“Cuando presentó el proyecto, dije: ‘Va a hacerlo’. Creí en él por su ímpetu”. Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, confió en la determinación del alcalde de Barranquilla, Alex Char, cuando se comprometió a transformar el estadio Metropolitano Roberto Meléndez en uno de los mejores del continente en menos de un año. Era un sueño ambicioso, pero las palabras del dirigente barranquillero fueron convincentes para el consejo de la Conmebol. Esa confianza se tradujo, a finales de 2025, en la asignación de este recinto como sede de la final de la Copa Sudamericana 2026, y desde entonces no ha dejado de ser refrendada en una carrera contra el tiempo.
“Qué orgullo para mí, Barranquilla, Colombia y Sudamérica encontrar un estadio que sea un ejemplo, no solo para nuestro continente sino para el mundo”, dijo Domínguez en agosto pasado, cuando encontró una obra que avanzaba sin pausa con 1.200 obreros dentro del escenario y otros 100 por fuera, todos empeñados en modernizar la casa del Junior desde 1986 y de la Selección Colombia en ocho eliminatorias mundialistas.
“Como alcalde me siento muy feliz de entregarle esto a Barranquilla, pero también al fútbol colombiano porque aquí jugarán las nuevas figuras del país”, afirmó Char sobre el ‘Supermetro’, el nuevo nombre del recinto tras su remodelación.
Hoy, luego de nueve meses intensos de obra, solo faltan mínimos detalles para dejar en perfecto estado la sede de la final entre Boca Junior y Atlético Mineiro, el próximo 21 de noviembre, y para hacer realidad el sueño de llevar a la capital del Atlántico hacia otra dimensión del fútbol internacional. “Le hemos demostrado al mundo que podemos hacer un estadio de talla internacional, en el que los futbolistas se pueden sentir jugando en Manchester o en Madrid”, recalcó Char.
El salto de calidad se ve en las cifras. Con una inversión superior a los 45 millones de dólares y obras iniciadas en enero de 2026, el recinto pasará de recibir 43.000 espectadores a albergar 65.000 personas en partidos de fútbol y hasta 75.000 en eventos masivos. La tecnología también tendrá su propio espectáculo: más de 74.000 luces LED, una franja de 500 metros para proyectar publicidad e información, y pantallas 4K harán parte de la nueva puesta en escena, al igual que tableros de 18 metros de ancho por 6,5 metros de alto.
Los estímulos visuales se empezarán a ver desde la avenida Murillo. En el costado oriental, una pantalla exterior de 36 metros de ancho por 13 metros de alto evocará la apariencia de estadios europeos como el Allianz Arena de Múnich. Así lo explicó el alcalde de Barranquilla: “La fachada cobrará vida y nos permitirá proyectar de manera computarizada colores, imágenes, figuras y mensajes especiales”.
La renovación
Cada detalle tuvo en cuenta la comodidad. Los periodistas, por ejemplo, contarán con una sala de prensa con capacidad para 170 personas, y se beneficiarán de las cabinas insonorizadas para realizar traducciones simultáneas. Los aficionados también disfrutarán de mejoras: los accesos aumentarán de cuatro a 14, los sanitarios pasarán de 300 a 900 y las butacas serán más ergonómicas y, en algunos sectores, retráctiles.
Pero hay una transformación que promete cambiar la relación entre el público y el fútbol: la construcción de más gradas sobre la pista atlética y el descenso del terreno de juego unos cuatro metros. La intervención, parecida a la que vivió el Monumental de River Plate en Buenos Aires, redujo la distancia entre los aficionados y el campo de 27 a… ¡siete metros! Quizá ahora sea posible oír desde las tribunas bajas las indicaciones de Luis Díaz antes de cobrar un tiro de esquina durante un partido de la Selección Colombia por las eliminatorias.
Para unos cuantos aficionados la experiencia con los jugadores promete ser incluso más cercana. Algunos espacios VIP permitirán observar a los futbolistas a través de un vidrio cuando transiten entre el camerino y la pista, una propuesta que evoca el Tunnel Club del nuevo Estadio Azteca, en Ciudad de México. “Es un valor agregado que ahora están exigiendo los estadios mundialistas”, añadió el alcalde.
Pero no solo aficionados y periodistas tendrán una mejor experiencia. El proyecto tuvo como prioridad a los principales protagonistas: los y las futbolistas. Por eso, los camerinos estarán a la altura del cambio. Serán cuatro, dos de ellos exclusivos para la selección y el Junior. Contarán con aire acondicionado, jacuzzi, duchas, lavamanos, zona para masajes y un área de calentamiento con césped artificial.
Además, la cancha combinará pasto natural con fibras sintéticas. “La grama se siente compacta. Brinda más estabilidad y evita los resbalones. Es un tapetico”, aseguró Luis Muriel, actual delantero del Junior, al hacer el reconocimiento del terreno de juego. Teófilo Gutiérrez, parte del equipo tiburón y pieza clave de la selección la década pasada, quedó impresionado con la transformación del escenario: “Es un estadio espectacular, a otro nivel. Al estilo europeo”, aseguró.
Barranquilla, en el corazón
Por supuesto los barranquilleros, aficionados o no al fútbol, serán otros de los grandes beneficiarios. La remodelación ayudará a que el estadio acoja más eventos, como conciertos, y más partidos de interés mundial, lo que favorecerá desde vendedores de la zona en el barrio La Ciudadela hasta la industria hotelera, que cuenta con casi 300 establecimientos en la ciudad. “Esta obra va a traer mucha prosperidad para nuestra ciudad”, apuntó Char. Sin ir más lejos, Cotelco Atlántico proyecta un impacto económico superior a los 60 millones de dólares por la final de la Sudamericana.
El próximo 21 de noviembre marcará una fecha clave en el florecimiento de la región. Y todo indica que Barranquilla estará a la altura del desafío. Eso pensó Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol: “Conociendo al alcalde y su liderazgo no será ninguna sorpresa que esta sea la mejor versión de una Copa Sudamericana”.
Y no se trata de una expectativa aislada dentro de la Conmebol. Ícaro Noguera, gerente de Operaciones de la entidad, también expresó su confianza durante una visita técnica en agosto: “Creo que Barranquilla va a albergar la mejor final de la Sudamericana en la historia”.
La preparación, sin embargo, no se limita al terreno de juego. Por algo el Aeropuerto Internacional Ernesto Cortissoz también está renovando sus espacios y servicios. “Trabajamos a toda máquina en su transformación: diez puestos de migración, ocho de Biomig, espacios más amplios, mejor climatización, nuevos comercios y una sala de espera para 680 pasajeros”, explicó el alcalde. La idea es que el primer contacto con la ciudad haga juego con la transformación del ‘Coloso de La Ciudadela’. “Queremos que el mundo encuentre un aeropuerto renovado, a la altura de la Barranquilla que estamos construyendo”, concluyó el mandatario.
La final de la Sudamericana ofrecerá a la capital del Atlántico la oportunidad de mostrar mucho más que un estadio remodelado. Será el momento de presentar una ciudad modernizada. Y la principal cara de esa Barranquilla de los sueños será el Supermetro, un estadio de Champions League instalado en el calor de la querida Puerta de Oro de Colombia.
*Contenido elaborado con el apoyo de la Alcaldía de Barranquilla.