Estamos viviendo uno de los momentos más importantes de transformación empresarial en todos los aspectos, lo que nos lleva a enfrentar retos y la inteligencia artificial es uno de ellos. Un desafío que dejó de ser una promesa para convertirse en una capacidad real que redefine la manera en que las organizaciones operan, toman decisiones y se relacionan con sus clientes. Pero, mientras la inteligencia artificial avanza, también lo hacen los riesgos.

Lo más valioso para cualquier compañía, sin importar su sector, su tamaño o su especialidad, es la información, su activo más valioso. Los datos representan conocimiento, reputación, estrategia, relaciones con los clientes y, sobre todo, confianza. Por eso considero que el gran desafío de esta nueva era no será únicamente cómo utilizar la inteligencia artificial, sino cómo hacerlo sin comprometer aquello que hace valiosa a una organización: su información y la confianza de las personas.

Durante años, la ciberseguridad fue percibida principalmente como una responsabilidad tecnológica, pero hoy esa visión resulta insuficiente porque una brecha de seguridad ya no es simplemente la falla de un sistema: puede detener una operación, afectar las finanzas de una compañía, comprometer información confidencial y deteriorar en cuestión de horas una reputación construida durante décadas. La inteligencia artificial amplifica este escenario, por una parte, nos ofrece capacidades extraordinarias para anticipar amenazas, analizar comportamientos y responder con mayor velocidad; pero por otra, permite que los ataques sean más sofisticados, automatizados y difíciles de identificar.

Pero existe un riesgo aún más profundo: el uso de información sensible en entornos de inteligencia artificial sin suficientes controles. Ante ello, debo decirlo, la mayoría de las compañías no han definido claramente qué información puede utilizarse, quién puede acceder a ella, cómo debe protegerse o qué responsabilidad existe detrás de cada decisión automatizada.

La confianza, una ventaja diferencial y competitiva

Como CEO de una organización dedicada a la ciberseguridad, creo firmemente que la protección de la información ya no puede abordarse cuando aparece una amenaza, sino que debe comenzar mucho antes: cuando diseñamos una estrategia de inteligencia artificial, seleccionamos una plataforma tecnológica, compartimos información con terceros y cuando definimos nuevos modelos de negocio. La seguridad debe formar parte del diseño.

Ahora bien, construir un futuro digital más seguro también implica abrir espacios para que más mujeres participen en las decisiones del sector, diseñen tecnología y lideren equipos, pues la diversidad de perspectivas fortalece la manera en que entendemos los riesgos y enfrentamos los desafíos de la ciberseguridad.

Por eso, estoy convencida de que esta conversación debe llegar definitivamente a las juntas directivas, a la alta dirección. Los líderes empresariales necesitamos preguntarnos no solamente cuánto estamos invirtiendo en transformación digital, sino qué información sostiene nuestro negocio, qué tan expuesta está y qué ocurriría si mañana dejáramos de tener control sobre ella. En esta nueva realidad proteger los datos no será simplemente cumplir una regulación, será proteger la continuidad y el valor de la compañía.

Estamos entrando en una época en la que prácticamente todas las organizaciones utilizarán inteligencia artificial. Por ello, la diferencia no está simplemente en quién la adopte primero, sino en quién logre hacerlo mejor, en quién sea capaz de innovar mientras mantiene el control de su información, en quién pueda utilizar los datos sin comprometer la privacidad y en quién pueda crecer sin poner en riesgo la confianza de sus clientes.

Bibiana Rodriguez R., CEO de Multisoft