En un entorno laboral cada vez más exigente existe un factor silencioso que marca la diferencia entre avanzar o quedarse atrás: la mentoría. No aparece en los nombres de los cargos ni en los organigramas, pero atraviesa las trayectorias de quienes logran escalar. Detrás de cada liderazgo sólido, con frecuencia, hay alguien que acompañó el proceso.

De acuerdo con el estudio Mentoría y emprendimiento femenino: una revisión sistemática del impacto y las prácticas, publicado en la Revista Latinoamericana de Estudios sobre Cultura y Sociedad de Brasil (RELACult), basado en la revisión de 17 investigaciones publicadas entre 2013 y 2023 en el mundo sobre mujeres emprendedoras, la mentoría no solo impulsa el empoderamiento individual, sino que contribuye a transformar el ecosistema empresarial hacia entornos más inclusivos. El análisis destaca, además, la necesidad de fortalecer mentorías enfocadas en aspectos financieros, de gestión y conductuales para promover la igualdad de género en el emprendimiento.

Tres referentes iberoamericanos en bienestar y propósito, en el Círculo de Mujeres

Para mujeres empresarias y corporativas afiliadas al Círculo de Mujeres Semana Dinero la mentoría es fundamental porque permite mejoras medibles en empleabilidad y habilidades, y tiene un impacto directo en la toma de decisiones y en el desarrollo empresarial.

Para Gladys Vega, associate partner de la firma de talento Marble Headhunter, el valor de este proceso no está en añadir capacidades, sino en revelarlas. “Los mentores te ayudan a amplificar tu capacidad como observador para crear nuevas posibilidades de futuro. No es poner habilidades desde afuera, sino organizar lo que ya tienes”, afirma. En su experiencia, incluso los altos directivos necesitan esa mirada externa que les permita “verse con los ojos con los que los ven los demás”. A lo que agrega Ana Rocío Sabogal, CEO del Grupo Altum: “Las personas empiezan a ganar seguridad, claridad y conexión consigo mismas. Hay un cambio visible en la manera en que se perciben, toman decisiones, se comunican y asumen su potencial”.

En esa línea, Luchy Mejía, master coach, experta en emociones y CEO de Potencial Humano Integral, la mentoría no solo acelera el aprendizaje, también transforma la manera de ver el mundo: “Ningún crecimiento verdaderamente grande ocurre en soledad. Un mentor amplía la mirada, confronta con amor y ayuda a descubrir posibilidades que antes no eran visibles”, destaca. Para ella, un mentor no solo comparte conocimiento, “sino que, muchas veces, sostiene emocionalmente procesos de cambio importantes”.

En eso coincide con Ana Cristina Isaza, fundadora y CEO de Ana Decifra, empresa de consultoría financiera y de negocios, quien reconoce que gran parte de su carrera ha estado marcada por mentores que apostaron por su potencial, incluso antes de que ella misma lo identificara. “He tenido la fortuna de encontrar personas extraordinarias, jefes, pares, personas de mis propios equipos, compañeros de estudio, que han sido arquitectos de mi liderazgo”, afirma.

La mentoría, entonces, trasciende lo inspiracional. Es una herramienta concreta de desarrollo: no solo abre puertas, sino que enseña a construirlas; contar con un mentor puede definir el rumbo de una carrera, incluso en contextos en los que el acceso a redes y oportunidades es desigual.

Ese impacto se amplifica cuando quien recibe mentoría decide replicarla. María Paula Cárdenas, directora de Mompreneurs Colombia, afirma que cuando una mujer accede a mentoría, no solo transforma su propia trayectoria: fortalece su entorno. “La mentoría es el conector entre el potencial, la acción y la proyección. Mentorear no es solo transmitir conocimiento, es fortalecer la autoconfianza y facilitar el camino”.

En la práctica, la mentoría se traduce en resultados concretos. Investigaciones en la región evidencian que estos procesos fortalecen habilidades clave para el entorno laboral, mejoran la empleabilidad y aceleran la toma de decisiones. Más allá del acompañamiento, se trata de una herramienta que permite adquirir criterio, ampliar la visión y responder con mayor claridad a los desafíos profesionales.

Para Natalia Amaya Salazar, fundadora y CEO de Avocado Wellness Marketing, el valor está también en la diversidad de miradas que se integran en el camino: “He tenido mentores formales e informales en distintos momentos de mi vida. Personas que, desde su experiencia, me han permitido cuestionarme, entender mejor mis procesos y tomar decisiones con mayor claridad”.

Porque, al final, el liderazgo no se construye en solitario. Se construye en conversación. Y es en esa conversación, muchas veces invisible, donde realmente empieza el crecimiento.