A lo largo de mis 19 años en el mundo corporativo, he aprendido que el liderazgo no se trata simplemente de alcanzar objetivos, sino de tener un propósito claro que inspire y movilice a un equipo hacia una meta común.
Desde mis inicios entendí que un buen líder debe ser, ante todo, un eterno innovador, ese ha sido uno de los mayores retos de mi carrera. En mi paso por Coca-Cola aprendí la importancia del cliente; en China, trabajando en comercio internacional, entendí la necesidad de adaptar estrategias a culturas que piensan y consumen de manera distinta; en KitchenAid y Samsonite perfeccioné la construcción de marcas premium en mercados altamente competitivos.
Hoy, desde mi rol actual, sigo enfrentando ese mismo reto, pero con mayor claridad: el verdadero desafío del liderazgo no es crecer más rápido, sino crecer mejor. Y en ese proceso hay una metáfora que lo resume todo: la cordada. En el hiking una cordada es un grupo de personas unidas por una cuerda mientras ascienden una montaña.
Entonces, en el mundo corporativo, un líder no empuja únicamente a los más fuertes; se asegura de que nadie se quede atrás. Eso implica formar, acompañar y escuchar, porque el éxito colectivo siempre será más valioso que cualquier logro individual.
Como en el hiking, liderar también es encontrar el equilibrio entre retar y proteger. Se trata de impulsar al equipo a asumir desafíos cada vez más grandes, pero creando las condiciones para que esos retos sean alcanzables. Creo firmemente que cuando trabajamos alineados y con un propósito claro, todo empieza a ordenarse a favor de esa cima que soñamos alcanzar. Mi éxito no es individual; es el resultado de creer en lo que hago, de pensar en positivo y de rodearme de un equipo apasionado por conquistar sus propias metas.
Al final del día, mi idea de liderazgo es sencilla: ser una luz, una guía. Acompañar para que, sin importar el camino de cada uno, avancemos en una misma dirección: la conquista de nuestras metas, con fe y con propósito.
Porque liderar no es subir solo. Es asegurarse de que nadie se quede atrás. En las empresas, como en la vida, la clave está en querer con propósito, hacer con pasión, creer sin límites y agradecer siempre el camino recorrido.
Rosine Dallos Jabbour, directora de Topara