Hay decisiones que no nacen frente a un espejo. Nacen después de una enfermedad, de un embarazo, de una pérdida de peso, de años de múltiples cambios físicos o, simplemente, de querer sentirse más cómodas, recuperar seguridad o volver a disfrutar de la propia imagen.
Cuando una persona decide someterse a una cirugía plástica, la conversación no debe tratarse únicamente de belleza, sino también de emociones, expectativas y decisiones conscientes. Cada cuerpo cuenta una historia y muchas veces, una cirugía comienza mucho antes de entrar a un quirófano. Por eso, cada persona debe ser escuchada, orientada y tener claro los límites sobre lo que una cirugía estética puede o no transformar.
Hay mujeres que después de convertirse en madres sienten que su cuerpo cambió profundamente. Aparecen estrías, flacidez, separación de los músculos abdominales (conocida como diástasis) y cambios que pueden hacer que lo que ven en el espejo ya no corresponda con la imagen que tienen de sí mismas.
Pero también están quienes atravesaron procesos de salud complejos. Personas que aumentaron considerablemente de peso por diferentes circunstancias y que, después de lograr transformaciones, se encuentran frente a un cuerpo que conserva las huellas de ese recorrido: excedentes de piel, flacidez y cambios en la silueta. Para ellas, recuperar el contorno corporal puede representar también cerrar un capítulo difícil de sus vidas.
Y existen otras historias menos comunes. Mujeres que durante años han postergado una decisión, que han aprendido a convivir con aquello que les incomoda o que simplemente llegan a un punto en el que desean hacer algo por ellas mismas. No todas buscan parecer más jóvenes o encajar en un estándar. Algunas quieren sentirse cómodas con cierta ropa, otras desean recuperar proporciones corporales que tenían antes de ser madres. Algunas buscan corregir una condición que afecta su comodidad física, y para otras, el cambio representa una forma de recuperar seguridad, libertad y empoderamiento.
Si algo me ha enseñado mi experiencia como médica es que cuando cambia la manera en que nos sentimos con nosotros mismos, también puede cambiar la manera en que habitamos el mundo. La autoestima no depende de una cirugía, pero sentirse en armonía con el propio cuerpo puede influir en la forma en que una persona se relaciona, se viste, se mueve, se mira y vuelve a ocupar espacios que quizá había dejado atrás.
Por eso creo que una cirugía plástica no debería ser una respuesta a la presión social ni a la necesidad de parecerse a alguien más. Debe ser una decisión personal, informada y realista, que nazca del deseo de hacer algo por sí mismo, no de la obligación de cumplir con una imagen.
Detrás de cada cirugía debería existir una razón que tenga sentido para quien la toma. Al final, no se trata solamente de cambiar un cuerpo, sino de acompañar a una persona en una decisión que, por una u otra razón, ha elegido para sentirse mejor, recuperar algo de sí misma o comenzar una nueva etapa. Porque la verdadera transformación no ocurre cuando finalmente nos vemos diferentes frente al espejo, sino cuando volvemos a sentirnos nosotros mismos.
Dra. Greys Pérez M. fundadora de Victoria Home Health and Spa