Desde la campaña presidencial, Abelardo De La Espriella fue claro en que no habría ninguna concesión en la guerra contra la coca. SEMANA confirmó que el Gobierno comenzará a utilizar un nuevo herbicida, distinto al glifosato, que fue prohibido por la Corte Constitucional hace unos años, previo a la firma del Acuerdo de Paz con las Farc.
La sustancia será el glufosinato de amonio. Y será utilizada en un plan piloto para demostrar técnica y científicamente a las autoridades que funciona y cumple los requisitos que se han establecido por la Corte para evitar daños al medioambiente y a la salud de las personas.
El 7 de agosto, durante su posesión, el presidente confirmó el regreso de las fumigaciones aéreas. Lo hizo desde el Batallón Pichincha en su primer discurso como jefe de Estado.
“La erradicación de los cultivos ilícitos por todas las vías será posible, es una prioridad nacional. La coca no se combate con estadísticas maquilladas ni con mapas manipulados, sino arrancándola de la tierra donde hoy alimenta la violencia y el crimen. Voy a implementar con herbicidas de última generación que no causan daño a la salud humana, no contravienen el mandato de la honorable Corte Constitucional y no afectan de ninguna manera el medio ambiente”, aseguró ese día.
El Gobierno De La Espriella recibió una situación alarmante en ese frente. En un artículo escrito para SEMANA, los investigadores Daniel Mejía y Santiago Tobón aseguraron que “Colombia registra hoy niveles récord de cultivos de coca y de producción potencial de cocaína. Según Naciones Unidas, el área sembrada con coca alcanzó las 262.000 hectáreas en 2024, mientras que la producción potencial de cocaína llegó a 3.001 toneladas, los niveles más altos de la historia reciente. Colombia produce hoy entre el 70 y el 80 por ciento de la cocaína consumida en el mundo”.
Los investigadores explicaron la magnitud de ese flagelo. “El narcotráfico de hoy supera en escala al de la época de Pablo Escobar y los grandes carteles. A finales de los años ochenta, los cultivos de coca de los tres países productores eran cerca de la mitad del área sembrada hoy, y la distancia en producción de cocaína es aún mayor que la distancia en cultivos. Una hectárea sembrada con coca en esa época producía menos de 3 kilogramos de cocaína por año, frente a los más de 10 kilogramos que logra producir una hectárea hoy. La región pasó de producir 730 toneladas anuales a finales de los ochenta, a más de 3.700 toneladas de cocaína en 2023. Esto es cinco veces más que durante los años de Pablo Escobar y el cartel de Medellín”.
Por cuenta de este grave panorama, el país fue descertificado por los Estados Unidos en la lucha contra las drogas durante el gobierno de Gustavo Petro. Gran parte de la explicación del aumento de los cultivos ilícitos está en que la apuesta de paz total de esa administración dejó el espacio libre para que los grupos delincuenciales expandieran sus actividades, siendo la coca una de las más importantes.
“La orden es una sola: perseguir a los criminales, rescatar a quienes estén en sus manos, destruir sus estructuras y llevarlos ante la justicia. No les vamos a entregar un solo centímetro de Colombia”, dijo el presidente este lunes tras anunciar varios golpes contra esas estructuras.