Durante décadas, la moda ha tenido una especie de romance místico con la aspiracionalidad de quienes la seguimos. Nos fascina la idea del diseñador solitario que, en un momento de genialidad absoluta frente a un lienzo en blanco, dibuja la silueta que definirá una colección.
Por eso, cuando empezamos a escuchar que la Inteligencia Artificial estaba entrando a los talleres, empresas, marcas y pasarelas, más de uno se escandalizó. ¿La IA reemplazando modelos, sustituyendo cargos, trabajos y funciones, haciendo campañas y estrategias de marca?
La realidad es mucho menos fría y bastante más emocionante. La tecnología en la moda no viene a quitar el alma de las prendas, ni de las empresas; viene a resolver los dolores de cabeza más humanos de esta industria.
Como ejemplo, hablemos del sobre stock o la sobre producción de prendas en la mayoría de marcas. El gran enemigo de la moda sostenible es el exceso de inventario. Tradicionalmente, las marcas producían colecciones enteras basándose en lo que creían que se iba a vender en una temporada. El resultado: toneladas de ropa que terminaban en saldos o, peor aún, en vertederos.
Aquí es donde entra la magia de las herramientas digitales y de la IA. Hoy, los agentes y algoritmos analizan el comportamiento en redes sociales, las búsquedas en Google y el clima de una región no para diseñar por nosotros, sino para decirnos con precisión: “Oye, la tendencia va por los tonos tierra y las siluetas fluidas, no satures el taller con chaquetas rígidas”. Es democratizar la oferta y, sobre todo, hacerla consciente. Es producir lo que realmente se va a usar y a vender.
¿Cuántas veces hemos entrado a un ecommerce y nos sentimos abrumados por miles de productos e información que no entendemos? La tecnología actúa como ese personal shopper (asesor de imagen) que te conoce de toda la vida. Aprende si prefieres el lino sobre el poliéster, si tu estilo tiende al minimalismo o si buscas piezas con historia. No te muestra ropa al azar; es el curador de una experiencia. Selecciona por ti, bajo tu criterio.
Incluso el gran reto del comercio electrónico (acertar con la talla), se está solucionando con probadores virtuales que entienden la diversidad de los cuerpos reales. Menos devoluciones significan menos camiones contaminando las calles, más ventas y más clientes felices. Así de simple.
Al final del día, una pantalla puede mezclar millones de patrones, texturas y colores en segundos, ofreciendo combinaciones en las que un cerebro humano jamás habría pensado. Pero la tecnología no sabe lo que se siente cuando una tela roza la piel. No entiende la nostalgia de un encaje artesanal ni el poder de empoderamiento que da una chaqueta bien estructurada.
La tecnología es el lienzo interactivo más avanzado que hemos tenido. Nos quita el peso de la logística pesada, de las matemáticas del inventario, del miedo a la página en blanco y lo más importante: nos da tiempo a nosotros como seres humanos. Pero el toque final, la belleza de la imperfección, el drama y la delicia de vestirnos, eso sigue siendo, y siempre será, un superpoder absolutamente humano.
La próxima vez que escuches hablar de Inteligencia Artificial en la moda, no pienses en robots fríos que van a suplantar todo. Piensa en una nueva aguja, mucho más rápida y precisa, hilando el futuro de una industria que urge ser más eficiente, sostenible y personalizada.
Eleonora Morales, empresaria de moda. Fundadora de Garage Sale y Luxe by EM