La angustia que vivió Yenifer Peña a los 9 años, cuando Pereira se sacudió con el terremoto del Eje Cafetero en 1999, volvió a invadirla el pasado 10 de agosto durante el sismo que estremeció nuevamente a la ciudad. Los miedos que creía superados regresaron, solo que esta vez tenía las herramientas para enfrentarlos. Los 12 años de experiencia como psicóloga le permitieron reconocer cómo en aquella emergencia que le tocó siendo niña faltaron mayores esfuerzos para atender la salud mental de los afectados. Por eso, en las últimas semanas se ha dedicado a acompañar emocionalmente a las víctimas.

“Hace 27 años, la salud mental no era tan valorada y no se hizo suficiente gestión del trauma. La vida siguió sin darle espacio a lo que sentíamos. Y todo eso se resiente en el cuerpo, queda una huella. Pero como sociedad hemos avanzado. Ahora sabemos que, a pesar de cualquier situación, debemos buscar estar en paz y en equilibrio”, advirtió Peña, quien se ha especializado en traumas, y decidió habilitar un espacio virtual, gratuito y divulgado a través de su Instagram @elmundodeyen para ayudar a los damnificados, desde quienes tuvieron pérdidas humanas y materiales, hasta los que vieron afectada su tranquilidad.

Yenifer se ha valido de su experiencia en psicología clínica, coaching, programación neurolingüística y de herramientas transpersonales como biodescodificación para guiar a sus pacientes y llevarlos a encontrar la calma. “Hay gente que invalida la emoción del otro, como si fuera más pequeño el temor de aquel al que no le pasó nada que el de alguien que lo perdió todo. La idea es darle un espacio a todo lo que sentimos”, añadió Peña, y detalló que en este tiempo ha encontrado patrones similares entre quienes vivieron el terremoto, así sus realidades socioeconómicas sean distintas. “El sistema nervioso de las personas está colapsado, tienen nudos en el estómago, no logran dormir ni comer bien y reviven el movimiento. Entonces hay que cuidarnos”.

Pablo Muñoz también puso al servicio de los habitantes de la ciudad sus conocimientos en meditación, sound healing y yoga. “La ciudad está haciendo un duelo de la vida, la familia y muchos muros que estaban llenos de sueños y esfuerzo colapsaron. Y ese proceso necesita acompañamiento”. Por eso ayudó a crear la página web www.fuerzacolombia.co, que ofrece apoyo emocional gratuito por parte de más de 200 terapeutas, desde psicólogos hasta profesionales con un enfoque holístico, dispuestos a ayudar individualmente y en albergues.

Estos encuentros han contribuido a la principal misión de la ciudad desde el primer día de la emergencia: salvar vidas, pero de manera preventiva. “El nivel de estrés que se les está disparando a todos es impresionante. Y el estrés activa otras enfermedades de base, puede ir matando silenciosamente. De esta situación nace Fuerza Colombia, para que la gente reciba gratuitamente atención en salud mental”, añadió Muñoz.

Muchos profesionales como Yenifer y Pablo se han movilizado incluso desde lugares distintos a los afectados por el terremoto. Una muestra de ello es la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, ubicada en Bogotá, que activó una red de más de 1.000 psicólogos entre egresados y practicantes de posgrados y pregrados para brindar atención telefónica, virtual y gratuita a afectados del Valle del Cauca, Chocó y el Eje Cafetero.

El día del sismo yo abrí una base para convocar. A la mañana siguiente ya había 420 inscritos. Y ahora somos 1.115”, contó Nubia Villescas, decana de la Facultad de Psicología. “Tenemos comunicación con gobernaciones, la Defensa Civil, la Ampe y Positiva ARL, que nos han compartido sus bases de información para que ayudemos a las personas afectadas. Y, recientemente, también empezamos a trabajar con la Federación de Cafeteros, que identificó que la afectación más grande de la población caficultora era la psicoafectiva”.

Todos estos servicios de atención psicológica se prestan durante 12 horas diarias, de lunes a sábado. “Nos hemos encontrado con síntomas como sueño desregulado, hipersensibilidad a cualquier estímulo, sensación de que se está moviendo algo como recordatorio del evento traumático, irritabilidad o dificultad de comunicación con pares. Si no se trabajan a tiempo todos estos síntomas, perjudicamos las áreas de funcionamiento. Por ejemplo, en el trabajo las personas sienten que ya no funcionan bien o los padres comienzan a sufrir dificultades en el ejercicio de la crianza. Por eso la invitación es a que atendamos todas estas emociones”, añadió Villescas.

Quienes no vivieron la crudeza del sismo también han querido aportar desde su área, aun cuando esto ha implicado tener que trasladarse a los territorios, como Susana López Londoño, quien viajó desde Medellín junto a otros nueve terapeutas como parte de una iniciativa del colectivo ‘Levantemos’, para auxiliar comunidades del Chocó a través de donaciones, reconstrucción de viviendas y ayuda psicológica a los damnificados.

“Que alguien te valide lo que sientas y te diga que está bien que te haga falta el televisor que se te dañó, la casa que se derrumbó, el colegio al que ya no puedes ir, o que te diga que está bien que estés triste por un amigo o un familiar, ya genera esa sensación de que se preocupan por ti y te quieren cuidar”, aseguró López Londoño, quien comparte detalles de esta experiencia en su cuenta de Instagram @tuvozconsciente.

Los damnificados más vulnerables con los que se encontró fueron los niños, envueltos en la confusión y alejados de las clases, la cotidianidad y sus rutinas. El acompañamiento, las conversaciones y ejercicios con papel y lápiz fueron la mejor forma de ayudarlos a encontrar su centro. “En una de las actividades les pregunté qué los hacía sentir mejor en un momento como este. Muchos contestaron ‘distraerme’, ‘hablar’ o ‘contar cómo me siento’. A veces la ayuda puede ser tan sencilla como hacernos presentes rápidamente para ellos”, agregó López Londoño.

Además de los niños, los profesionales que están atendiendo la emergencia se han encontrado con otro tipo de población vulnerable: la personas que todavía tienen traumas del terremoto del Eje Cafetero de 1999. “No se puede generalizar, pero en algunas se presenta estrés postraumático. Lo hemos visto, por ejemplo, en los que vivieron el terremoto del 99 y que están hipersensibles”, advirtió Nubia Villescas, de la Konrad Lorenz.

Los voluntarios también requieren de un cuidado especial. Empezando porque muchos de ellos ignoran que necesitan ayuda al volcar toda su atención en quienes sufrieron más por el sismo. Pablo Muñoz lo ha dicho en varias ocasiones. “Los voluntarios son el talón de Aquiles. Es gente que se puso la camiseta mirando cómo ayudar, pero se les olvidó su propia vida. Eso es muy lindo, pero también muy peligroso. Los voluntarios se están quemando. Y ellos también tienen que hacer pausas, gestionar sus emociones y recibir ayuda psicológica”.

Damnificados, voluntarios y terapeutas necesitan contención emocional en medio de la emergencia. La reconstrucción también avanza cuando cada uno de ellos siente que sus aflicciones, por pequeñas que parezcan, son visibilizadas.