Te preguntan cómo estás y la respuesta es “bien, con mucho trabajo”.

Pienso en el poder de las palabras y en cómo nos acostumbramos a repetir esta frase automáticamente. Y no solo la repetimos, se vuelve parte de nuestra identidad.

Realmente vivimos así, llenas de trabajo, no nos queda tiempo para la familia, el disfrute, el descanso, el placer. Y creemos que esto es parte de lo que implica ser exitosas.

Lo entiendo perfectamente, porque esa he sido yo, la persona que está en modo resolver 24/7, la que se hace cargo no solo en el trabajo sino también en casa, y muchas veces eso se lleva como un distintivo, porque eso es ser responsable. Porque si no lo hago yo, ¿entonces quién lo hará?

Te levantas a las 5:00 a.m. y desde ese momento estás en alerta y comienzas a sentir culpa porque quieres ir al gimnasio, meditar, pasear al perro, organizar a los niños, arreglarte, estar impecable y prepararte para la primera llamada a las 8:00 a.m. La realidad es que no todos los días son iguales, pero tú intentas hacerlo todo, cada día.

Son las 12:30 p.m. y no te has parado del escritorio. Si revisas las reuniones que has tenido, el 90% han sido para apagar incendios y para atender las necesidades de otros.

Te sientes frustrada porque las horas pasan y no has avanzado en el proyecto que sabes que depende de ti.

Por fin decides que te vas a tomar un respiro y vas a almorzar. Te escribe alguien del equipo: “¿Tienes cinco minutos?”. Le dices que sí, esos cinco minutos se convierten en treinta y estás de nuevo apagando incendios. Te das cuenta de que son las 5:00 p.m. y vas a tener que trabajar quién sabe hasta qué hora para lograr avanzar en lo que se supone era la prioridad.

Te sientes culpable porque estás descuidando a tu familia, ya no le dedicas el tiempo que quisieras, no haces ejercicio porque estás cansada, no tienes tiempo. Y así sigue tu vida, en un bucle que te apaga cada día que pasa.

En principio crees que esta forma de trabajar funciona porque estás disponible para todo y para todos. Eso demuestra que eres una persona comprometida, una persona que logra el resultado. La parte que no se ve es lo que eso te está costando.

Tu motivación disminuye, estás agotada, tu familia te nota cada vez más irritable o con menos paciencia.

Tu equipo también lo siente. Cada vez que resuelves por ellos, se acostumbran a esperarte y empiezan a sentir que no confías en ellos.

El problema es que estamos asociando compromiso con cargar con todo. Liderar no es un trabajo en solitario, dar el salto de ejecutar a liderar significa que logras los resultados a través de otros. Y piensas: “Pero si no lo hago yo, no sale bien o no se hace”.

Y es cierto, nadie lo va a hacer como tú, va a tomar más tiempo y se van a cometer errores. Pero si un buen resultado se alcanza solo cuando tú te involucras hasta en el más mínimo detalle, hay que preguntarse si el problema es la capacidad del equipo o cómo está organizado el trabajo.

Hace poco escuché a la psiquiatra española Marian Rojas Estapé en la octava plenaria del Círculo de Mujeres Semana Dinero. Explicaba que los estados de alerta sostenidos afectan la corteza prefrontal. Cuando estamos “intoxicados de cortisol”, es decir, en alerta permanente, nos desbordamos, nos cuesta discernir y no empatizamos, porque estamos en modo supervivencia.

Cuidarse es responsabilidad de quien lidera. Ese compromiso que queremos demostrar comienza por cuidar nuestra salud mental. No lo podemos hacer todo, al menos no todo al mismo tiempo.

Piensa en esa líder que a las 5:00 p.m. sigue apagando incendios. Y es justo en ese estado cuando tiene que decidir qué delegar, a quién escuchar y cuáles son sus prioridades.

Ser conscientes de esto implica definir cómo se hace el trabajo: qué es realmente tuyo, qué es de tu equipo y dónde pones los límites. Además, aceptas que en el camino habrá errores, porque así es como tu equipo aprenderá a resolver sin ti.

El trabajo no va a desaparecer. Pero describirte “con mucho trabajo” no tiene que ser tu identidad. Tu compromiso no se mide por todo lo que cargas.

Vanessa Daza, asesora de liderazgo ejecutivo y Fundadora y CEO de Lead4W.