Mientras en el Valle de Aburrá pueden registrarse lluvias fuertes, a miles de kilómetros, en el océano Pacífico tropical, las aguas se calientan y el Fenómeno de El Niño empieza a fortalecerse. Ambas situaciones pueden ocurrir al mismo tiempo; sin embargo, el avance de El Niño no significa que en Medellín vaya a dejar de llover. Lo que sí puede ocurrir es una modificación en las condiciones que determinan cuándo, cuánto y cómo llueve en la ciudad.

El IDEAM confirmó el 10 de septiembre que El Niño continúa fortaleciéndose y que ya completa cuatro trimestres móviles con condiciones presentes tanto en el océano como en la atmósfera. La probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y el primero de 2027 supera el 90 %, mientras que la posibilidad de que sea el más intenso de los últimos 76 años es del 75 %. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) coincide en la tendencia y estima en casi el ciento por ciento la probabilidad de que persista hasta febrero de 2027.

¿Qué impacto podría tener este fenómeno para el Valle de Aburrá? Desde el Área Metropolitana explicaron que “más que anticipar un escenario de ausencia de lluvias e incremento de temperaturas, el reto está en comprender cómo un fenómeno global puede modificar las condiciones del territorio y qué podemos hacer para reducir nuestra vulnerabilidad”.

El Niño forma parte del ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), un fenómeno natural que aparece aproximadamente cada dos a siete años y que tiene tres fases: una cálida, conocida como El Niño; una fría, llamada La Niña, y una condición neutral. En la fase cálida se produce un calentamiento inusual de las aguas superficiales del Pacífico tropical central y oriental, acompañado por cambios en la circulación de la atmósfera.

“Hablar del Fenómeno El Niño no significa hablar simplemente de un aumento de la temperatura del océano”, señalaron desde el Área Metropolitana. Cuando cambia de manera significativa la temperatura del Pacífico también pueden cambiar los vientos, la formación de nubes y el transporte de humedad. Océano y atmósfera funcionan como un sistema conectado, aunque cada uno tiene sus propios tiempos y dinámicas.

El Niño forma parte del ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), un fenómeno natural que aparece aproximadamente cada dos a siete años. Foto: Área Metropolitana del Valle de Aburrá - API

Esa conexión permite que un fenómeno que ocurre en el Pacífico tenga efectos sobre territorios muy alejados. Pero no significa que el clima en el Valle de Aburrá quede determinado por una sola variable. La humedad, los vientos, la nubosidad, la circulación atmosférica regional y la estabilidad de la atmósfera también intervienen en las condiciones que se pueden sentir en la región.

De ahí que una mañana lluviosa no desmienta la presencia de El Niño ni una tarde particularmente caliente demuestre que sus efectos ya se están sintiendo en la ciudad. “Esta distinción es fundamental porque permite comprender algo que puede parecer contradictorio: podemos estar atravesando El Niño y, al mismo tiempo, continuar teniendo episodios de lluvias intensas en el Valle de Aburrá”, explicaron desde la entidad.

Las señales son más fuertes

Los datos actuales muestran que el Fenómeno está ganando fuerza. En su actualización de septiembre, la OMM señaló que las temperaturas del Pacífico tropical son excepcionalmente cálidas y que El Niño continuará fortaleciéndose hasta alcanzar una intensidad muy fuerte, probablemente hacia finales de este año.

El informe del Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá (SIATA) del 21 de agosto también encontró condiciones consistentes en el fortalecimiento del Fenómeno, con temperaturas superficiales del Pacífico central y oriental por encima de los promedios de largo plazo y una circulación atmosférica compatible con el El Niño.

Los modelos utilizados por SIATA proyectaban para el trimestre octubre-noviembre-diciembre de 2026 una anomalía de temperatura cercana a 2,8 °C en los modelos estadísticos y de unos 3,4 °C en los modelos dinámicos. Se trata de proyecciones sobre el océano Pacífico y no de una temperatura que vaya a registrarse en Medellín, pero ayudan a dimensionar la magnitud que podría alcanzar el calentamiento.

La evolución del Fenómeno también guarda similitudes con la observada durante El Niño de 1997-1998, uno de los episodios de mayor intensidad registrados. Esa comparación sirve como referencia para los centros de monitoreo, pero no significa que el comportamiento de 2026-2027 vaya a ser idéntico.

La intensidad del Fenómeno global tampoco determina por sí sola la magnitud de sus efectos en cada región. Foto: Área Metropolitana del Valle de Aburrá - API

Para el Valle de Aburrá, la palabra clave sigue siendo ‘probabilidad’. El Niño puede aumentar la posibilidad de determinadas condiciones, pero no permite afirmar que mañana no lloverá, que todos los municipios tendrán el mismo comportamiento o que una temporada será seca. La intensidad del Fenómeno global tampoco determina por sí sola la magnitud de sus efectos en cada región.

La clave: anticiparse

Por eso, el monitoreo resulta importante. SIATA combina redes de sensores, información satelital y modelos de pronóstico para seguir variables meteorológicas e hidrológicas del Valle de Aburrá. Su información permite observar en tiempo real lo que ocurre en el territorio mientras los centros climáticos internacionales siguen la evolución del fenómeno global.

El sistema contrasta información de organismos como la NOAA de Estados Unidos, el International Research Institute for Climate and Society de la Universidad de Columbia, Copernicus, el CIIFEN y el IDEAM. Comparar diferentes fuentes y modelos permite identificar coincidencias, diferencias y niveles de incertidumbre. “Un pronóstico climático no es una predicción determinista del futuro. Es una estimación de probabilidades construida a partir de la mejor información científica disponible”, advirtieron desde el Área Metropolitana.

En el caso actual, los diferentes centros de monitoreo coinciden en que las condiciones de El Niño continúan haciéndose más fuertes. La incertidumbre está principalmente en cómo ese fenómeno global se traducirá, con el paso de los meses, en condiciones concretas sobre cada región.

Y esa diferencia importa. La información climática no sirve únicamente para los científicos: también puede ayudar a decidir cuándo ahorrar agua, cómo protegerse del calor, cuándo extremar las precauciones frente a incendios o por qué es necesario seguir atentos a las alertas de lluvia.

Según el IDEAM, la probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y el primero de 2027 supera el 90 %. Foto: Área Metropolitana del Valle de Aburrá - API

Recomendaciones para estar preparados

Desde el Área Metropolitana advierten que prepararse no significa esperar una sequía, sino reducir desde ahora la vulnerabilidad frente a diferentes escenarios. Estas son algunas medidas que están al alcance de los habitantes del Valle de Aburrá:

1. Usar el agua sin desperdiciarla: reparar fugas, evitar consumos innecesarios y utilizar únicamente el agua necesaria ayuda a reducir la presión sobre el recurso si las condiciones secas se prolongan.

2. Protegerse frente al calor: mantener una adecuada hidratación y reducir la exposición prolongada al sol. Niños, adultos mayores y personas que trabajan o realizan actividad física al aire libre requieren especial atención durante los períodos de mayor temperatura.

3. Evitar cualquier posibilidad de incendio: no realizar quemas, no arrojar colillas y evitar actividades que puedan generar fuego en zonas de vegetación. El riesgo requiere especial atención cuando aumentan el calor y las condiciones de sequedad.

4. No bajar la guardia frente a las lluvias: El Niño no elimina las precipitaciones. Por eso deben mantenerse las medidas de prevención frente a tormentas, vientos, crecientes y movimientos en masa, incluso durante un fenómeno asociado habitualmente con menores lluvias.

5. Consultar información local y actualizada: los pronósticos permiten conocer la evolución del fenómeno y sus probabilidades, pero no anticipan exactamente qué ocurrirá en cada barrio. Seguir los reportes y alertas de SIATA y de las autoridades permite tomar decisiones con información más cercana al territorio.

*Contenido elaborado con el apoyo del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.