Hace más de 20 años, antes de convertirse en J Balvin, José Álvaro Osorio Balvin cantaba Éxtasis frente a la entrada de una barbería del barrio Castilla, en Medellín. Llevaba unas gafas oscuras, una pañoleta verde y compartía el micrófono con El Pequeño Juan y Mir. Dec., integrantes de Golpe a Golpe. El público era el de cualquier esquina de barrio: vecinos, amigos y curiosos que se detenían unos minutos antes de seguir su camino. Nadie podía imaginar que aquel joven terminaría convirtiéndose en uno de los artistas latinos más influyentes del planeta.

Ese video todavía sobrevive en internet. Más que una curiosidad para los fanáticos, parece un documento histórico. En tres minutos y siete segundos quedó registrada una ciudad que apenas comenzaba a encontrar su voz en el reguetón, mucho antes de los estadios llenos, las giras mundiales y los millones de reproducciones en plataformas digitales.

Dos décadas después, Medellín es mucho más que el lugar donde nacieron J Balvin, Maluma, Karol G, Feid o Ryan Castro, los grandes de la industria actual. Hoy la ciudad es todo un ecosistema que reúne productores, compositores, estudios de grabación, empresarios y escenarios que la han convertido en uno de los principales centros de producción de música urbana en español. De hecho, según cifras de la Alcaldía, si Medellín fuera un país “ocuparía el cuarto lugar en reproducciones de Spotify gracias al alcance global de sus artistas urbanos”.

Parte de esta historia se entiende a través de las generaciones que han transformado la forma de hacer música, construir audiencias y alcanzar el éxito. “Esa evolución salta mucho a la vista: desde J Balvin yendo a los colegios cuando estaba empezando, hasta los artistas de ahora que apenas comienzan y ya tienen comunidades enormes en redes sociales”, explicó Alejo Cardona, DJ, empresario y uno de los grandes conocedores del desarrollo de la industria musical paisa.

Los primeros referentes construyeron su público recorriendo colegios, universidades y barrios; después aterrizaron en Facebook e Instagram. Durante la pandemia, muchos llegaron a TikTok y hoy los streamers y las transmisiones en vivo también forman parte del lanzamiento de nuevos artistas.

La música ha evolucionado con ellos. Las primeras generaciones crecieron mirando hacia Puerto Rico y tomaron como referencia a figuras como Daddy Yankee o Don Omar. Le cantaban a la fiesta y al romance. Hoy los artistas hablan en sus letras sobre el barrio, la salud mental, las marcas de lujo y la fama, apuntándole a encontrar un sonido propio.

Aunque el reguetón suele contarse como una historia reciente, Medellín ya tenía una larga tradición en la industria musical gracias a sellos como Discos Fuentes, Codiscos y Sonolux. Cuando apareció el fenómeno urbano, la ciudad contaba con estudios, productores y una infraestructura que facilitó su crecimiento.

“Siempre tuvo alma industrial y esa experiencia terminó encontrando un nuevo lenguaje en el reguetón”, resumió Cardona. Este crecimiento se refleja también en la economía actual: la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia registra más de 500 empresas dedicadas a actividades relacionadas con la música en la ciudad.

Un género en evolución

Encabezada por J Balvin, la primera generación abrió el camino cuando todavía no existían fórmulas para alcanzar el éxito. Convenció a una industria que veía el género con desconfianza y a un público que seguía mirando hacia Puerto Rico como el gran referente. La segunda, en la que se destacan otros nombres como el de Karol G, encontró un panorama distinto: aprovechó el recorrido de los pioneros para construir una voz propia y proyectar el sonido de Medellín hacia el mundo.

Ryan Castro representa esa transición. En una entrevista reciente con Vogue Latinoamérica, recordó que antes de llenar escenarios internacionales cantaba en los buses y participaba en batallas de freestyle. Ahí comenzó a construir una propuesta influenciada por el rap, el reggae y el dancehall. “Yo realmente quise ser cantante porque vi las películas de 50 Cent y Eminem. Conectaban con la historia de donde crecí y de donde yo soy”, contó a la revista.

Ryan Castro. Foto: Getty Images

Después de colaborar con figuras como Arcángel, Major Lazer, Shaggy y Peso Pluma, asegura que sigue persiguiendo el mismo objetivo: acercar al público al reggae, al rap y al reguetón de la vieja escuela. Su más reciente álbum, Omerta, junto a J Balvin, simboliza otro rasgo de la escena paisa: el relevo generacional dejó de entenderse como una competencia para convertirse en una colaboración.

Esa lógica quedó retratada en Poblado Remix, una de las canciones que mejor resume la manera en que Medellín ha construido su escena. Este éxito, lanzado en 2021, reunió a J Balvin, Karol G, Nicky Jam, Crissin, Totoy El Frío y Natan & Shander, demostrando que las generaciones se impulsan unas a otras.

J Balvin. Foto: Getty Images

Esto también puede medirse en los escenarios. En 2023, Karol G reunió cerca de 95.000 asistentes en sus dos conciertos de Mañana Será Bonito en el estadio Atanasio Girardot. Un año después, y en el mismo escenario, Feid convocó a 159.000 personas durante las tres fechas de Ferxxocalipsis. Puro talento de exportación.

Sin etiquetas

Después de las experiencias de los pioneros, una nueva generación encontró el reto de diferenciarse en una industria en la que cada vez aparecen decenas de propuestas nuevas. Para Bad Milk, una de las artistas de esta nueva ola, la mayor transformación ocurre en el sonido: “Cada vez las líneas entre géneros son más difusas. Las nuevas generaciones estamos valorando más la mezcla, las diferentes composiciones y el uso de distintos elementos. Aunque el reguetón sigue siendo muy importante, los artistas preferimos que no nos etiqueten”.

La cantante considera que el momento actual ofrece mayores posibilidades para experimentar y construir una identidad artística. “Supimos convertir unas músicas que antes eran marginalizadas en una tendencia nacional e internacional. Les dimos una identidad que el resto del mundo quiso imitar”, anotó.

Y es que el fenómeno no solamente se explica desde quienes aparecen frente al micrófono. Productores y compositores como Sky Rompiendo, Ovy On The Drums, The Rudeboyz, Keityn y SOG participan en los éxitos que hoy sitúan a Medellín en el centro de la creación urbana. Lo que significa que el ecosistema se expandió y empezó a incluir a directores audiovisuales, empresarios y creadores de contenido.

El streamer Westcol, por ejemplo, se convirtió en una plataforma para impulsar canciones y acercar artistas a nuevas audiencias. A esa transformación se suma la discoteca Perro Negro, que recientemente creó su propio sello discográfico.

Otro caso es lo que está ocurriendo con Geezydee, cantante y compositor de música urbana, originario de Medellín y considerado figura clave dentro de la escena del trap colombiano. “Tiene un fandom muy grande en varias partes del país y del mundo. No ha salido a la calle de manera exagerada construyendo público; él lo que ha hecho es sacar música y conectarse con la gente a través de las redes sociales", destacó Cardona.

Tury, criado en el barrio Pedregal y una de las promesas del trap en Colombia, también forma parte de los artistas que crecieron viendo a los músicos de su misma ciudad conquistar escenarios internacionales. “Las personas que influyeron en mí lo hicieron prácticamente como yo lo hago. Tomo las herramientas que ellos utilizaron y trato de apropiarlas para salir adelante”, dijo.

Jhay P, otra de las voces emergentes de Medellín, comparte esa visión. Haber visto triunfar a artistas nacidos en Medellín le dio la certeza de que el sueño también era posible para él. “Me abren la mente, me dan la motivación para creer que yo también puedo hacerlo”, aseguró. Cuando define a su generación utiliza una expresión profundamente paisa: “Puro camellador”. Para él, la autenticidad es el sello de los nuevos artistas urbanos.

Exportar el talento

Alejo Cardona asegura que la mayor fortaleza de Medellín sigue siendo su capacidad para producir talento: “Hemos visto una nueva ola con artistas que exploran sonoridades más cercanas al trap, a lo afro o incluso a ritmos brasileños”. Afirmó que la clave será conectar todo eso con lo que está pasando en otras regiones del país y seguir construyendo desde allí.

Mientras tanto, los canales oficiales de los artistas de Medellín siguen acumulando millones de reproducciones en YouTube, algo que difícilmente pudo imaginar el joven Balvin que cantaba en una barbería en Castilla hace más de 20 años. Y quizá por eso aquel video suyo sigue teniendo tanto significado.

Antes bastaba una esquina para cantar y reunir a un puñado de curiosos. Hoy una canción puede despegar desde una transmisión en vivo. Cambiaron los escenarios, las plataformas y las formas de descubrir artistas, pero la esencia de la música urbana de Medellín, las ganas de triunfar, permanece intacta.