Durante años nos programaron para ver a las demás mujeres como competencia, con críticas duras entre el sexo femenino, llegando muchas veces a la intolerancia y la crueldad, con la creencia de que debíamos aventajarnos unas a otras y vernos como rivales.
Sin embargo, afortunadamente, hoy sabemos que el poder de lo colectivo que desatamos cuando aprendemos, creamos y sanamos juntas es fundamental para el crecimiento mutuo. Tanto así que ya vemos grupos organizados en pro de la integración de talentos y experiencias femeninas como el Círculo de Mujeres Semana Dinero, comunidad de invaluable aporte, donde podemos aprender unas de otras.
Para mí en lo personal, los encuentros de mujeres son espacios donde podemos encontrarnos en la otra, cada historia es un reconocimiento de un camino recorrido con retos y victorias, donde todas podemos desde la humildad, nutrirnos de la experiencia ajena y ser aporte real, esto confiando en la oportunidad maravillosa de creación innata de las mujeres.
Conectar de corazón a corazón entre nosotras es un acto profundo de valentía y reencuadre emocional. Cuando una mujer comparte su conocimiento, su experiencia o incluso sus vulnerabilidades, desarticula el miedo y se dispone a romper los techos de cristal que la historia nos ha impuesto.
Como mi camino de vida, que ha estado marcado por pruebas duras y momentos en que la incertidumbre y la impotencia intentó ganar la partida. Allí tuve la convicción de que sí se puede logre una sanación profunda, aprendí que el dolor también deja conocimiento y que de ahí también podemos contribuir a la vida de otros. Así que cuando nos unimos las mujeres, desde la genuinidad, sin la necesidad de aparentar o ser más que la otra, como acaba de pasar en un Bootcamp que compartí con algunas mujeres en Barú, creamos experiencias para acortar el camino de la otra y evitamos los dolores que ya cada una ha pasado por desconocimiento de causa.
Cuando una mujer sana, aprende y se empodera, no se transforma solo ella, también sana su familia, su entorno y su comunidad entera. Este es nuestro pilar en Fundasol 126, y es lo que ha marcado mi vida, ya que la mujer es fuente de vida y también de inspiración, por eso es tan importante su bienestar para lograr generarlo realmente a su alrededor.
Apoyarnos mutuamente tampoco es una consigna popular o una frase de cajón, es una urgencia vital. La creatividad y el emprendimiento femenino necesitan dejar de ser una cuenta de esfuerzos aislados donde cada una pedalea sola, para convertirse en un ecosistema seguro para unir fuerzas, herramientas y saberes que nos garantice no solo llegar si no hacerlo más rápido y generar un mayor impacto en la vida de muchos. Respaldar el proyecto, la empresa, el libro o las iniciativas de otra mujer es inyectarle legitimidad y valor a la realidad de cada una y con seguridad total también es aporte para un tejido social que nos necesita activas, conscientes, firmes y sobre todo unidas.
Tejer red es el único camino genuino para trascender. Dejemos las excepciones para convertirnos en la regla de un mundo donde el éxito de la de al lado sea, sin lugar a duda, un triunfo colectivo.
Ya dejemos de creer que el mundo es un escenario competitivo y juguémonosla por crear escenarios colaborativos donde todas podamos evolucionar, servir y disfrutar.
Todas somos merecedoras, quienes se quedan en casa cuidando sus familias, quienes viajan buscando oportunidades mejores, quienes deciden no tener hijos, quienes sí, quienes le apuestan al matrimonio y quienes no, en fin todas merecemos y todas podemos.
Y al llegar a la cumbre, ver como lo logramos y reconocernos como exitosas, sabremos que fue gracias a nosotras mismas y a aquellas mujeres y organismos de mujeres que apostaron por nosotras.
Y entonces, solo entonces reconoceremos que “el poder”, al final del día, no es otra cosa que alcanzar las estrellas para ponerlas al alcance de quienes aún las ven lejos.
Por Marisol Pabón Rodríguez, presidenta ejecutivo de Wo´Man Equity