Cuando inicié mi proceso de entrenamiento mental, vi lo que esto podía hacer por mí y por los demás, empecé a compartir estas herramientas y, siendo honesta, mi pretensión desde el inicio fue que confiaran a ciegas, que solo con ver mis cambios, los demás también los quisieran tener.
Cuando amas a alguien (pareja, hermanos, hijos, padres, etc.), es normal que quieras protegerlo. Si se cae, queremos amortiguar su golpe y ayudarlo a levantarse; si le faltan respuestas, queremos ofrecerle las nuestras.
Y esto no pasa solo en lo emocional. Por supuesto, todo lo que logramos conseguir en lo material también queremos compartirlo con quienes amamos. Así que este es un instinto humano. Sin embargo, nada nos garantiza que ellos quieran tomar eso que deseamos ofrecerles desde el amor.
Ahora, después de muchos años de estrellarme en el intento de dar lo que otro no desea recibir, valdría la pena preguntarse: ¿Por qué estoy tan segura de que realmente es lo mejor para ellos?
¡Dios, qué gran paradoja! Que, a mí, por ejemplo, me ha costado lágrimas y relaciones.
Creer que porque hemos vivido más, sobrepasado retos y nos hemos entrenado, muchas veces nos cegamos ante el hecho de que cada uno requiere caminar su propio camino. Queremos imponer nuestro mapa del mundo cuando la realidad es que cada uno construye el suyo como lo prefiere. Tal vez porque verlos sufrir también es doloroso para nosotros. Sin embargo, es indudable que ese dolor es precisamente lo que los llevará a fortalecerse y que, como decía mi abuelita, “nadie aprende en cuero ajeno”.
Al empezar mis clases, ya tenía la fundación y me dedicaba a regalar cosas (ropa, juguetes, mercados, etc.) pero veía que eso no le cambiaba la vida a nadie y fue allí donde inicié a indagar cómo de verdad cambiar vidas. Ahí fue cuando me encontré con la PNL (Programación Neurolingüística) y uno de los primeros choques que ocasionó en mi vida fue comprender la diferencia entre ayudar y apoyar. Recuerdo en una clase que mi entrenadora dijo “ya dejen de ayudar al que ni siquiera lo pide”, y si, empecé a confrontarme.
Ayudar es resolver, mientras que apoyar es respaldar, comprender esto me cambió la vida. Fue entonces cuando aprendí a decir no (aunque para muchos empezara a ser mala), comprendí que muchas veces un ‘no’ sirve más que un ‘sí’ que solucione y limite el crecimiento de los demás.
Aunque hay que reconocer que esto es doloroso porque, desde el amor, por supuesto que no es grato ver a quienes queremos transitando sus procesos con sufrimiento. Y, aunque tú tengas herramientas, esas herramientas son tuyas, y los demás no están obligados a recibirlas. Eso es aún más complejo de afrontar.
A lo largo de mi carrera como Trainer Coach en PNL, he acompañado a cientos de personas a reconocer sus creencias limitantes, a reprogramar su mente y a crear una vida más sana y feliz para ellos mismos y para sus familias. Los he apoyado a sobrepasar sus miedos y sus pensamientos de escasez, siempre enfocada en resultados.
Hace unos días, alguien me preguntó:
—Si lo has aplicado con tantas personas, ¿por qué no lo haces con…? (pareja, familia, etc.).
Mi respuesta, radical, fue:
—¡Porque las cientos de personas que he acompañado, primero, me lo han pedido y, segundo, han tomado la decisión seria de trabajar en sí mismas!
Y sí, ver sufrir a los tuyos y respetar su proceso individual requiere de coraje y valentía. Muchas veces debo parar y respirar profundo para volver a mí, sin dejarme caer en el juicio o la necesidad de cambiar algo que radicalmente NO depende de mí. En ese momento es necesario pararme firme desde el respeto hacia el otro y, por supuesto, también hacia mí, comprendiendo que, aunque duela, tanto mi vida como la de los demás debe continuar, por supuesto aportando desde donde me lo permitan.
Así que, con esta columna, una vez más ‘me invito y te invito’ a comprender que el mayor acto de respeto y de consciencia es respetar y tener el valor de avanzar.
Respetar significa entender que el ritmo de transformación de cada ser humano es una decisión personal. Entender que cada uno tiene una capacidad de aguantar y de sufrir diferente. La PNL nos enseña que cada comportamiento tiene una intención positiva y que cada persona hace lo mejor que puede con los recursos que tiene disponibles en ese momento. Si alguien hoy no ve la salida, insiste en un error, le cuesta soltar, está conforme con una situación que lo daña y lo limita, tu labor no es rescatarlo; más cuando ni siquiera te lo piden. Tu labor es amarlo tanto que respetes su decisión, que si para esa persona está bien su estado actual, o no le incomoda lo suficiente como para cambiarlo, pues está bien.
Llenarse de valor significa entender que cada uno es libre de escribir su propia historia de la manera que crea correcta, que no podemos quitarle a nadie el derecho sagrado de romperse para aprender a pegarse ellos mismos a su propio ritmo.
Aceptar el proceso del otro no es indiferencia, es la máxima expresión del amor incondicional, es asumir que ‘No entiendo su posición, tal vez no comparto sus elecciones, pero respeto que no es mi vida, sino la suya’.
Siempre dejando puertas abiertas diciendo ‘Aquí estoy, no para cargarte, sino para ser el puerto seguro al que puedas volver si en algún momento lo decides’.
Marisol Pabón Rodríguez, presidente Ejecutiva Wo’Man Equity