Katerine Castrillón todavía se emociona cuando recuerda el momento en que abrió por primera vez la puerta del apartamento que llevaba años imaginando. No era solo un inmueble, sino el final de muchas renuncias: los antojos que decidió no comprar, los gastos cotidianos que transformó en cuotas y el miedo permanente de que el dinero no le alcanzara para cumplir su sueño más grande.
Madre cabeza de hogar, contadora independiente y residente de un barrio popular de Medellín, durante años compartió vivienda con su madre, sus hermanos y su hija. Cuando recibió las llaves de su nuevo apartamento, en Bello, sintió que por fin podía ofrecerle a su hija algo más que un techo: la posibilidad de comenzar una vida distinta.
“Sentí orgullo, demasiada emoción. Fue una mezcla de alivio y de victoria. Me costó mucho sacrificio conseguir mi casa propia. Yo quería salir del barrio con mi hija, darle otra calidad de vida, construir el primer peldaño de nuestro futuro”, contó Katerine.
Aunque todavía no se ha mudado, pues el apartamento está con los últimos arreglos, recuerda con emoción aquel instante en el que escuchó su nombre durante la entrega oficial: “Me acordé de todas las noches en las que pensé en renunciar”.
Su historia resume el problema que la Gobernación de Antioquia asegura haber intentado resolver durante estos dos años y medio de gestión: el creciente número de familias que abandonaban el proceso de compra de vivienda porque, aun teniendo capacidad para pagar una cuota mensual, nunca lograban reunir el dinero necesario para completar el valor del inmueble.
Ese vacío se hizo más evidente tras la desaparición del programa nacional Mi Casa Ya. Para Rodrigo Hernández Álzate, exgerente de la Empresa de Vivienda de Antioquia (VIVA), el departamento comenzó a registrar un aumento sostenido en los desistimientos, impulsado por el incremento en las tasas de interés y la pérdida del principal subsidio que ayudaba a cerrar la financiación de las viviendas de interés social y prioritario.
Cumplir el sueño
La respuesta fue crear Mi Casa Antioquia Ya, el primer subsidio departamental de vivienda de este tipo en el país. Con una inversión superior a 82.000 millones de pesos, el programa ha habilitado a 3.484 familias para recibir apoyos equivalentes hasta del 10 por ciento del valor de una Vivienda de Interés Social (VIS) y hasta del 20 por ciento de una Vivienda de Interés Prioritario (VIP); recursos destinados a cubrir el llamado cierre financiero, la diferencia entre el crédito que aprueba un banco y el costo total de la vivienda.
“Una familia que gana uno o dos salarios mínimos difícilmente obtiene un préstamo por el valor completo del inmueble. El subsidio es el recurso que permite completar ese monto. Sin él, muchas familias simplemente no alcanzan a comprar”, explicó Hernández.
Katerine conoció el programa por las redes sociales y luego recibió orientación en la constructora donde había iniciado el proceso de compra. Ahí le explicaron que la convocatoria estaba dirigida a hogares que no habían logrado cerrar financieramente la adquisición de su vivienda. Ella cumplía los requisitos: no tenía casa propia, no había recibido subsidios anteriormente y sus ingresos estaban dentro de los límites establecidos.
Aun así, obtener el subsidio no eliminó el esfuerzo personal. Durante meses reorganizó por completo sus finanzas: “Primero era la cuota. Muchas veces prefería no comprarme una hamburguesa porque esa plata iba para el apartamento. Esa fue mi realidad. Pero del sacrificio también nacen las victorias”, aseguró.
Apuesta integral
El subsidio, sin embargo, es apenas una pieza de una estrategia más amplia. Según cifras oficiales, el departamento ejecuta actualmente inversiones cercanas a un billón de pesos y avanza en 57.988 soluciones habitacionales, entre ellas 12.445 viviendas nuevas, 41.544 mejoramientos de vivienda y 3.999 procesos de titulación, legalización y exoneración. La administración reporta, además, un avance del 40 por ciento de las metas del Plan de Desarrollo y una reducción del 9,51 por ciento en el déficit habitacional.
Por eso, explicó Hernández, VIVA modificó su forma de operar. Durante años la entidad respondía a las solicitudes que presentaban los municipios, pero ahora utiliza información de su Observatorio de Vivienda para identificar dónde se concentran las mayores necesidades y ofrecer soluciones de manera anticipada. “Pasamos de atender la demanda a generar oferta. Hoy las decisiones parten de los datos sobre el déficit habitacional de cada subregión”, completó Hernández.
Ese cambio también dio origen al modelo LUAS —Lote, Urbanismo, Ahorro y Subsidio—, mediante el cual los municipios aportan los terrenos mientras el departamento financia obras de urbanismo para desarrollar proyectos VIP. Actualmente se ejecutan cerca de 5.000 viviendas bajo ese esquema en 29 municipios.
Otra de las apuestas ha sido VIVA Mi Casa Mejorada para Ellas, un programa que interviene las viviendas de 23.266 mujeres rurales en condición de pobreza extrema y moderada mediante mejoras estructurales, acceso a agua potable, saneamiento básico y adecuaciones que buscan reducir el déficit cualitativo de vivienda.
Aunque Mi Casa Antioquia Ya concentra buena parte de la atención, Hernández reconoce que todavía es temprano para medir su impacto definitivo. El programa apenas comenzó a operar tras su aprobación en diciembre de 2025 y, hasta ahora, ha realizado dos convocatorias. La evaluación llegará cuando las familias ocupen sus viviendas y pueda medirse si efectivamente disminuye el número de personas que abandonan el proceso de compra.
Mientras tanto, los datos permiten identificar algunas tendencias. Por ejemplo, el 56 por ciento de los subsidios asignados ha beneficiado a mujeres y buena parte de los hogares corresponde a madres cabeza de familia o parejas jóvenes menores de 34 años. La mayor demanda se concentra en el Valle de Aburrá y el Oriente antioqueño, aunque el programa también ha llegado a regiones con altos niveles de déficit como Urabá y el Bajo Cauca.
Para Hernández uno de los resultados más relevantes es que el subsidio llegue a los territorios donde el déficit habitacional es más crítico. Y destaca el caso de Urabá, la subregión con el mayor déficit de vivienda en Antioquia, donde cerca de 62.000 familias requieren una vivienda nueva y otras 38.000 necesitan mejoramientos. Aquí, aseguró Hernández, más de 300 hogares ya han sido habilitados para recibir el subsidio de Mi Casa Antioquia Ya.
Los retos
Pese a los avances, los obstáculos persisten. El acceso al crédito hipotecario continúa siendo una de las principales barreras para los hogares con menores ingresos y el aumento proyectado de las tasas de interés vuelve más difícil la compra de vivienda. A ello se suma la ausencia de un subsidio nacional que complemente los apoyos territoriales. Para enfrentar parte de ese problema, la Gobernación comenzó a financiar ahorros programados en el Fondo Nacional del Ahorro con el propósito de facilitar el acceso al crédito.
Ese es, justamente, uno de los principales retos que Hernández deja planteados al cerrar su gestión al frente de VIVA. Considera que el esfuerzo de los departamentos y municipios resulta insuficiente si no vuelve a existir un apoyo nacional para las familias de menores ingresos.
“Le pido al nuevo Gobierno de Abelardo de la Espriella que vuelva a mirar a Antioquia con ojos de esperanza. Ojalá se restablezcan los subsidios nacionales para los proyectos VIP. Si logramos articular los subsidios nacionales con los departamentales y municipales, muchas más familias podrán completar su cierre financiero y acceder a una vivienda propia”, concluyó el exgerente.
*Contenido elaborado con el apoyo de VIVA Antioquia.