Treinta años después de su creación, Naturgas no solo celebró la trayectoria de un gremio, sino que convirtió esta conmemoración en la plataforma necesaria para que los ciudadanos se apropien del futuro energético del país. En Cartagena, esta discusión dejó de ser un tema meramente técnico para transformarse en un asunto de interés público con implicaciones directas en la vida de millones de colombianos.

El Congreso Naturgas 2026 coincidió con un momento político crucial que exige más argumentos y menos consignas para definir el rumbo nacional. Abrirle la puerta a un debate presidencial en este espacio fue una decisión estratégica para llevar la conversación energética al terreno donde hoy se decide el destino de Colombia.

Gas sin demoras

La participación de distintos liderazgos políticos demostró que el país enfrenta decisiones estructurales que no admiten simplificaciones. Temas como la seguridad en el abastecimiento, la transición energética, las tarifas y la sostenibilidad fiscal dejaron de ser asuntos sectoriales para convertirse en una prioridad nacional.

Durante años, se ha encasillado a los gremios como representantes de intereses particulares, pero esa lectura resulta distorsionada porque nuestra labor exige responder a retos que comprometen el bienestar colectivo. En realidad, al aportar datos verificables y promover espacios de diálogo que acerquen a la ciudadanía a las decisiones que impactan su bienestar, también construimos democracia. La energía atraviesa la vida cotidiana de las personas porque define el costo de vida de los hogares, la competitividad de las empresas y las oportunidades de desarrollo en todas las regiones.

El reto es de gran magnitud, ya que Colombia enfrenta un escenario exigente marcado por la pérdida de autosuficiencia en gas natural y la necesidad de fortalecer la confiabilidad del sistema eléctrico ante fenómenos climáticos como El Niño.

Estas realidades obligan a una discusión seria, informada y basada en evidencia. En este escenario, el gas natural ocupa un lugar central. Hoy, más de 36 millones de colombianos dependen de este energético para cocinar, movilizarse y trabajar. Su papel es determinante: garantiza la confiabilidad del sistema y es un pilar esencial en la evolución del modelo energético del país.

Lo ocurrido en Cartagena deja una lección valiosa: el país no necesita unanimidad, sino argumentos sólidos. Contrastar visiones con datos amplía la capacidad ciudadana para evaluar propuestas y exigir coherencia en las decisiones públicas. Ese es el valor de la democracia.

Y lo que sigue es insistir en una conversación basada en evidencia y reconocer que la política energética no puede quedar atrapada en la ideología. Colombia necesita soluciones viables que aseguren bienestar, competitividad y futuro para todos.

En medio de las diferencias propias de una contienda electoral, el debate presidencial en el Congreso de Naturgas dejó una señal potente para el país: existe un consenso básico sobre la necesidad de garantizar la seguridad energética como condición para el crecimiento económico y el bienestar social.

Los cuatro candidatos coincidieron en que Colombia no puede renunciar a sus recursos de gas y petróleo; deben aprovecharse de manera responsable para garantizar el abastecimiento, contener los costos para los ciudadanos y consolidar al gas natural como un complemento clave dentro de la matriz energética del país. Asimismo, convergen en la necesidad de atraer inversión y fortalecer la confianza entre el Estado, las empresas y las comunidades.

Este punto de encuentro no es menor; es una base sólida para construir una política de Estado. Una política que le dé estabilidad al sector minero-energético y certidumbre al país en los próximos años.

Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas