El 2020 será recordado no solo por la pandemia provocada por la covid-19. Es el año que rompió récords en materia de ciclones tropicales. Ya son 31 los fenómenos de esta índole registrados en el Caribe y no se descarta que ocurran más. Hasta ahora, 2005 era la referencia, pues durante ese periodo se presentaron 30. En mayo, un primer informe de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) y de la Universidad de Colorado advirtió que se manifestarían entre 13 y 19 ciclones tropicales. En agosto dicha proyección fue ajustada por la entidad y señaló entre 19 y 25 eventos.

¿Cómo ayudar a San Andrés, Providencia y Santa Catalina?

En el Caribe colombiano, al menos siete huracanes transitaron entre 1960 y 2020. Aunque Iota es el que más se ha acercado al territorio nacional, y con mayor impacto, Hattie –en 1961–, Joan –categoría cuatro, en 1988– y Beta –categoría tres, en 2005– también generaron daños significativos en San Andrés, Providencia y Santa Catalina. En cuanto a Matthew, provocó estragos en municipios de La Guajira en 2016, pues justo en su tránsito pasó de categoría tres a cinco en la escala Saffir-Simpson.

Hace 15 años, Beta produjo afectaciones en 1.660 viviendas, heridas a 30 personas y perjuicios a 3.074 habitantes luego de su recorrido el 29 de octubre por la isla de Providencia. En ese entonces, como ahora, no estaba preparada para el azote de un fenómeno natural de esta índole. A pesar de que San Andrés se ubica por fuera del cinturón de huracanes y no existe todavía evidencia científica que señale que lo que ocurre en el Caribe sea una consecuencia del cambio climático, lo que sí ha demostrado la ciencia es la tendencia a que se desarrolle un mayor número de huracanes.

Los ciclones pueden ocasionar daños sobre los manglares y las praderas de pastos marinos, al igual que erosión en las playas y aumento de la sedimentación en los arrecifes.  Foto: afp

Óscar Guevara, coordinador de Biodiversidad y Cambio Climático en WWF Colombia, sostiene que, más allá de creencias o percepciones, es fundamental reconocer lo señalado por la ciencia. Los humanos, dice, por medio de sus actividades económicas y el modelo de desarrollo establecido, cambiaron la composición de la atmósfera y los sistemas planetarios asociados al clima, razón por la que los ciclones son cada vez más frecuentes y fuertes. “También se están observando anomalías en las trayectorias de desplazamiento de los huracanes y eso es algo que desde la ciencia también se esperaba. Esa franja donde generalmente se generaban se está modificando”, afirma. Según Guevara, el mundo está entrando en una época de un nuevo clima, que tiene un comportamiento distinto al que estábamos acostumbrados, lo que podría significar mayores eventos extremos. “Toda la evidencia científica nos indica que definitivamente debemos prepararnos para un clima anormal, atípico y, por eso mismo, peligroso, porque se aleja a lo que ya conocíamos y suele presentarse con una intensidad para la cual solemos no estar preparados”, resalta.

Huracán Iota: los efectos positivos del fenómeno en el medioambiente

Por su parte, Christian Euscátegui, meteorólogo de Videoclimet y director de la Maestría en Gestión del Riesgo de la Escuela de Ingenieros Militares, señala que en 2005 y en 2020 se registraron las temporadas de mayor actividad de ciclones tropicales y justo en esos dos años se afectó el archipiélago de San Andrés y Providencia. “Si tenemos en cuenta esa estadística, es muy probable que puedan volverse más frecuentes los ciclones tropicales que, en un momento dado, golpeen el territorio colombiano”, dice.

Omar Franco, exdirector del Ideam, indica que es posible que este tipo de fenómenos se extienda más allá de finales de noviembre, pues este año se han registrado condiciones fuera de lo común. Los análisis, según Franco, indican que la temperatura del Caribe está más cálida de lo normal. “Sin embargo, no se puede asegurar que este fenómeno esté directamente relacionado con el cambio climático, pues los científicos no lo han afirmado de manera explícita”, manifiesta. Y agrega que hay que iniciar un desarrollo en función de visualizar cuáles son las comunidades que se encuentran en zonas de riesgo y adaptarlo a la variabilidad de las condiciones climáticas, “replantearlo en función del cambio climático”.

¿Se pueden prever?

Didier Pedreros, presidente de la Sociedad Colombiana para la Gestión del Riesgo, fue enfático al señalar que los ciclones tropicales sí se pueden prever y, por ende, mitigar sus impactos. Afirma que, si bien no se puede pronosticar cuándo y dónde se registrará un huracán, es posible determinar su patrón de trayectoria con varios días de antelación y, a partir de ahí, emitir las alertas correspondientes. “Cuando la comunidad sabe y se le dice qué debe reforzar, asegurar, quitar, alejar, amarrar y forrar, los impactos se reducen. Se pueden, además, definir alternativas que ayuden a las personas a minimizar el riesgo como evacuar, pero creo que en el caso de Iota no se hizo mayor cosa, porque se dijo que el huracán pasó de uno a cinco muy rápido y se creía que no iba a transitar por San Andrés. Ambas justificaciones son erradas, porque en gestión del riesgo no se puede partir del principio de que no va a pasar nada”, dice.

La ciencia prevé un aumento en el número de los huracanes y en su intensidad para los próximos años. Foto: ÓSCAR JAIME RIOS-GOBERNACIÓN

En cuanto a la evacuación de la isla, Pedreros señaló que esa es una estrategia que debería obedecer a un proceso pactado, entrenado, desarrollado y evaluado, situación que en Providencia no se presentó, pues la gente no percibía el riesgo como tal al no registrarse esta clase de fenómenos de manera recurrente.

Guevara, de WWF, considera que a partir del conocimiento del fenómeno se pueden modelar qué categorías de ciclones ocurrirían en el Caribe colombiano, determinar sus periodos de retorno y las velocidades promedio de los vientos. “A partir de ahí podemos prepararnos y mitigar los efectos. Eso es precisamente lo que busca una gestión del riesgo efectiva”, asegura.

¿Qué falta?

Daniel Useche, jefe de Pronósticos y Alertas del Ideam, considera que el país debe prepararse con planes de contingencia que permitan hacerle frente a este tipo de fenómenos, pues existe la posibilidad de que cada vez sean más recurrentes. Es necesaria una buena planificación de los centros urbanos, estar atentos a los comunicados que emitan las autoridades, conocer y revisar los planes de emergencia, las rutas de evacuación y los puntos de encuentro. De igual forma, construir albergues y tener actualizados los planes de emergencia. También, actualizar las formas de construcción en las zonas que están expuestas a huracanes, a partir de materiales y métodos constructivos capaces de resistir vientos huracanados.

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En la actualidad, la información existente sobre las amenazas relacionadas con el viento es muy pobre y teóricamente la incorporación de la gestión del riesgo al ordenamiento territorial podría estar dada, pero en la práctica no se cumple. “En muchos municipios los Planes de Ordenamiento Territorial están desactualizados, otro gran porcentaje no cuenta con Planes Municipales de Gestión del Riesgo, tampoco con estrategias municipales de respuesta y planes de adaptación al cambio climático. Ante la inexistencia de estas herramientas, empiezan los problemas en el territorio”, dice Pedreros. Como advierte el exministro Manuel Rodríguez, el ciudadano debe cumplir un rol especial a través del requerimiento a sus gobernantes de políticas que permitan la reducción de la vulnerabilidad, y planificar mejor el territorio según sus características y condiciones. Una tarea pendiente en Colombia.