La pregunta ya no debería ser qué hace una mujer trabajando en una construcción o en un taller mecánico, sino por qué todavía hay quienes consideran incómoda su presencia en estos escenarios. A pesar de que las mujeres son más del 40 por ciento de la fuerza laboral global, su participación sigue concentrada en sectores feminizados. Han sido años buscando conquistar espacios en los que antes las puertas estaban cerradas y aunque los avances no son tan significativos, las estadísticas sí reflejan un cambio en la tendencia.

En Colombia, los datos demuestran que las mujeres están rompiendo estereotipos de género en sectores como transporte y almacenamiento, construcción y explotación de minas y canteras. Según cifras del Dane, entre marzo y mayo de 2026, 187.000 trabajaban en transporte y almacenamiento; 118.000 en construcción y 68.000 en explotación de minas y canteras. Si se cruzan estas cifras con el mismo periodo del año anterior, el mayor avance se registró en minería, donde pasaron de representar el 15,1 al 20,7 por ciento de las personas ocupadas. En transporte y almacenamiento también aumentó su cuota: del 9,9 al 10,4 por ciento. La construcción mostró una ligera disminución, pasando del 7,2 al 7 por ciento. Pero estos números son apenas un atisbo, pues no indican qué ocupación tienen estas mujeres y si lideran o no en su cargo. La información sigue siendo escasa.

“Nos dejaron entrar, pero las reglas siguen intactas. Mientras eso no cambie, vamos a seguir siendo invitadas a un juego que diseñaron sin nosotras”, dice al respecto la abogada constitucionalista Marla Gutiérrez.

‘Un hombre sin responsabilidades’

El mercado laboral nunca ha sido neutral, afirma Paula Herrera, profesora del Departamento de Economía de la Universidad Pontificia Javeriana. Se organizó alrededor de la figura de un ‘trabajador ideal’. “Un hombre sin responsabilidades de cuidado y con plena disponibilidad para trabajar, viajar o extender su jornada”, añade. En contraste, la carga sigue recayendo sobre las mujeres, pues ellas dedican más tiempo a las actividades domésticas, el cuidado de niños, adultos mayores y personas enfermas. “Esa distribución desigual condiciona qué empleos pueden aceptar, cuántas horas pueden trabajar, si pueden trasladarse a otra ciudad, desempeñarse en zonas remotas o atender turnos nocturnos”, señala Herrera.

Sectores como finanzas, tecnología y manufacturas se pensaron durante décadas para carreras masculinas, pero las cifras muestran una transformación. Según el Índice Global de Brecha de Género, del Foro Económico Mundial, en Servicios Financieros las mujeres ya representan el 46 por ciento de la fuerza laboral en el mundo; en tecnología alcanzan un 30 por ciento, y en manufacturas, el 33 por ciento.

Ese cambio lo impulsan varios motores, según las expertas: el nivel educativo de las mujeres ha crecido, su presencia en carreras que antes eran predominantemente masculinas también, los procesos de selección dependen más de las cualificaciones, y existen más leyes que prohíben la discriminación laboral.

Pero hay otros factores que continúan siendo determinantes en la lucha de las mujeres por ocupar puestos históricamente masculinos. Algunas cuentan que, incluso, han tenido que demostrar más que sus pares para que su voz cuente o masculinizar su liderazgo: “Tuve que sobre-certificarme para llegar a una mesa directiva”, señala un mujer C-Level de este especial. “Por años creímos que debíamos parecernos a los hombres. Hoy, sabemos que el problema es intentar ser como ellos”, dice otra líder.

Según la profesora Herrera, el mercado espera con frecuencia que las mujeres sean quienes se adapten. A ellas se les exige demostrar más sus capacidades, ocultar responsabilidades familiares, tolerar comentarios sexistas o aceptar que la disponibilidad permanente es una prueba de compromiso.

Pero adaptarse no debería ser la norma, sostiene la abogada Gutiérrez. “Cuando una mujer tiene que masculinizar su forma de ser para que la tomen en serio, el espacio no se transformó, solo se volvió permeable”. El verdadero cambio, coinciden las expertas, será cuando haya un mercado que no discrimine por género, sino por capacidades.