La espiritualidad, el bienestar y el liderazgo interior han sido un estandarte en mi crecimiento personal y profesional. Ahora, después de recibir un premio por destacarme en estos tres ámbitos, quiero compartir herramientas para potenciarlos.

Voy a empezar por el último, porque considero que es el primer paso para llegar a los demás. Antes de conocer la Programación Neurolingüística, juzgaba con dureza a quienes pretendían liderar a otros sin liderarse a sí mismos, a quienes decían una cosa y hacían otra. Tiempo después, cuando inicié mi camino en el servicio social y empecé a ser percibida como una líder, me vi hablando ante cerca de 200 personas cosas que no eran del todo coherentes. En una toma de conciencia profunda, comprendí que estaba siendo como aquellos que tanto criticaba.

Tomé la determinación de dar pasos contundentes para liderarme a mí misma. Empecé a autoevaluarme, a pedir retroalimentación a personas que admiraba, aunque muchas veces no me gustaba lo que escuchaba. Aun así, me di la oportunidad de replantearme, de ir hacia adentro, sabiendo que no siempre iba a encontrar respuestas cómodas. Al principio fue frustrante ver cuánto había por transformar, sobre todo cuando decidí dejar de ser víctima, de echar culpas y asumir responsabilidades. Así empecé a liberarme, con disciplina, autocontrol y perseverancia, asumiendo consecuencias que dolían, alejándome de personas y evitando circunstancias que detenían mi crecimiento. Pensé en mí y solté el qué dirán, porque la gente nunca dice ‘ella está evolucionando’. Desde la ausencia de herramientas, suelen decir ‘ella se creció’ o algo parecido, especialmente cuando parte de ese crecimiento implica algo tan necesario como aprender a decir no.

Con enfoque y sin perder mi autenticidad, después de años puedo decir que hoy me lidero a mí misma y por eso me siento capacitada para liderar a otros, con oportunidades de mejora, por supuesto, desde un crecimiento continuo.

Mi espiritualidad también fue un proceso que me costó creces. Vengo de una familia católica, de una abuelita que me dio uno de los regalos más hermosos de mi vida: mi fe. Ella me enseñó todas las oraciones imaginables y yo las repetí durante años. Cuando inicié mis estudios en PNL, caí en la cuenta de que al rezar repetía frases como ‘por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa’. Desde la conciencia me pregunté para qué me servía eso, sabiendo que la culpa es un sentimiento tan dañino y que, lejos de aportar, llena de una energía baja.

Con amor y respeto hacia mi familia y hacia todos los católicos, decidí reevaluar mis creencias y crear otras nuevas, más amables, que en lugar de estancarme me acercaran a mi divinidad. Hoy sé que ella está dentro de mí, que somos uno, que puedo hablarle como a mí misma y que soy su obra perfecta, así como lo es cada ser humano. Por eso entiendo que los actos les corresponden a quienes los ejecutan.

Esa espiritualidad se acrecentó profundamente durante el proceso de cáncer que viví. En esos silencios donde el dolor era mi compañía, prometí nunca quejarme con tal de vivir y poder ver crecer a mis hijos, cuando el menor tenía apenas un año y el mayor 10. Así lo hice. Viví lo que me correspondía durante esos dos años de proceso, agradeciendo por mi vida aun cuando las circunstancias eran profundamente dolorosas. Esa conexión espiritual que tengo hoy es, sin duda, uno de mis mayores tesoros. Mi fe y mi amor por papito Dios me han permitido ser creadora de milagros en mí y en otros, siempre de su mano.

De esta manera, con estas dos maravillas, liderazgo interior y espiritualidad auténtica, el bienestar deja de ser una búsqueda para convertirse en una consecuencia. Las mujeres, sobre todo, solemos ser cuidadoras y muchas se olvidan de sí mismas por ejercer ese cuidado hacia los demás. Cuando conecté conmigo y mi divinidad, empecé a ponerme como prioridad, porque entendí que no podía brindar bienestar si no lo habitaba primero.

Hoy te invito a pensar en ti, a replantearte qué cosas de las que estás viviendo te aportan y acercan a tus objetivos, y a trabajar el coraje que se requiere para tomar decisiones que, aunque parezcan difíciles, son las que realmente aseguran la construcción de realidades mejores para ti y los tuyos. Te aseguro que cada vez será más fácil. Una vez acostumbres tu cerebro a creer aquello que quieres creer, lograrás fluir y dejarás de luchar.

Marisol Pabón Rodríguez es Top 10 Colombia en PNL