El desierto del Sahara es una de las áreas del planeta más cálidas y está ubicado en el top tres de los más grandes, por su extensión aproximada de 9.065.253 kilómetros.

En los siglos pasados, y antes que el desierto del Sahara se convirtiera en una de las zonas más áridas, se reconocía como el ‘Sahara verde’ o ‘Sahara húmedo’ debido a la cantidad de lluvia que llegaba a esas zonas del globo terráqueo. Con el paso del tiempo y gracias al cambio climático, la temperatura y el ambiente tuvieron cambios que lo llevaron a convertirse en uno de los lugares más cálidos del planeta.

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En la mañana del pasado 10 de septiembre, el mundo entero se sorprendió debido a las lluvias que se estaban presentando en el desierto del Sahara. Según Francesco Pausata, climatólogo del departamento de Meteorología de la Universidad de Estocolmo, “la precipitación anual en el Sahara occidental pudo haber sido de hasta 2.000 milímetros más de los que es hoy en día, con una vegetación parecida a la de la actual parte sur de Senegal”.

Según los datos del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas, desde hace algunos días ya se tenía pronosticado que las lluvias llegaran al desierto del Sahara pues, debido al desplazamiento del Frente Intertropical de Convergencia hacia el norte, se podría iniciar la formación de sistemas de tormentas en los alrededores del desierto, ocasionando el avistamiento de lluvias que no se presentaban hace 10 años.

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Debido a este cambio climatológico se pueden generar alteraciones a corto y mediano plazo en el hábitat natural de las especies que allí habitan. Camellos, escorpiones, serpientes, zorros, avestruces y coyotes se verían afectados por el cambio en la calidad del agua y el suelo, que llevaría a la modificación del entorno en este sitio desértico.