En un país donde históricamente el acceso al agua potable y al saneamiento básico ha sido una deuda persistente, Córdoba está escribiendo una historia distinta. No se trata de promesas ni de anuncios sin ejecución. Se trata de obras, de cifras concretas y de una transformación real que hoy empieza a sentirse en la vida cotidiana de miles de personas.

En el marco de la más reciente rendición pública de cuentas, el gobernador Erasmo Zuleta mostró resultados que no solo llaman la atención, sino que marcan un punto de inflexión. Alcanzar una cobertura de acueducto urbano del 98,67% y un 85% en alcantarillado no es un dato menor: es la evidencia de que cuando hay gestión, planificación y voluntad, los cambios sí ocurren.

Detrás de estas cifras hay inversiones que superan los $220 mil millones y una ejecución que se traduce en infraestructura tangible: más de 396.000 metros de tubería de acueducto instalados y cerca de 44.000 metros de redes de alcantarillado construidas. No son solo números. Son hogares que hoy reciben agua de manera continua, barrios que dejan atrás problemas sanitarios y comunidades que empiezan a vivir con dignidad.

Lo más relevante es que este avance no se concentra en un solo punto del territorio. Por el contrario, responde a una visión integral que ha llevado soluciones a distintas subregiones, incluyendo aquellas que durante años estuvieron rezagadas. Proyectos estratégicos, algunos incluso abandonados en el pasado, hoy han sido recuperados, reactivados y llevados a su fase final, como ocurre con sistemas regionales que beneficiarán a miles de familias.

A esto se suma una ambiciosa cartera de proyectos que supera los $159 mil millones para el periodo reciente, enfocada en ampliar cobertura, mejorar la calidad del servicio y fortalecer la infraestructura hídrica. Desde grandes acueductos regionales hasta optimización de redes urbanas y sistemas de impulsión, el departamento avanza en todos los frentes, entendiendo que el agua no es solo un servicio: es salud pública, es desarrollo económico y es bienestar social.

Javier López Ladeuth, gerente (e) de Aguas de Córdoba. Foto: Suministrada a SEMANA - API

El impacto de estas obras va mucho más allá de lo técnico. El acceso a agua potable reduce enfermedades, mejora las condiciones de vida y abre la puerta a nuevas oportunidades, incluso en sectores como el turismo, donde la calidad de los servicios básicos es determinante. En otras palabras, invertir en agua es invertir en futuro.

Lo que está ocurriendo en Córdoba es, en esencia, una revolución silenciosa. No siempre ocupa titulares nacionales, pero transforma realidades profundas. Es el tipo de cambio estructural que no se logra de la noche a la mañana, pero que, cuando se consolida, marca generaciones.

El reto, por supuesto, no termina aquí. Mantener estos niveles de inversión, garantizar la sostenibilidad de los sistemas y cerrar las brechas que aún existen será clave para consolidar este proceso. Sin embargo, lo alcanzado hasta ahora demuestra que el camino es el correcto.

Córdoba está demostrando que sí es posible avanzar hacia la universalización del acceso al agua potable y al saneamiento básico. Y en un país donde tantas regiones aún enfrentan rezagos en este frente, lo que ocurre aquí no solo es una buena noticia local: es un ejemplo de lo que se puede lograr cuando la gestión pública se traduce en resultados reales.

Porque al final, el verdadero desarrollo no se mide en discursos, sino en la capacidad de garantizar derechos básicos. Y hoy, en Córdoba, ese derecho comienza a ser una realidad para todos.