Cuando Carlos Utria suba al ring en Las Vegas no solo estará disputando una pelea más en su carrera. También cargará con una ilusión que hace años no aparecía en el boxeo colombiano: la de volver a tener un púgil capaz de ser campeón tras años de sequía para un deporte que le ha dado tanta gloria a Colombia.
El bolivarense, campeón del Grand Prix del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), llega a ese momento después de una carrera que no ha tenido atajos. Detrás del invicto y de los nocauts hay una historia que comenzó cuando apenas tenía 12 años y un entrenador decidió que aquel niño, un poco pasado de peso, no tenía futuro en el boxeo. “Decía que yo era de esos niños que iban por capricho y que a la semana se retiraban”, recuerda Utria.
El padre que dejó todo por su hijo
Días después de aquella decepción apareció un entrenador venezolano llamado Mizledi que estaba formando un nuevo club en Soplaviento, Bolívar, de donde él es oriundo. Allí Utria dio sus primeros pasos sobre un ring y descubrió que el boxeo era mucho más que la afición que le tenía a las películas de boxeo, especialmente las de la zaga ‘Rocky’.
Su talento empezó a hacerse evidente, pero quien terminó cambiando de vida no fue él. Su padre, Lenin Utria, era contador público, docente y trabajaba en el SENA. Sin experiencia en el boxeo, tomó una decisión que marcaría el rumbo de la familia: renunciar a su profesión para aprender de ese deporte y convertirse en el entrenador de su hijo.
“Mi papá dejó el trabajo, dejó todo y se metió conmigo. Ahí fuimos aprendiendo los dos”, cuenta el boxeador. Hoy, años después, Lenin sigue siendo el encargado de cada detalle, entrenamiento y decisión entre rounds.
La puerta que nunca se abrió
En el boxeo aficionado parecía destinado a convertirse en uno de los grandes nombres de la nueva generación. Fue campeón panamericano juvenil y esperaba que ese logro le abriera las puertas de la selección Colombia de mayores. Pero no fue así.
Mientras otros boxeadores viajaban a competencias internacionales, él sentía que su papel era únicamente ayudar a preparar a quienes ya ocupaban esos lugares. “Yo dije: aquí no hay códigos”, recuerda con frustración. Ese desencanto terminó empujándolo a dar el salto al profesionalismo mucho antes de lo habitual. Fue una apuesta arriesgada, pero terminó siendo la mejor decisión de su carrera.
En poco tiempo empezó a construir un invicto que llamó la atención del promotor Alberto Agámez, un veterano que conoce como pocos los entresijos del boxeo en nuestro país y que trabajó durante mucho tiempo con el más renombrado promotor nacional: William “Billy” Chams. Más adelante recibió la oportunidad de competir en el Grand Prix del Consejo Mundial de Boxeo en Riad, capital de Arabia Saudí, el torneo que reúne a algunos de los mejores prospectos del planeta. Aquí derrotó a rivales invictos, levantó el trofeo y confirmó que estaba listo para dar el siguiente paso.
“Hay que creérsela”
Más allá de la falta de apoyo, Utria cree que el principal problema del boxeo colombiano no es la falta de talento. Es la mentalidad.
Para él, muchos púgiles todavía suben al ring sintiéndose inferiores cuando enfrentan a boxeadores de países con mayor tradición o con mejores condiciones económicas: “El boxeador colombiano tiene que dejar un poco la humildad arriba del ring y empezar a creérsela”, afirma con seguridad.
Y para explicar esa idea recuerda una frase que alguna vez le escuchó decir a Jhon Orobio, quien se encuentra radicado en Canadá y, con récord invicto, es otro de los llamados a devolverle las noches de gloria a nuestro boxeo: “Como dijo mi amigo Orobio, ellos vienen de comer bien y nosotros venimos de comer mierda, de pasar trabajo. Entonces tenemos que ir con más ganas que los otros. No hay que ser tan humildes ni agachar la cabeza frente a los demás; hay que ir por todo”.
México, Canelo y Las Vegas
Después de conquistar el Grand Prix, Utria decidió viajar a México para preparar el siguiente paso de su carrera.
Aquí compartió entrenamientos con el excampeón mundial José ‘Camarón’ Zepeda, hizo sesiones de sparring con varios boxeadores de alto nivel y terminó convencido de que pertenece a ese grupo. “Yo pensé que ese man me iba a matar”, dice entre risas al recordar los primeros asaltos con Zepeda. Con el paso de las semanas entendió que podía competir de igual a igual y que esa preparación le dio la confianza necesaria para afrontar el reto más importante de su carrera.
Durante ese mismo torneo recibió otro impulso inesperado.Saúl ‘Canelo’ Álvarez, el ídolo al que siempre admiró desde niño, le envió un mensaje de apoyo justo después de su primer triunfo en Arabia Saudí. “Eso me dio un plus, más motivación y ganas de seguir entrenando”, recuerda.
Ahora el escenario será Las Vegas, la meca del boxeo mundial, donde el sábado 22 de agosto peleará en la arena T-Mobile, frente al estadounidense Israel Mercado, en una de las grandes carteleras del año, que será encabezada por el enfrentamiento entre Teófimo López y Rolando “Rolly” Romero.
Y, aunque reconoce la magnitud del momento, asegura que no siente presión. “Confío mucho en Dios. Solo quiero que cuando llegue la oportunidad me encuentre preparado”.
Una ilusión para Colombia
Mientras prepara ese combate, Utria también vive uno de los momentos más importantes de su vida personal: espera el nacimiento de su primer hijo. La noticia, dice, le dio todavía más motivos para entrenar y seguir persiguiendo el sueño de convertirse en campeón del mundo.
Hace años que Colombia no encuentra un boxeador capaz de despertar la ilusión de toda una generación. El país que celebró a Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’, Miguel ‘Happy’ Lora o Rodrigo Valdez lleva más de cinco años sin un campeón mundial, desde que Óscar Rivas se consagró como el primer campeón del peso bridger del CMB.
Carlos Utria sabe que todavía falta mucho camino. En este momento solo quiere seguir demostrando su valor. “¿Sacrificios? Yo no he hecho sacrificios por el boxeo, porque yo disfruto el boxeo, no lo hago porque me toque, sino porque es lo que escogí para vivir, y lo demuestro todos los días con trabajo y disciplina. Nadie se puede meter a un deporte tan duro sin sentir por lo menos, un poco de placer”, enfatiza.