En un territorio seco, inhóspito y en condiciones extremas como es la comunidad indígena Lümaa, en el municipio de Manaure (La Guajira), nació Antonio Uriana Jusayu, un joven wayúu, bajito, de piel cobriza y callado, que hoy es estudiante del programa de Medicina de Uniguajira. Un hecho significativo si se analiza con detenimiento el historial de la región.
El año pasado la Universidad de La Guajira se convirtió en la institución pública número 19 de Colombia en ofertar Medicina, luego de que el Ministerio de Educación Nacional otorgara el registro calificado mediante la Resolución 017663 de agosto de 2025. El programa, presencial, con 286 créditos académicos y 50 cupos por semestre, abrió su primera cohorte con 50 jóvenes, 26 de ellos indígenas y 12 hablantes de wayuunaiki. Entre ellos, Antonio.
“Es un sueño cumplido que se ha venido gestando por más de 10 años”, afirmó Martha Mulato Mejía, decana de la Facultad de Ciencias de la Salud. Expresó que el programa representa una gran oportunidad para que los jóvenes guajiros como Antonio se formen como médicos y sean protagonistas del desarrollo regional y nacional.
Por su parte, Carlos Arturo Robles Julio, rector de la Universidad de La Guajira, destacó que la Facultad de Ciencias de la Salud da respuesta a los mayores problemas que tiene el departamento en su zona norte y extrema.
“Con el conocimiento del territorio que tienen los jóvenes wayúu y su deseo de formarse en una universidad resulta más fácil abrir caminos hacia una atención en salud con enfoque diferencial y mucho más humana para el cuidado de nuestra gente. Lo que no solo se traduce en proyección social para la institución, sino en el acto valioso de salvar vidas y transformarlas”, señaló el directivo.
Antonio: la historia que inspira
Antonio es huérfano de madre desde los siete años. Quinto de siete hermanos, su papá está vivo, pero no ha convivido con él desde niño. Dice sin enojo o rencor, que siempre estuvo apartado del resto de la familia.
Antonio habla con la crudeza y fortaleza de quien aprendió desde temprana edad a ganarse la vida. Trabajó desde la infancia y la juventud como conductor, ayudante de tiendas y en oficios generales. “Cosas rápidas pero que servían. No era solo por dinero, era por aprender a no depender, sino a solucionar”, comentó.
Vivió con su abuela, con una tía y finalmente con su hermana mayor, quien asumió el cuidado de todos desde que falleció su madre. Fue en octavo grado cuando inició un proceso de transformación personal.
“Llegó la conciencia, el propósito. El estudio dejó de ser una obligación para convertirse en una herramienta de conocimiento”, explicó. Allí nació una amistad que se convirtió en equipo y en familia. Juntos estudiaban, compartían cuadernos, soñaban en voz alta.
Cuando en grado once llegó la información sobre el Programa de Tránsito Inmediato a la Educación Superior (PTIES) y la apertura de Medicina en Uniguajira, Antonio entendió que esa era su oportunidad. Su puntaje en el Icfes fue de 208. “Yo decía: sí puedo”, recordó.
Y lo logró. Hoy vive en Riohacha, cerca de la Alma Máter, junto al mismo compañero con el que empezó a construir sueños en octavo grado. “Ahora puedo decir con seguridad y propiedad que soy estudiante de Uniguajira”, expresó.
El programa de Medicina
El programa fue aprobado con base en los criterios de calidad y pertinencia, la evaluación de la relación docencia-servicio y la valoración de los escenarios de práctica formativa según los estándares de los ministerios de Salud y de Educación Nacional.
Además, cuenta con 20 escenarios de práctica en hospitales y clínicas, entre ellos el Hospital Nuestra Señora de los Remedios, el Hospital San José de Maicao, el Centro de Diagnóstico de Especialistas y Anashiwaya IPSI. Su plan de estudios contempla módulos especializados de wayuunaiki para facilitar la comunicación intercultural y mejorar el abordaje de las necesidades de salud del departamento.
Surisaday Gutiérrez Alturo, médica, magíster en Epidemiología y docente de la Alma Máter, fue designada como primera directora del programa. “Mi propósito es promover la formación de médicos íntegros y humanistas, capaces de integrar el conocimiento científico con la sensibilidad social y nuestras tradiciones ancestrales, convencida de que la fuerza de la cultura unida a la ciencia genera un saber más transformador”, precisó.
*Contenido elaborado con el apoyo de la Universidad de La Guajira.