Cada cambio de gobierno reabre en Colombia una discusión que nunca termina: la tributaria. Y aunque las necesidades fiscales cambian y las prioridades de cada administración son distintas, hay un elemento que debería permanecer estable: las reglas que determinan cómo se incentiva el ahorro, la inversión y el desarrollo del mercado de capitales.
La urgencia fiscal es legítima y recurrente: ningún país construye finanzas públicas sanas sin una conversación seria sobre tributación. Pero cuando esa conversación se resuelve reforma tras reforma, bajo la presión del momento, el mercado de capitales paga un costo distinto al fiscal: la falta de previsibilidad. Un inversionista de largo plazo no decide con las reglas de hoy; decide con la expectativa de las reglas de mañana.
Colombia tiene ante sí la oportunidad de construir una política tributaria moderna para el mercado de capitales, pensada de forma articulada y capaz de trascender los períodos presidenciales. Tres principios deberían orientar esa discusión.
El primero es la neutralidad en el tratamiento del inversionista de portafolio, sea local o extranjero. Cuando se eleva de forma selectiva la carga tributaria sobre el capital extranjero, sin un ajuste equivalente para el local, se envía una señal que compite, en tiempo real, con la de otros mercados por ese mismo capital. En un mercado accionario con liquidez limitada como el colombiano, esas señales definen si el capital de portafolio llega o se va a otro país.
El segundo es el tratamiento diferenciado del ahorro de largo plazo. Un régimen que grava el stock del ahorro en lugar de su flujo, y el rendimiento nominal en lugar del real, termina castigando exactamente el tipo de ahorro que el país necesita para profundizar su mercado de capitales: el que permanece invertido varios años, no el que rota en el corto plazo.
El tercero es la convergencia tributaria con los mercados de capitales con los que Colombia ya está integrándose operativamente, como Chile y Perú a través de nuam. Mientras existan diferencias relevantes entre los tres países, se generan incentivos para el movimiento de capital hacia el destino de menor carga tributaria y no hacia el de mejores fundamentales, afectando cualquier proceso de integración regional.
El país tiene hoy la oportunidad de construir un marco tributario que trascienda los períodos presidenciales y brinde señales claras a quienes invierten con visión de largo plazo. La pregunta de fondo no es qué reforma se apruebe esta vez, sino qué tipo de mercado de capitales quiere construir Colombia durante la próxima década.
Shenny González Uribe, presidenta de Asobolsa