En Colombia, el cáncer de mama es el tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres. En 2022 se estimaron 17.018 casos nuevos y 4.752 muertes por esta enfermedad, según el Observatorio Mundial del Cáncer (Globocan). Estas cifras ponen de relieve la importancia de la detección temprana, pero también plantean una pregunta: ¿qué tanto saben las mujeres sobre su salud mamaria y cómo se traduce ese conocimiento en decisiones de cuidado?
Precisamente, esa es la pregunta que busca responder el primer Índice de concientización sobre salud mamaria en Colombia, presentado por Avon, Fundación Instituto Natura y Quiddity. Sus resultados se conocen previo al 19 de octubre, que se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, una fecha que recuerda la importancia de fortalecer la información y promover las acciones para la detección temprana.
Para elaborar el índice, se realizaron encuestas en línea a 600 mujeres mayores de 18 años durante junio y julio de 2026. Los resultados revelan una brecha importante: el 40 por ciento tiene un nivel bajo de concientización sobre salud mamaria y el 21 por ciento uno muy bajo. En el otro extremo, el 18 por ciento alcanza un nivel alto y apenas el 4 por ciento uno muy alto, mientras que el 17 por ciento se ubica en un nivel medio. En otras palabras, seis de cada diez mujeres encuestadas presentan niveles bajos o muy bajos de concientización, frente a poco más de dos de cada diez que alcanzan los niveles más altos.
La diferencia entre lo que las mujeres saben y cómo actúan frente a su salud también se refleja en otros resultados. El 90 por ciento considera que el cáncer de mama tiene cura y el 76 por ciento reconoce que detectarlo tempranamente aumenta las posibilidades de curación. Sin embargo, seis de cada diez realizan consultas de control ginecológico con una frecuencia superior a dos años. Aunque siete de cada diez se practican los exámenes solicitados después de una consulta, las cifras muestran que reconocer la importancia del cuidado no siempre garantiza un seguimiento periódico.
Para Olga Lucía Sánchez, gerente de Fundación Instituto Natura Colombia, entender qué ocurre antes del diagnóstico es precisamente uno de los propósitos de la medición: conocer qué motiva a las mujeres a cuidarse, realizarse los exámenes y buscar información sobre su salud. “Saber no es lo mismo que actuar”, afirma. Por eso, explica, el índice también busca identificar si la información está llegando efectivamente a las mujeres y qué se puede mejorar para que se traduzca en decisiones concretas de cuidado.
Del conocimiento a la detección temprana
La mamografía también plantea interrogantes sobre los hábitos de seguimiento. El 54 por ciento de las encuestadas nunca se ha realizado este examen; entre las mujeres mayores de 50 años, el 88 por ciento se lo ha practicado al menos una vez. En Colombia, para las mujeres de 50 a 69 años se recomienda la mamografía de tamización cada dos años. Haberse realizado el examen alguna vez, sin embargo, no significa necesariamente que se cumpla con la periodicidad indicada.
Además de la información, el miedo y los mitos pueden convertirse en obstáculos para consultar. Cynthia Fuentes, hematóloga y oncóloga de la Clínica La Cardio, advierte que algunas mujeres asocian un diagnóstico de cáncer con la necesidad inevitable de recibir quimioterapia. “Cáncer no siempre es igual a quimio”, señala. Las opciones de tratamiento dependen de las características de la enfermedad y de su etapa. Por eso, un diagnóstico oportuno puede ampliar las posibilidades terapéuticas.
A estas preocupaciones se suman las dificultades para acceder a consultas, medicamentos y tratamientos a tiempo. Para Fuentes, uno de los principales retos del sistema de salud es reducir las demoras en la atención oncológica, pues los retrasos pueden afectar la oportunidad con la que los pacientes reciben el tratamiento que necesitan.
Mónica Silva, paciente en remisión, sabe lo que significa insistir en la búsqueda de respuestas. Aunque el autoexamen, la mamografía, la ecografía y una biopsia no identificaron anomalías, sentía que algo no estaba bien y continuó buscando respuestas. Finalmente, recibió un diagnóstico en estadio tres y pudo iniciar el tratamiento, cuya evolución ha sido favorable. “Yo conozco mi cuerpo y mi intuición me decía que algo no estaba bien y seguí practicándome los exámenes”, recuerda.
Su experiencia destaca la importancia de consultar ante una preocupación persistente, incluso cuando los primeros resultados no muestran anomalías. Esto no sustituye la valoración médica ni los controles indicados, pero recuerda que las inquietudes sobre la salud deben recibir seguimiento.
Marcela Forero, directora social de la Liga Colombiana Contra el Cáncer, insiste en que la sensibilización debe mantenerse durante todo el año e involucrar a las familias. También señala la importancia del acompañamiento psicosocial, para que las pacientes cuenten con espacios en los que puedan expresar sus temores, comprender los cambios que atraviesan y recibir orientación durante el proceso.
El índice identifica, además, diferencias en los niveles de concientización según el nivel socioeconómico, aunque los resultados divulgados no detallan la magnitud de esas brechas. El hallazgo plantea la necesidad de considerar las distintas realidades de las mujeres al diseñar estrategias de información y orientación.
Desde Avon, Diana Gaitán, gerente de Marketing del Mercado Andino, plantea que los resultados deben traducirse en acciones sostenidas. “El reto es colectivo: necesitamos que la conversación sobre salud mamaria sea más cercana, permanente y accesible”, afirma.
El desafío es cerrar la brecha entre reconocer la importancia de la detección temprana y contar con información, atención y acompañamiento para actuar. Porque la conversación sobre salud mamaria no termina en octubre: debe traducirse en decisiones de cuidado y mejores condiciones de atención durante todo el año.