Hace algún tiempo escribí en este mismo espacio sobre una campaña que nació del corazón de muchos santandereanos: Es Tiempo de Compartir. En aquella ocasión hablábamos de la alegría de llegar a las veredas con un detalle de Navidad para nuestros niños, de cómo un gesto sencillo puede sembrar esperanza en los hogares de las veredas de Santander.

Hoy vuelvo a escribir desde otra realidad, distinta pero profundamente ligada al mismo espíritu que nos mueve: la solidaridad.

Porque cuando la naturaleza golpea y deja a familias enteras enfrentando momentos difíciles, lo que más necesitamos como sociedad es recordar que no estamos solos. Así nació una nueva iniciativa que hoy quiero compartir con ustedes: Es Tiempo de la Solidaridad.

Esta campaña surgió con un propósito muy claro: convocar a los santandereanos a unir esfuerzos para acompañar a las comunidades que han resultado afectadas por la ola invernal en nuestro departamento.

Todo comienza con un llamado sencillo: tocar los corazones y la generosidad. Invitar a los ciudadanos, a los empresarios, a los voluntarios y también a los funcionarios de la Gobernación a sumarse a una causa que nos compromete a todos.

Luego viene el trabajo silencioso que muchas veces no se ve, pero que hace posible que la solidaridad se convierta en ayuda concreta. Las donaciones llegan a un punto de acopio, se reciben con gratitud y se trasladan a la Oficina de Gestión del Riesgo del departamento. Allí, con paciencia y dedicación, muchas manos se encargan de organizar cada mercado, clasificar los productos y empacar las ayudas que luego viajarán hacia los municipios afectados.

Es un proceso que requiere tiempo, compromiso y sobre todo corazón. Porque detrás de cada mercado hay un gesto de generosidad de alguien que decidió ayudar.

En esta ocasión tuve la oportunidad de acompañar personalmente la entrega de ayudas en dos municipios que han vivido momentos complejos: Rionegro y Sábana de Torres.

Esta campaña es un proceso que requiere tiempo, compromiso y sobre todo corazón. Foto: Suministrada - API

En su momento, lograron entregarse más de mil mercados. En el centro poblado Papayal, en Rionegro, entregamos 130 mercados a familias que hoy enfrentan las consecuencias de las fuertes lluvias. Estuvimos acompañados por líderes comunitarios como el presidente de la Junta de Acción Comunal y por la Oficina de Gestión del Riesgo municipal, que ha estado al frente de la atención a las comunidades.

Más tarde llegamos al municipio de Sábana de Torres, donde en el coliseo del centro poblado Provincia entregamos otros 100 mercados a familias afectadas.

Confieso que recorrer estos lugares no es fácil. Ver de cerca las dificultades que atraviesan muchas familias, escuchar sus historias y sentir la incertidumbre que viven es un panorama que conmueve profundamente.

Pero también es en esos momentos donde uno comprende con mayor claridad el valor de la presencia institucional y del acompañamiento humano.

Porque más allá de entregar un mercado, lo que realmente importa es escuchar, conocer a las personas, entender su realidad y saber que este primer apoyo es apenas el inicio de un trabajo más amplio para acompañar a estas comunidades.

Siempre he creído que la necesidad del otro debe conmovernos. No podemos permitir que las personas pasen por nuestra vida sin preguntarnos por lo que están viviendo, sin detenernos un momento para ser empáticos con su realidad.

En Santander tenemos algo muy especial: una capacidad enorme de unirnos cuando más se necesita. Lo vimos en esta jornada, que fue posible gracias a la acción unificada entre la Gobernación de Santander, cada uno de sus secretarios y entes descentralizados, la Asociación de Acción Social para Apoyar a Santander-ASPAS, la Secretaría del Interior, la Oficina de Gestión del Riesgo y, por supuesto, al corazón solidario de tantos ciudadanos.

La solidaridad no siempre se expresa en grandes gestos. A veces está en un mercado que llega a tiempo, en una mano que ayuda a organizar una donación, en un funcionario que dedica horas a empacar ayudas o en un voluntario que decide sumarse a una causa.

Cada uno de esos gestos construye algo más grande: una red de apoyo que nos recuerda que somos un departamento que no abandona a su gente.

Hoy quiero invitar a todos los santandereanos y lectores a seguir siendo parte de este tipo de iniciativas y sumarnos de alguna manera para ayudar al prójimo.

Estoy convencida de que Santander tiene un corazón lo suficientemente grande para seguir demostrando, una y otra vez, que la solidaridad es una de nuestras mayores fortalezas.