¿Cuánto vale un día de operación detenida en su empresa? No lo calcule en abstracto. Piénselo en términos concretos: proveedores esperando, contratos incumplidos, equipos dañados, producción suspendida y trabajadores en riesgo.

Ahora vaya un paso más allá. Imagine que esa parálisis no fue causada por una crisis financiera, una falla logística o una decisión del mercado, sino por un incendio que usted creía tener bajo control porque asumió que bastaba con tener agua disponible para enfrentarlo.

En Barranquilla, los tanques de almacenamiento de combustible de Bravo Petroleum ardieron durante más de 32 horas. Las operaciones portuarias colapsaron, las pérdidas superaron los 21 millones de dólares y un bombero perdió la vida. En medio de la emergencia, el Cuerpo de Bomberos tuvo que reconocer una realidad incómoda para muchos: había que dejar consumir más de 70.000 galones de gasolina porque el agua no era la solución. No podían apagarlo.

Ese episodio expuso una creencia profundamente arraigada en buena parte de la industria colombiana: pensar que el agua sirve para apagar cualquier incendio.

Es una idea comprensible. Crecimos creyendo que el fuego se combate con agua. Sin embargo, la realidad técnica es mucho más compleja.

En instalaciones con hidrocarburos, el agua puede dispersar el combustible y expandir el incendio. En áreas con equipos eléctricos puede aumentar los riesgos asociados a la conducción de corriente. En centros de datos, laboratorios o archivos puede destruir activos críticos que el fuego ni siquiera ha alcanzado. En esos escenarios, el agua mal utilizada deja de ser una solución y se convierte en un segundo siniestro.

Lo preocupante es que muchas organizaciones desconocen que existen tecnologías diseñadas precisamente para los riesgos que el agua no puede controlar. Sistemas de supresión con agentes limpios que protegen equipos sensibles, espumas especializadas para incendios con hidrocarburos, mecanismos de detección temprana capaces de actuar antes de que las llamas sean visibles y redes de protección diseñadas - sprinklers calibradas por tipo de industria-, según las características específicas de cada operación.

A lo largo de mi experiencia profesional he comprobado que la diferencia entre una empresa que logra recuperarse después de un incendio y otra que queda paralizada no suele estar en la magnitud del incendio. Está en las decisiones que tomó antes de que ocurriera.

Por eso hay una pregunta que considero fundamental en cualquier estrategia de protección: ¿qué es exactamente lo que se está protegiendo?

No es una pregunta retórica. Una bodega de textiles enfrenta riesgos distintos a los de un cuarto de servidores. Una planta química requiere medidas diferentes a las de un centro de distribución de alimentos. Una clínica, una refinería y una industria manufacturera no pueden protegerse bajo la misma lógica. El sistema adecuado depende del riesgo real de cada operación y no de una plantilla genérica diseñada para cumplir un requisito normativo.

Sin embargo, en Colombia todavía es frecuente encontrar empresas que consideran la protección contra incendios como un trámite más dentro de una auditoría, cuando en realidad debería ser parte integral de la estrategia de continuidad del negocio.

Después de años trabajando en protección contra incendios industriales en los que llevamos años diciéndole a la industria colombiana que protegerse no consiste en comprar un extintor por cumplir una exigencia regulatoria. Consiste en comprender qué tipo de incendio podría ocurrir en una operación específica y contar con las herramientas adecuadas para enfrentarlo antes de que suceda.

La industria no puede detenerse. Esa es su razón de ser, su orgullo, su promesa a sus clientes, proveedores y trabajadores.

Pero existe una amenaza capaz de detenerlo todo en cuestión de minutos: un siniestro para el que nadie se preparó.

La pregunta no es si una empresa puede enfrentar un incendio. La pregunta es si, cuando ocurra, estará realmente preparada para proteger todo aquello que tardó años en construir.

Mónica Delgado Castañeda, CEO Estratégica de Fluidpack e IQD – Fire Sprinkler Center