeas y 240 aves identificadas en el municipio de Jardín, a dos horas de Medellín. “Es un corredor en la cordillera Oriental que sube muy alto y luego desciende hacia el Chocó. Por donde tú mires hay una orquídea, así sea microscópica, y aves, las que quieras, además de guaguas, ciervos, ocelotes, tigrillos. Como los orquideólogos hemos sido vistos como extractivistas porque sacamos las orquídeas de los árboles y las llevamos a invernaderos o cultivos, quisimos retribuir a la naturaleza con el cuidado de esta reserva, aunque también es cierto que muchas orquídeas habrían desaparecido con la deforestación de los bosques en los que crecían naturalmente si nosotros no las hubiéramos extraído para preservarlas”, agregó.

Entre los miembros de esta y otras asociaciones del país está Daniel Piedrahíta, con su santuario Alma del Bosque, en La Ceja, que rescata orquídeas en peligro de extinción. La National Geographic lo incluyó en su famosa lista de los 33 y comparó su trabajo con la construcción de un arca de Noé vegetal, que es a lo que casi todos los orquideólogos consagran su vida y su dinero.

Es que en Colombia se han registrado por lo menos 50 especies nuevas de orquídeas en la última década gracias a personajes como él, por no hablar de los híbridos que a veces logra alguno de nosotros. De los más dedicados en Antioquia están Francisco Villegas, de Orquifollajes o María Victoria y Olga Lucía Arango, pero lo bonito de Florecer es que congrega a un montón de gente a la que no le importa lucrarse y que incluso invierte de su bolsillo para llevar sus rarezas a concursar, porque esto es más una pasión que cualquier otra cosa”, comentó Sanín.

Todos estos botánicos se la pasan el año entero cultivando distintos especímenes para traer los que florecen o están a punto de florecer en esos días a concursar, aunque algunos también tienen negocios familiares aparte.