Colombia atraviesa una profunda crisis de confianza institucional. Buena parte de ella se explica por la equivocada relación que el Gobierno nacional ha construido con las regiones. Nunca antes un gobierno había utilizado de manera tan recurrente su capacidad de cofinanciación, su participación en entidades territoriales y sus facultades de vigilancia y control para castigar a quienes no comparten su visión de país.
En asuntos tan sensibles como la seguridad, la salud, la vivienda o la energía, los resultados han sido tan escasos como abundantes las alocuciones de Petro en cadenas nacionales. La premisa ha sido clara: dividir a los colombianos, debilitar la coordinación entre los distintos niveles del Estado y profundizar un centralismo que le hace daño al desarrollo regional.
Todo parece reducirse a una disputa permanente en la que el Gobierno nacional se reserva el monopolio de la razón. Metro elevado contra metro subterráneo. Carreteras contra acueductos. Energías renovables contra combustibles fósiles. Clase media contra población vulnerable.
Antioquia ha sido uno de los principales objetivos de esa estrategia. La intervención injustificada de instituciones del departamento, los obstáculos al avance de proyectos regionales de importancia nacional y el abandono de la seguridad en favor de concesiones a estructuras criminales han tenido consecuencias profundas sobre la tranquilidad y las oportunidades de los antioqueños.
Las regiones de Colombia, y Antioquia en particular, merecen un Gobierno nacional que entienda que el desarrollo del país no se construye desde la imposición ideológica, sino desde la cooperación. Tenemos mucho trabajo por hacer en los próximos años para recuperar la confianza.
La primera tarea es recuperar la seguridad. Para ello es fundamental reactivar, cuanto antes, las órdenes de captura y los procesos penales congelados contra integrantes del Clan del Golfo y las Farc, que han sido suspendidas en el marco de la mal llamada paz total.
También es urgente fortalecer las capacidades de la Fuerza Pública. Deben reactivarse los batallones móviles con capacidades antidrones, para las cuales la Gobernación de Antioquia ya ha adquirido buena parte de los equipos. Se requiere decisión política para enfrentar a las organizaciones criminales que viven del narcotráfico, la extorsión, el secuestro y la minería ilegal.
En materia energética, el próximo Gobierno nacional deberá utilizar su poder regulatorio para poner a funcionar con mayor intensidad las termoeléctricas del sistema nacional, de forma que se reduzca la presión sobre el sistema hidroeléctrico y se pueda embalsar la mayor cantidad de agua posible para evitar el apagón en los períodos más agudos de sequía.
En salud, es fundamental que el Gobierno honre las deudas acumuladas por las EPS intervenidas, que hoy, solo en Antioquia, superan los 7 billones de pesos con hospitales y clínicas. Resulta difícil comprender esta situación cuando, al mismo tiempo, la nómina del gobierno Petro aumentó 22 billones entre 2022 y 2025.
La vivienda también exige decisiones urgentes. Colombia no puede continuar creciendo a punta de gasto público financiado con endeudamiento. Es necesario reactivar programas como Mi Casa Ya, impulsar la vivienda nueva y los mejoramientos habitacionales, y devolverle el dinamismo a un sector que genera empleo, inversión y bienestar. El 2026 registra uno de los niveles más bajos de iniciación de vivienda de las últimas dos décadas, afectando el acceso de miles de familias a la posibilidad de tener casa propia.
También es prioritario que las regiones tengan autonomía, para no depender de decisiones arbitrarias del gobierno central de turno. La catástrofe del centralismo ha impedido que las brechas de desarrollo del Pacífico o el Caribe se cierren. La propuesta de reforma fiscal de Antioquia, a la que se han sumado otros departamentos y ahora los diputados del país, merece un debate para que la autonomía regional sea el motor de un cambio real.
Las regiones seguiremos de pie, creciendo, logrando que más personas tengan empleo, atrayendo inversión y talento. El próximo lunes volveremos a levantarnos antes del amanecer para bregar por nuestras familias y por nuestro país.
Es claro que todo será más fácil si el gobierno central entra en razón, se descentraliza y pone la coordinación con las regiones como una prioridad del gobierno. El día que eso pase, nada detendrá el desarrollo de esta causa que nos une a todos: Colombia.