Hay momentos en los que la solidaridad deja de ser un discurso para convertirse en una acción concreta, y Colombia atraviesa uno de ellos. Mientras algunas familias enfrentan las consecuencias de un terremoto que ha golpeado a diferentes comunidades del país, en Vichada nos preparamos para recibir visitantes y vivir una de nuestras principales celebraciones culturales: la edición 36 del Festival Internacional del Corrío Llanero.
Y precisamente porque estamos próximos a celebrar, considero que tenemos una responsabilidad adicional: no ser indiferentes.
Puerto Carreño abrirá sus puertas durante estos días para recibir turistas, familias y visitantes provenientes de diferentes regiones. Llegarán atraídos por la música, las tradiciones, la cultura llanera y por ese espíritu de encuentro que caracteriza nuestras fiestas. Pero esa llegada también representa una oportunidad para demostrar que la celebración puede ir de la mano con la solidaridad.
Por eso, desde la Administración Departamental hemos decidido convertir parte de esta temporada en un espacio para tender la mano. Hemos instalado alcancías en diferentes establecimientos y puntos de Puerto Carreño, con el propósito de facilitar que habitantes y visitantes puedan realizar aportes voluntarios destinados a las familias afectadas por el terremoto.
Además, hemos dispuesto información para quienes prefieran realizar sus donaciones directamente a través de los canales habilitados por la Cruz Roja Colombiana. Porque no se trata de dejar de celebrar, sino de entender que una fiesta adquiere todavía más sentido cuando es capaz de mirar más allá de sus propias fronteras.
Vichada tiene mucho para mostrar. Tenemos una cultura que nos identifica, una música que nos representa, paisajes que sorprenden y una comunidad que sabe recibir. Durante estos días queremos que quienes nos visiten conozcan esa riqueza y disfruten de nuestras tradiciones. Pero también queremos que se lleven consigo un mensaje: desde este territorio, que muchas veces ha conocido las dificultades y la necesidad de ser escuchado, entendemos el valor de tender una mano cuando otros atraviesan momentos difíciles.
Como mandatario, considero que gobernar también significa interpretar los momentos que vive el país. No podemos permitir que las luces de una celebración nos hagan perder de vista las dificultades de otras comunidades. La alegría no tiene por qué ser indiferente al dolor ajeno; puede convertirse, precisamente, en una oportunidad para acompañar, ayudar y unir. Por eso el llamado es sencillo: celebremos, pero también compartamos.
Disfrutemos el Corrío Llanero, recibamos a nuestros visitantes, bailemos, cantemos y mostremos con orgullo lo que somos. Pero, al mismo tiempo, hagamos un pequeño espacio para pensar en quienes hoy necesitan de nosotros.
Quizás una contribución parezca pequeña frente a la magnitud de una emergencia. Sin embargo, cuando muchas personas aportan desde sus posibilidades, esos pequeños gestos pueden convertirse en una ayuda significativa.
Que este festival no sea solamente una celebración de nuestra identidad, sino también una oportunidad para consolidar la solidaridad como un valor que debe unirnos como colombianos.
Porque celebrar también es compartir y cuando Colombia nos necesita Vichada está presente.