Hay días que nos cambian la manera de mirar la vida. El pasado 10 de agosto fue uno de ellos.

A las 7:34 de la mañana, un terremoto irrumpió en la vida de miles de colombianos. Más de 300 personas perdieron la vida y más de 4.500 resultaron heridas. Sin embargo, detrás de esas cifras no hay solamente números: hay rostros, familias, historias que quedaron suspendidas en cuestión de segundos.

Hay una madre esperando noticias. Un hijo que pregunta por qué su papá no vuelve. Una familia reunida en un hospital. Una persona que, después de perderlo todo, solo espera tener una oportunidad para comenzar de nuevo. Son historias distintas, pero todas tienen algo en común: una vida que cambió de un momento a otro.

Y es justamente ahí donde entendemos que una tragedia no termina cuando deja de temblar la tierra. Después vienen las heridas, las cirugías, los tratamientos, la rehabilitación, el miedo y una larga reconstrucción de la vida. Con el paso de los días, esta tragedia nos deja una reflexión que va mucho más allá de la emergencia: la salud puede convertirse, en un instante, en nuestra mayor necesidad.

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Frente a una realidad como esta, como gerente de la Lotería de Cundinamarca, pero, sobre todo, como colombiana, no puedo ser indiferente frente a ese dolor. Y es precisamente desde esa reflexión que quiero hablar de algo que hacemos con frecuencia, muchas veces sin detenernos a pensar en lo que hay detrás: el juego legal.

Y es que, cuando una persona compra legalmente un billete de lotería, no está solamente comprando un número o la posibilidad de ganar. Está participando en una actividad que genera recursos destinados a la salud de los colombianos.

Quizás, antes de una tragedia, esa frase puede parecernos distante. Después del 10 de agosto, no.

Y cuando vemos hospitales atendiendo heridos, familias esperando y personas luchando por recuperar su salud, entendemos que cada recurso destinado a la atención puede representar algo mucho más grande: una oportunidad.

Una oportunidad para atender, para recuperar, para seguir viviendo.

Por eso creo que jugar legalmente también puede entenderse como un pequeño acto de responsabilidad colectiva. No porque un billete vaya a resolver una tragedia, sino porque miles de decisiones individuales pueden convertirse en recursos que ayudan a sostener una causa que nos pertenece a todos: la salud.

Y es precisamente en medio de esta reflexión que llega una Navidad diferente.

El próximo 12 de septiembre se jugará el Sorteo Extraordinario de Navidad, realizado conjuntamente por la Lotería de Cundinamarca y la Lotería Nacional de la Cruz Roja Colombiana. Tendrá un premio mayor de $18.000 millones y un plan de premios superior a $47.000 millones.

Claro que podemos soñar con ganar. Soñar también es una forma de esperanza. Pero hoy quisiera que miremos ese billete de otra manera. Pero hoy quisiera invitarlos a que miremos ese billete de otra manera.

Que detrás del número veamos una posibilidad de aportar.

Que detrás del juego legal recordemos la importancia de la salud.

Que detrás de una ilusión personal entendamos que también puede existir un propósito colectivo. Y que, si la suerte llega, sepamos recibirla con gratitud.

También quisiera pensar en nuestros loteros, asesores y distribuidores. Hombres y mujeres que salen cada día a trabajar y que hacen posible que esta tradición llegue a los hogares colombianos. Detrás de cada billete hay también una persona que merece ser reconocida.

El 10 de agosto nos recordó, de la manera más dolorosa, que la vida puede cambiar en un segundo.

Nos recordó que la salud no tiene precio. Que un abrazo puede ser el último. Que volver a casa puede convertirse en el mayor de los sueños.

Por eso, esta Navidad adelantada quisiera que fuera mucho más que un sorteo. Quisiera que fuera también una oportunidad para detenernos, mirar lo que tenemos y recordar lo verdaderamente importante.

Que nos invite a celebrar la vida, a agradecer lo que tenemos y, sobre todo, a pensar en quienes hoy necesitan una mano.

El próximo 12 de septiembre alguien podrá ganar $18.000 millones.

Ojalá sea usted.

Pero, después de lo que vivimos, creo que la verdadera fortuna tiene otro significado. Hoy, para mí, tiene que ver con aquello que muchas veces damos por sentado y solo valoramos cuando está en riesgo.

Es tener salud, es poder volver a casa, es tener a quién abrazar.

Y es que, cuando alguien más necesita ayuda, podamos hacer algo para que también tenga la oportunidad de seguir adelante.

Porque quizás ese sea el verdadero sentido de jugar legalmente: que una pequeña ilusión individual pueda convertirse, entre todos, en una esperanza para muchos.

Maribel Córdoba Guerrero, gerente general de la Lotería de Cundinamarca