Camina por cualquier ciudad moderna y lo sentirás antes de poder nombrarlo. Es una quieta sensación de separación. El futuro del entorno urbano es regenerativo, y se trata de desarrollar nuevo potencial, no simplemente edificios. Aquí explicamos por qué la sostenibilidad y el impacto han llegado a sus límites y qué viene después. Los edificios se erigen sobre el suelo sin pertenecer a él. Las calles desvían el agua lo más rápido posible. Los vecinos comparten paredes, pero no historias. Los árboles son decorativos, los ríos son infraestructura y las personas son usuarios. Hemos pasado décadas intentando arreglar esto con mejores herramientas: edificios más verdes, herramientas digitales, métricas más sofisticadas, objetivos de impacto más ambiciosos. Y, sin embargo, las ciudades que producimos se sienten menos vivas. Eso no es un fracaso del esfuerzo. Es la señal de que los paradigmas en los que hemos trabajado han alcanzado sus límites. La regeneración es el paradigma para el entorno urbano. Es el futuro. Nuestro siguiente paso.

¿Cómo llegamos aquí? De la sostenibilidad al desarrollo urbano regenerativo

El movimiento de la sostenibilidad nació en los años setenta. Los Límites del Crecimiento del Club de Roma (1972), la primera conferencia de la ONU sobre medio ambiente en Estocolmo, las crisis del petróleo y una generación de pioneros que reconocieron el daño de la extracción ilimitada sobre el planeta, todos juntos plantaron una semilla que ha moldeado medio siglo de política, diseño y finanzas. Esa semilla creció. Nos trajo la legislación ambiental, los códigos de energía, la construcción verde, el ESG, los acuerdos climáticos y las hojas de ruta hacia ‘cero neto’. Movió la sostenibilidad de los márgenes a las salas de juntas. Mucho de lo que funciona en nuestras ciudades hoy (aire más limpio, mejor aislamiento, materiales reciclados, paisajes protegidos) se lo debemos a ese movimiento.

Dentro de este movimiento histórico, nació el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS) debido a la visionaria Angélica Ospina y cinco cofundadores. Hace 19 años, cuando la palabra sostenibilidad apenas comenzaba a abrirse paso en los pasillos del sector inmobiliario colombiano, yo ya estaba convencida de que había que ir más allá de construir empresa, había que pensar en el país y en el futuro. Lideré la transformación de Grupo Contempo para convertirlo en pionero de la construcción sostenible en Colombia y en algunos de los proyectos LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) más emblemáticos del país. Como cofundadora del CCCS tuve la certeza de que el sector necesitaba un nuevo paradigma. Hace once años, fui negociadora de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y trabajé para que las iniciativas de sostenibilidad se tradujeran en política pública. Como movimiento, el CCCS (Consejo Colombiano de Construcción Sostenible) puso el tema en la agenda. Lo construimos entre todos, ladrillo a ladrillo.

En paralelo, Menno Lammers, estratega regenerativo y fundador de UR.World, ha estado impulsando desde el 2004 el mercado holandés de la construcción sostenible a su siguiente nivel. En 2020 fundó una iniciativa global llamada PropTech for Good donde estuvo trabajando con 42 asociaciones en el mundo. La innovación fue usar la tecnología en el sector inmobiliario, para hacer el bien. Desde 2021, comenzó su viaje interior y se convirtió en la voz líder de la regeneración del entorno urbano.

Menno viajó a Colombia como keynote speaker en el prestigioso Construverde 2024. Su llamado a la regeneración fue tan impactante que posteriormente a este llamado, el CCCS introdujo la regeneración en su Plan Estratégico 2026-2028.

Estamos siendo pioneros del nuevo paradigma: la regeneración. Desde el CCCS queremos hacer un llamado poderoso a todos los líderes que sienten el agotamiento de los viejos modelos y están listos para liderar el futuro.

«Estamos cansados de optimizar la extracción. Ha llegado la hora de regenerar la vida”, es nuestra premisa central.

Menos daño, más ambición

El impacto elevó la ambición: nos pidió hacer viviendas asequibles entregadas a escala, evitar toneladas de CO₂, crear empleos y mejorar las puntuaciones ESG. Introdujo la rendición de cuentas. Pero la lógica subyacente se mantuvo igual: la ciudad como máquina a optimizar, con resultados más limpios. El impacto puede entregarse a un lugar sin estar en relación con él.

El problema de raíz no es el carbono. No es la densidad. Ni siquiera es el capital. Es la desconexión estructural del entorno urbano con respecto a los sistemas vivos, las comunidades y las vidas interiores de las que depende. El pensamiento sistémico ofrece un lente útil aquí: la Ley de los Tres. En cualquier sistema, la transformación requiere tres fuerzas en relación: una fuerza activa, una fuerza receptiva y una fuerza reconciliadora que las lleva a una nueva coherencia. Cuando los tres están en la relación correcta, la vida florece. Cuando se desequilibran, el sistema se fragmenta. En la ciudad moderna, esa fragmentación se manifiesta como separación, y se multiplica en tres dimensiones:

Separación de la naturaleza: el suelo está sellado bajo el concreto. El agua de lluvia se encauza en tuberías en lugar de filtrarse. La biodiversidad queda confinada a los márgenes. La tierra se convierte en un sitio, no en un socio.

Separación entre nosotros: la zonificación nos clasifica por ingresos y función. El espacio público se contrae o se vuelve transaccional. La confianza se adelgaza. La soledad se convierte en una crisis de salud pública, incluso en nuestros barrios más densos.

Separación de nosotros mismos: la vida urbana premia la velocidad, el rendimiento y la producción. Perdemos contacto con nuestros cuerpos, nuestra intuición y nuestro sentido del lugar. Los líderes toman decisiones bajo estrés crónico, optimizando hojas de cálculo mientras están desconectados de los sistemas que esas hojas describen. El agotamiento no es un fracaso personal; es el costo predecible de liderar un mundo vivo desde un lugar desencarnado.

Tres separaciones. Un patrón. Repitiéndose en tres escalas.

Optimización sin vida

Por eso, la sostenibilidad y el impacto, por sí solos, no nos llevarán adonde necesitamos ir. Puedes cumplir todos los objetivos de ESG y terminar en un lugar donde el suelo está muerto, los vecinos son desconocidos y los líderes están agotados. Puedes entregar proyectos de alto impacto dentro de una cosmovisión que sigue tratando a la tierra y a la comunidad como insumos. La próxima era del urbanismo no se definirá por cuán inteligentemente gestionemos la extracción. Se definirá por si somos capaces de crear lugares que estén genuinamente más vivos de lo que los encontramos. Esto no significa que ‘no necesitamos la sostenibilidad ni el impacto’, los necesitamos. Nos compran el tiempo para hacer bien la restauración y la regeneración. Pero la sostenibilidad y el impacto por sí solos no son suficientes.

Los edificios como puntos de acupuntura en el desarrollo urbano regenerativo

La regeneración es ese futuro. Como nos recuerda Bill Reed (Director de Regenesis Group): “No hay problemas en la naturaleza, solo potencial”. Ese simple cambio de postura lo transforma todo. No es un nuevo conjunto de herramientas atornillado a la vieja cosmovisión; es una relación diferente con la tierra, la comunidad y uno mismo. Trata la ciudad como un sistema vivo, capaz de sanar y evolucionar cuando se dan las condiciones adecuadas. Este cambio reencuadra el edificio en sí. Como lo plantea Reed: solo los sistemas vivos se regeneran. Un edificio no puede. Lo que un edificio sí puede hacer es actuar como un punto de acupuntura dentro de un sistema vivo: una intervención precisa que desbloquea el flujo, restaura las relaciones y cataliza la vitalidad del lugar que lo rodea. Eso cambia todo en cómo diseñamos, financiamos y lideramos.

La pregunta ya no es ‘¿qué tan verde es este activo?’ sino ‘¿qué quiere llegar a ser este lugar, y cómo puede este proyecto servir?’ El edificio se convierte en un medio, no en un fin. La cuenca hidrográfica, el barrio y la comunidad se convierten en el fin. El resultado que buscamos es este: una capacidad para un campo continuo de potencial, construido a través de relaciones colaborativas con potencial significativo. No un activo terminado, ni un KPI entregado. Un campo vivo que continúa generando valor –ecológico, social, económico, cultural, intelectual, espiritual– mucho después de la entrega del proyecto. Este tipo de trabajo no puede implementarse únicamente mediante política o certificación. Debe ser liderado por desarrolladores, inversionistas y administradores municipales que puedan leer a los sistemas vivos, sostener la complejidad y tomar decisiones sistemáticas. Líderes que comprenden que la ciudad que moldean también los está moldeando a ellos.

Un llamado a los líderes que están listos

Hace medio siglo, una generación miró la economía extractiva y dijo: ‘Esto no puede continuar’. Construyeron la sostenibilidad. Nos trajeron hasta aquí. Ahora es nuestro turno de dar el siguiente paso, sin abandonar lo que ellos construyeron, sino evolucionando. Si sientes el cansancio de optimizar métricas en sistemas que aún se sienten sin vida… Si lideras proyectos con impacto medible y aún así algo falta… Si intuyes que hay un paradigma más completo esperando ser liderado… Entonces, este llamado es para ti. La sostenibilidad nos enseñó a hacer menos daño. El impacto nos enseñó a medir con mayor eficacia. El desarrollo urbano regenerativo –la capacidad coevolutiva de crecer con los lugares que moldeamos– nos pide algo más profundo: que regresemos a la relación con la naturaleza, con los demás y con nosotros mismos. Coloca bien las agujas, y los edificios florecerán.

-Artículo de opinión publicado en el sitio web del Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS)-

Alejandra Torres Dromgold, CEO y fundadora de la Academia Musas, cocreado con Menno Lammers, estratega regenerativo y fundador de UR.World