¿Qué tan seguro es transitar por una vía que tuvo afectaciones por cuenta de un terremoto? El sismo del pasado 10 de agosto afectó buena parte de la red vial del occidente del país y del Eje Cafetero, y aunque el paso ya fue restablecido, los derrumbes fueron retirados, el tránsito volvió a circular y hay una normalidad aparente. Sin embargo, aún quedan laderas inestables, bancas por reconstruir, estructuras que deben ser rehabilitadas y puntos que todavía necesitan obras definitivas.
El balance de Invías ayuda a entender mejor la dimensión de la emergencia: 113 puntos de afectación en vías primarias y 59 puentes vehiculares dentro de la infraestructura afectada y sometida a evaluación técnica. La recuperación de la transitabilidad llega al 96 por ciento. No obstante, ese porcentaje no equivale al porcentaje de obras terminadas. “La recuperación de la transitabilidad no significa que las afectaciones hayan sido solucionadas definitivamente”, precisaron desde el Invías.
La explicación está en la naturaleza de los daños, porque una carretera bloqueada por un derrumbe puede quedar habilitada después de retirar toneladas de material, pero si la montaña continúa moviéndose, el problema sigue. Lo mismo ocurre cuando los vehículos pueden pasar sobre una banca afectada mientras se definen las obras necesarias para recuperarla. Por eso Invías considera que la atención tiene dos momentos: primero, garantizar el paso; luego, recuperar las condiciones de estabilidad y seguridad.
Actualmente el instituto continúa con inspecciones, diagnósticos y diseños de soluciones que pueden incluir estabilización de taludes, drenajes, muros, gaviones, recuperación de banca, protección de estructuras y rehabilitación de puentes. Entre las zonas que requieren mayor atención están los corredores que conectan el centro del país con el Eje Cafetero y los que unen Risaralda con Chocó.
Monitoreo permanente
En la infraestructura concesionada, la situación tiene un punto especialmente sensible: la carretera entre Buga, Loboguerrero y Buenaventura. Aquí la emergencia obligó a remover derrumbes y desprendimientos de roca y a mantener vigilancia sobre las laderas. El corredor está operando, pero en el PR 69, en La Balastrera, todavía cae material y se mantiene el paso controlado durante el día y el cierre preventivo en la noche.
La razón para extremar las precauciones es también económica. Por esta carretera circulan más de 4.500 vehículos diarios y hasta 6.000 en los momentos de mayor movimiento. “El principal reto es mantener la conectividad sin poner en riesgo la vida de los usuarios y de los trabajadores que atienden la emergencia”, explicó Ricardo Ayerbe Pino, presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI).
En ese punto se monitorean las grietas de la ladera y se instala una barrera de protección de unos 80 metros para aislar la zona de trabajo, retirar de manera segura el material inestable y avanzar hacia la estabilización definitiva. La restricción, señalan desde la ANI, se mantendrá mientras exista una condición de riesgo.