Se está cumpliendo un mes desde que se inició la invasión a Ucrania por Rusia. En tan breve término, se ha producido un cambio sin precedentes en la geopolítica mundial, cuyo epílogo todavía es difícil de predecir. Sin embargo, algunos hechos podrían señalarse. Las negociaciones prosiguen, aunque aún no se conoce el borrador de lo que pudiera ser un acuerdo.

Pero, evidentemente, Ucrania no será parte de la Otan como se había previsto. Los Estados Unidos y otro grupo de países avanzaron imprudentemente, incorporando a naciones cercanas a Rusia a la organización. Cuando el próximo candidato era Ucrania, Putin reaccionó.

Ucrania, en los acuerdos que firme con Rusia, seguramente deberá comprometerse a no aceptar bases militares en su territorio. De otra manera, su no ingreso a la Otan sería totalmente nominal y los riesgos contra la seguridad rusa persistirían. Necesariamente, las provincias de Donetsk y Lugansk, en la región de Donbás, que fueron reconocidas como estados independientes por Rusia, posiblemente serán aceptadas con cualquier modalidad por Ucrania. Putin no se conformará con otra cosa.

De igual manera, Ucrania va a tener que aceptar, al menos tácitamente, la incorporación de Crimea a Rusia en 2014, después de un referendo en el que la gran mayoría de la población apoyó la anexión. La invasión a Ucrania se dio después de que los países de la Otan pasaron de agache la invasión rusa a Crimea. Muchas declaraciones y amenazas, pero nada más. Putin tomó nota, además, que entre los países de la Otan había profundas diferencias, no solamente con respecto a Rusia, sino en relación con la misión y alcances de la organización.

Pero para Putin las cosas no serán buenas. Con la invasión logró lo que había tratado de evitar durante muchos años: la unidad de la Otan, al menos en algunos aspectos básicos.

Igualmente, no obstante el apoyo popular al principio, este se está debilitando y su población se va a encontrar en poco tiempo con que las florecientes ciudades rusas, por efecto de las sanciones, van a pasar paulatinamente a convertirse en las vetustas poblaciones de la antigua Unión Soviética. Eso no lo van a aceptar sus súbditos, porque pasar de la pobreza al confort y al progreso es muy bueno. Pero el efecto inverso es muy peligroso.

Además, Rusia va a quedar ante el mundo no solamente como un violador de los derechos humanos, sino que será considerado como el campeón de los crímenes de lesa humanidad, producto de una guerra que será siempre considerada injusta. Haciendo además caso omiso del fallo sobre medidas cautelares proferido recientemente por la Corte Internacional de Justicia.

Se equivocó también el jerarca ruso en su cálculo sobre el gobernante ucraniano. De otra manera, la sola demostración de fuerza rusa hubiera sido suficiente para consolidar de un plumazo la segregación de las provincias orientales con la promesa de Ucrania de no incorporarse a la Otan. Incluso si hubiera estado en la jefatura del Estado, su pupilo Víktor Yanukóvich habría invitado a fuerzas rusas a estacionarse en Ucrania.

Otra vez ahí Putin jugó mal la partida, porque no pudo impedir que fuera derrocado con el “discreto” apoyo de países de Occidente y por las manifestaciones públicas de los ucranianos, que querían incorporarse a la Unión Europea y no la Unión Económica Euroasiática, constituida por antiguas repúblicas soviéticas, controladas ahora por Rusia.

Habrá de todas maneras que ver cuáles serán las secuelas definitivas de las sanciones impuestas a Rusia por los países de la Otan y el efecto que tendrán para ella y para las demás naciones europeas y el mundo. Incluso en Colombia y en los demás países de América Latina.

Un cómico de la farándula que fue elegido presidente por un pueblo que estaba hastiado de la politiquería se convirtió en un héroe no solo nacional, sino mundial: Volodímir Zelenski.

La afectación no es solo por la suspensión del comercio con Rusia, sino también con Ucrania y Bielorrusia. En nuestro país ya se han señalado los efectos sobre el abastecimiento de fertilizantes y la consiguiente alza en los productos agrícolas; Ecuador pierde 2,5 millones de dólares semanales al no vender sus productos a Ucrania. Situaciones similares se han dado en otros países latinoamericanos.

No obstante, los países productores de petróleo han presenciado con alborozo el aumento de los precios del producto, que hace apenas dos años se encontraba a 48 dólares el barril. En ese entonces, las empresas petroleras afirmaban que, con ese precio, los solos costos de la exploración eran mayores y que, por lo tanto, no iban a operar con pérdidas. Y sin exploración no hay petróleo.

Pero hay otros efectos de la invasión. De la noche a la mañana, en un país incomparablemente más débil militarmente que Rusia, un cómico de la farándula que fue elegido presidente por un pueblo que estaba hastiado de la politiquería se convirtió en un héroe, no solo nacional, sino mundial. El mundo hacía muchos años no veía algo parecido.

No hay noticias de que ningún personaje haya sido recibido sucesivamente por los parlamentos de Alemania, Francia, Reino Unido y por el Congreso de los Estados Unidos en pleno, pero Volodímir Zelenski lo logró entre lágrimas de los parlamentarios que lo ovacionaban de pie, antes de que acordaran por unanimidad apoyos y ayudas de carácter militar y económico.

La pregunta es si ahora el Congreso de un país latinoamericano se atrevería invitarlo y, si llegara a ser así, cómo sería recibido por los parlamentarios en su intervención. Los ucranianos, con Zelenski a la cabeza, han demostrado que, con un líder valiente y decidido, pueden resistir la invasión de una de las Fuerzas Armadas más poderosas del mundo.

Queda la lección de que un país, por más armamentos sofisticados que posea, no puede arrinconar a un vecino con aviones, tanques y arengas vociferantes si ese vecino tiene un pueblo que no está dispuesto a rendirse y que luchará hasta el último momento.

Se ha vuelto también por el patriotismo, que en nuestro medio es algo desueto y hasta ridículo. No obstante que Ucrania es un país multicultural, donde incluso una parte de la población habla el idioma del agresor y que sus habitantes tienen orígenes y familiares en Rusia, ante todo, son ucranianos.

Necesariamente, los Estados Unidos y especialmente Europa occidental deberán reflexionar qué hacen ante la tremenda dependencia de Rusia, especialmente en petróleo y gas, para no hablar de otros productos.

Cuando los Estados Unidos comenzaron a dar los pasos para suplir el petróleo ruso, que era apenas el 7 por ciento de sus importaciones petroleras, dejó de lado ciertos objetivos políticos, que en nuestro medio se creían que eran fundamentales en la política norteamericana, como la relación con el Gobierno de Maduro.

Se acercaron a sus amigos árabes para que aumentaran la producción de petróleo, pero casi todos le voltearon discretamente la espalda, con el argumento de que no los había ayudado suficientemente frente a los riesgos de seguridad que afrontaban.

Sin embargo, los diminutos Emiratos Árabes no solo se mostraron dispuestos a hacerlo, sino que convencieron a los demás de que hicieran lo mismo. Falta saber si esta coyuntura de los altos precios del petróleo se mantendrá y si Colombia, en esas condiciones, estaría dispuesta a suplir las exportaciones de petróleo con la de aguacates.