La aritmética electoral en Colombia suele ser caprichosa, pero este miércoles 25 de marzo, fecha en la que se realizará el sorteo de la ubicación de los candidatos presidenciales en el tarjetón, una cifra marcará el inicio de la verdadera competencia: 14. Ese es el número de aspirantes presidenciales que aparecerán en la tarjeta electoral para las votaciones del 31 de mayo. No se registraba un tarjetón con tal densidad desde 1994. Técnicamente, todos tienen las mismas oportunidades, pero en la práctica, una balota puede otorgar a un candidato la “zona caliente” que su campaña aún pelea en las plazas.
Para el Estado, el sorteo programado en el Centro de Convenciones Ágora de Bogotá es la máxima expresión de la transparencia. Jaime Andrés López Gutiérrez, abogado constitucionalista y doctor en Derecho de la Universidad Libre, explica que este sistema es una herencia directa de la Constitución de 1991. “Pasamos de las papeletas individuales a un sistema pluralista de tarjetón único para garantizar que todos los movimientos compitan bajo las mismas reglas”, señala López. Esta legitimidad es respaldada por la Misión de Observación Electoral (MOE), que destaca el uso de máquinas certificadas y la vigilancia de partidos y organismos de control para asegurar la aleatoriedad.
Lo que el neuromarketing advierte
La nota técnica en este proceso es la psicología del votante. Ante una oferta tan amplia de duplas presidenciales, el cerebro busca atajos. Juan Carlos Moreno, gerente de marketing y experto en neuromarketing, advierte sobre el “sesgo de primacía”, donde el votante suele fijar su atención con menor esfuerzo en quienes aparecen primero en la lista.
“Existen zonas de mayor atención visual que generan una ventaja competitiva natural”, analiza Moreno. Según el experto, quedar ubicado arriba a la izquierda, en el centro visual o en la primera fila facilita que el candidato sea procesado cognitivamente con rapidez.
Para las campañas que ajustaron sus fórmulas a última hora —como la Coalición F.A.M.I.L.I.A. con Pedro Luis de la Torre o el Partido Ecologista con Mila María Paz Campaz—, la posición obtenida será el eje de su nueva pedagogía de voto. Al respecto, Diego Alejandro Rubiano, coordinador de la MOE, aclara que al realizarse los cambios dentro del periodo legal estos candidatos aparecerán con foto y nombre actualizado, evitando confusiones.
El fantasma del 94
El gran desafío de este tarjetón es su densidad. Para la MOE, aunque el diseño tradicional es claro, el volumen de 14 organizaciones políticas —cifra que no se alcanzaba hace 32 años— obliga a una pedagogía masiva.
“Habrá que reforzar los mecanismos sobre cómo marcar el tarjetón ante tanta oferta”, señala Rubiano, aunque confía en que el esquema no aumentará desmedidamente el voto nulo si la información es efectiva. El voto en blanco, por disposición legal, cerrará la tarjeta electoral, funcionando como el último refugio visual para quienes no se conectan con los 14 rostros anteriores.
Cada punto en las encuestas pesa y el sorteo de las posiciones define mucho más que un lugar físico. Para los 14 aspirantes, quedar en la “periferia” del papel significa un mayor esfuerzo publicitario para explicar al ciudadano dónde poner la X. El reto será convencer al elector de que su opción es la correcta, sin importar en donde terminaron ubicados en el tarjetón.