Durante los últimos meses la inclusión laboral ha ocupado un lugar importante en las conversaciones de muchas organizaciones. La reforma laboral, las nuevas obligaciones y los plazos de contratación han llevado a que cada vez más empresas se pregunten cómo avanzar en este tema y qué cambios realizar para responder a las nuevas exigencias. Y es natural que muchas de estas conversaciones se hayan enfocado en los desafíos que implica hacerlo bien. Sin embargo, mientras hablamos de barreras, ajustes y procesos, hay una pregunta que aparece con menos frecuencia: ¿qué beneficios están obteniendo las organizaciones que han apostado seriamente por la inclusión?

Con frecuencia la inclusión se presenta como una responsabilidad social o como una obligación normativa. Sin embargo, lo que pocas veces discutimos es que muchas organizaciones alrededor del mundo han descubierto que sus beneficios van mucho más allá. Además de ampliar oportunidades para poblaciones que históricamente han enfrentado mayores barreras de acceso al empleo, la inclusión también ha demostrado generar resultados positivos para los equipos, fortalecer la cultura organizacional y aportar valor al negocio.

Uno de los ejemplos más conocidos es el de SAP, una multinacional alemana líder mundial en el desarrollo de software empresarial. En 2013, la compañía creó su programa de inclusión llamado Autism at Work con el propósito de generar oportunidades laborales para personas dentro del espectro autista. Con el paso de los años, la organización identificó beneficios que iban mucho más allá del objetivo principal. Los equipos empezaron a incluir nuevas formas de analizar problemas, abordar procesos que durante años se habían hecho de la misma manera y desarrollar soluciones. Lo que comenzó como una estrategia de inclusión terminó convirtiéndose en una fuente de innovación para la organización en áreas tan diversas como tecnología, finanzas, recursos humanos y servicio al cliente.

Y SAP no ha sido la única organización en identificar este tipo de beneficios. En los últimos años, compañías como Microsoft también han impulsado iniciativas para incorporar talento neurodivergente, partiendo de una idea sencilla: las personas no siempre aprenden, analizan información o resuelven problemas de la misma manera. Lo interesante es que, detrás de estas experiencias, empieza a aparecer una conclusión común: cuando las organizaciones logran integrar perspectivas diferentes, no solo amplían oportunidades laborales, también enriquecen la forma en que sus equipos aprenden, colaboran y encuentran soluciones frente a desafíos cada vez más complejos.

Muchas veces hablamos de diversidad e inclusión como si fueran conceptos separados de la estrategia del negocio, cuando en realidad están profundamente conectados. Las organizaciones toman decisiones todos los días: sobre productos, servicios, clientes, procesos y personas. Cuando esas decisiones son analizadas por equipos conformados por personas con trayectorias similares, es más probable que se llegue a conclusiones parecidas. En cambio, cuando existen experiencias diversas alrededor de la mesa, aparecen preguntas que antes no se hacían, riesgos que no se habían identificado y oportunidades que antes podían pasar desapercibidas.

También existen beneficios importantes en la cultura organizacional. Los equipos inclusivos suelen desarrollar mayores capacidades de adaptación, comunicación y colaboración. La convivencia con personas que tienen experiencias y maneras de ver la vida distintas obliga a cuestionar supuestos, revisar prácticas establecidas y generar dinámicas de trabajo más flexibles. Esto no solo beneficia a quienes ingresan a la organización, sino también a quienes ya hacen parte de ella.

Por supuesto, nada de esto ocurre automáticamente. La inclusión no genera resultados únicamente porque una persona haya sido contratada. Requiere preparación, ajustes y un compromiso genuino por parte de las organizaciones. Sin embargo, la experiencia de muchas empresas demuestra que cuando este trabajo se realiza de manera seria, los beneficios terminan extendiéndose mucho más allá de las personas directamente vinculadas.

Durante mucho tiempo la conversación sobre inclusión se ha centrado en las barreras que debemos eliminar. Y es una conversación necesaria. Pero quizás también vale la pena empezar a mirar con más atención lo que ocurre cuando esas barreras comienzan a desaparecer. La experiencia de muchas organizaciones muestra que la inclusión no solo transforma la vida de las personas que acceden a una oportunidad laboral. También transforma los equipos que trabajan con ellas, a las organizaciones que aprenden de perspectivas diferentes y a las culturas que se vuelven más abiertas al cambio. Tal vez por eso algunas de las empresas que más avanzan en este tema ya no hablan de inclusión únicamente desde el cumplimiento o la responsabilidad social, sino como una decisión que también les permite ser mejores organizaciones.

Angélica Cantillo consultora en recursos humanos