Al menos 1.400 personas han tenido que ser evacuadas en las inmediaciones de la ciudad de Odemira, en el suroeste de Portugal, debido a un incendio que se inició el pasado sábado 5 de agosto y que ha dejado por el momento cuatro heridos, entre ellos tres bomberos.
Los servicios de emergencias han indicado que otras 18 personas han necesitado asistencia médica en la zona, a medida que los bomberos se enfrentan también a varios focos registrados en localidades situadas más al norte, como Leiria y Oren.
Actualmente, hay desplegados más de un millar de bomberos que luchan contra las llamas en diversas partes del país, según informaciones del diario portugués Publico, si bien las labores de extinción se han visto complicadas debido al intenso calor, con temperaturas que alcanzan los 46,4 ºC en Santarem, al norte de Lisboa.
Ayer lunes registró un nuevo incendio en la localidad de Arcos, en el distrito de Oporto, en el norte del país, lo que ha provocado el cierre de la principal autopista que atraviesa la zona.
Alrededor de 900 bomberos apoyados por diez aeronaves se movilizaron en Odemira, cerca de la región turística del Algarve, donde ardieron ya varios miles de hectáreas, según las primeras estimaciones. En la noche del lunes 7 al martes 8 de agosto, “estabilizaron el perímetro” del incendio, pero “dos puntos críticos” requerirán de “muchos esfuerzos”, explicó el comandante de la protección civil portuguesa, José Ribeiro, a los periodistas.
Los habitantes de una veintena de municipios y turistas de vacaciones en alojamientos de turismo rural tuvieron que ser evacuados el lunes. Muchos de ellos fueron alojados en una escuela transformada en albergue.
Casi 1.500 personas fueron desplazadas en total desde el sábado, mientras que alrededor de cuarenta, entre ellos 28 bomberos, fueron atendidos por los servicios médicos de urgencia, según protección civil.
Otro incendio importante, en la región de Leiria, en el centro de Portugal, pareció calmarse en la noche del lunes al martes, después de haber destruido alrededor de 7.000 hectáreas.
Las temperaturas debían bajar ligeramente el martes, aunque podrían llegar a los 40 grados en algunos lugares, después de haber alcanzado los 46,4 °C el lunes en Santarem, en el centro, lo que supondría un récord para 2023, según una primera estimación de la agencia meteorológica portuguesa.
El estado de alerta se mantiene a los dos lados de la frontera, con el suroeste de España, en alerta naranja el martes, y la provincia de Córdoba, en Andalucía, en nivel rojo, lo que indica riesgo extremo, según la Agencia estatal de meteorología (Aemet).
Las temperaturas en España podrían alcanzar los 44 grados el martes y sobre todo el miércoles, cuando debe marcarse el pico de esta ola de calor, la tercera del verano, subrayó Aemet.
Este episodio debería durar hasta el jueves, con una docena de provincias españolas en alerta roja el pasado miércoles 2 de agosto en Andalucía, la región de Madrid, Castilla la Mancha, e incluso tan al norte como el País Vasco y sus alrededores.
Más de 1.000 hectáreas ardieron en España durante el fin de semana. Además, un nuevo incendio arrancó el lunes por la tarde en Extremadura, región vecina de Portugal, que los bomberos no consiguieron dominar durante la noche.
La península ibérica se encuentra en primera línea del calentamiento global en Europa, con una multiplicación de los episodios de canícula, de sequía e incendios.
Con información de Europa Press y AFP*