Sostener una identidad educativa en medio de transformaciones culturales, tecnológicas y familiares es una apuesta que pocos colegios logran mantener en el tiempo, pero en 70 años de vida académica, el Colegio Bilingüe Lacordaire ha logrado mantenerse fiel a un modelo formativo flexible y participativo, basado en valores.

Uno de los giros más determinantes en esa trayectoria ocurrió cuando la institución decidió incorporar el bilingüismo como eje estructural. “Como cultura y forma de ser del colegio, cambió profundamente a la institución, porque equilibró las actividades y consolidó una dinámica de docentes que ha creado un ambiente cosmopolita, hoy reconocido y valorado”, explicó el rector fray Carlos Mario Alzate Montes, fraile Dominico.

Ese tránsito redefinió la oferta académica y la manera en que el colegio dialoga con su entorno, pues la temprana conexión de Cali con escenarios internacionales encontró una expresión concreta, capaz de proyectar a sus estudiantes hacia contextos globales sin desvincularlos de sus raíces culturales.

Esta apuesta se refleja en su modelo educativo, que ha mantenido el énfasis en formar estudiantes con criterio. La propuesta, de raíz humanista y católica, busca articular saberes con la realidad cotidiana y fomentar la deliberación como práctica formativa.

Vigencia académica en un entorno cambiante

El rasgo que mejor sintetiza estas siete décadas no se mide en cifras ni en reconocimientos. Se expresa en la capacidad de sostener una exigencia académica constante en un entorno donde otras propuestas han priorizado dimensiones distintas de la formación.

“Nos hemos mantenido como un colegio clásico que sabe afrontar el futuro mejorando su planta física, pero sobre todo recreando su oferta académica”, señaló el rector.

No obstante, el contexto actual introduce desafíos que obligan a revisar permanentemente esa ecuación, pues las transformaciones en las dinámicas familiares, la movilidad de los estudiantes y la diversificación de intereses tensionan los modelos escolares tradicionales. A todo esto, se suman dos realidades cada vez más visibles. La primera, la presencia de estudiantes con necesidades emocionales y psicológicas que demandan acompañamientos más complejos. La segunda, la irrupción de la tecnología en la cotidianidad, a lo que el colegio ha respondido con una incorporación gradual de estas herramientas, con límites definidos, porque mientras se restringe el uso del celular en clase para evitar la dispersión, se han fortalecido las salas de cómputo y los recursos digitales que respaldan el trabajo docente.

El colegio suma siete décadas construyendo sociedad y siendo una institución de alto reconocimiento, que brinda garantías y contribuye a formar los líderes internacionales del mañana. “El nuestro es un colegio con una exigencia humana y dialogal, orientada a formar hombres y mujeres de principios sólidos, con capacidad para aprender, compartir y construir relaciones basadas en la solidaridad, el respeto y la confianza, como la gran familia que somos”, concluyó el padre rector.

*Contenido elaborado con apoyo del Colegio Bilingüe Lacordaire