Para un niño en las zonas rurales del país, la garantía de una comida caliente en el colegio representa mucho más que un plato de alimento: es la energía para prestar atención, el incentivo para no abandonar las aulas y la tranquilidad de tener cubierta una necesidad básica. Sin embargo, el Programa de Alimentación Escolar (PAE) ha enfrentado históricamente severos cuestionamientos a nivel nacional debido a raciones deficientes, entregas incompletas y fallas en la contratación por parte de operadores privados alejados de las realidades territoriales.

Transformar esta problemática exigió replantear la forma en que se gestionan los recursos y confiar en quienes mejor conocen las necesidades de cada municipio: sus propios habitantes. Cuando la comunidad toma las riendas de la preparación y logística de las raciones, el restaurante escolar deja de ser un trámite administrativo y se convierte en un espacio de cuidado directo, donde los alimentos no solo son frescos y nutritivos, sino que se preparan con el afecto de las personas de la misma región.

Con esa visión, la Gobernación de Cundinamarca puso en marcha el ‘PAE Nuestro’, un modelo pionero que entregó la operación directa del programa a las Asociaciones de Juntas de Acción Comunal (Asojuntas). Bajo este esquema, la compra de insumos se realiza a más de 40 pequeños productores locales y la preparación queda en manos de 400 ecónomas de las veredas, generando 440 empleos directos. Hoy, la iniciativa ya beneficia a 16.000 estudiantes en 300 sedes educativas de 19 municipios, como Zipacón, logrando que el 71 % de las sedes atendidas pasara de recibir un complemento del 20 % a un almuerzo completo con el 30 % del aporte nutricional diario, reduciendo a cero el reporte de quejas.

¿Cómo se vive esta transformación en escuelas rurales como las de Zipacón, de qué manera el trabajo entre Asojuntas y agricultores locales asegura alimentos frescos en las mesas escolares y cómo este modelo busca alcanzar a 30.000 niños en el departamento? En la siguiente video crónica recorremos el territorio, conversamos con padres, docentes y ecónomas, y le mostramos cómo la gestión comunitaria está redefiniendo la alimentación escolar en Cundinamarca.