Del 17 al 22 de marzo de 2018, cerca de 7.000 personas de más de 30 países y casi todos los estados brasileños se reunieron en el Foro Mundial Alternativo del Agua (FAMA). El objetivo de la movilización fue cuestionar la legitimidad del Foro Mundial del Agua.
Innumerables comunidades de todo Brasil se han visto afectadas por diferentes conflictos relacionados con las múltiples cuencas hidrográficas y la contaminación producida por agronegocios, grandes empresas petroleras, gasíferas o hidroeléctricas o por la industria minera. Muchos de los que se reunieron en el FAMA 2018 han sufrido las consecuencias de estos conflictos y creen en la importancia de solidarizarse entre sí.
A pesar de dichos esfuerzos, según un reportaje del medio británico The Guardian, las cinco fuentes naturales de agua; ríos y arroyos que abastecen a Tiningu, un pueblo al borde de la selva amazónica en el estado brasileño de Pará, atraen cada vez más a agricultores que buscan parcelas de tierra más grandes, lo que genera una feroz lucha por el agua.
El fazendeiro, un piscicultor llamado Silvio Tadeu, reclamó la propiedad de un punto de acceso al agua utilizado anteriormente por la comunidad, incluido el centro de salud, que, según dijo, estaba en su propiedad de seis hectáreas. Los aldeanos dicen que el granjero también prohibió a los niños nadar y bañarse en los arroyos que ahora consideraba suyos.
Esto planteó un problema para los residentes, que durante mucho tiempo habían utilizado el agua de forma comunitaria. Ademil Martínez Riveira, tío de Haroldo Betcel y presidente de la Asociación Tiningu dijo entre 2014 y 2018 que la comunidad recaudó fondos para construir un microsistema de seis metros de profundidad para abastecer de agua subterránea al punto público de agua.
Sin embargo, el medio británico reseña que, los residentes dicen que Tadeu y otros propietarios ignoraron los reclamos de la comunidad sobre el agua. Las cosas llegaron a un punto crítico cuando la esposa de Betcel, una enfermera, le dijo que un trabajador del rancho de Tadeu; Doriedson Rodrigues da Silva, cortaba el agua a la clínica “una o dos veces por semana”. Dado que el hospital más cercano está a 45 kilómetros de distancia, representaba una grave amenaza para los pacientes.
Betcel enfrentó a Rodrigues da Silva, sin éxito. Las discusiones se hicieron más frecuentes hasta septiembre de 2018, cuando, después de un torneo de fútbol, Rodrigues da Silva atacó a Betcel apuñalándolo por la espalda. Murió camino al hospital.
Haroldo Betcel, aparece en una lista de 1.335 defensores ambientales asesinados entre 2012 y 2022 en América Latina, según Global Witness. Eso significa que, en promedio, un defensor muere cada dos o tres días. América Latina es la región más peligrosa del mundo para quienes defienden el medio ambiente.
Al funeral de Haroldo Betcel asistieron 500 personas, convirtiéndose en un símbolo de resistencia. La Policía arrestó a Rodrigues da Silva en 2021 por otro asesinato y fue juzgado por ambos delitos. En febrero del año pasado fue condenado a 20 años de prisión.
Sin embargo, la condena no puso fin al conflicto por los recursos hídricos. Después de que un juez rechazara el reclamo de la comunidad sobre el punto de acceso al agua por el que Betcel había luchado, los aldeanos tuvieron que usar su ingenio para crear otro sistema para obtener agua potable.
Sin embargo, narran al medio de comunicación, la lucha es cada vez más dura. pues, en los últimos cuatro años, los bosques que alguna vez fueron densos que rodean la aldea han sido talados y convertidos en una vasta pradera verde utilizada para cultivar soja genéticamente modificada, que necesita mucha agua y pesticidas. Las comunidades están invadidas por enormes granjas, a las que legalmente solo se les permite cultivar el 20 % de sus tierras, aunque esta ley apenas se aplica.
Alrededor de una de las cuencas, un árbol tras otro ha muerto. También genera preocupación el estado de los dos arroyos del pueblo. Están estancados y turbios.
Desde octubre de 2018, y gracias a acciones legales emprendidas por la asociación Betcel, la tenencia de tierras de la comunidad Tiningu ha sido reconocida oficialmente como descendiente de personas que habían vivido allí después de escapar de la esclavitud. Dado que la constitución federal de Brasil garantiza el derecho de posesión permanente e intransferible sobre tierras tradicionalmente ocupadas, este es un primer paso importante para demarcar y reconocer legalmente los límites precisos de sus tierras.
El pueblo de Tiningu espera que su lucha finalmente termine, de acuerdo a lo que narran a The Guardian. Pero algunos aldeanos se resignaron a la idea de que nada cambiará y solo quieren vender sus tierras. Algunos piensan que la batalla ya está perdida y ya han abandonado el pueblo.