Hace pocas horas la Procuraduría General de la Nación confirmó que los funcionarios del Instituto Nacional Penitenciario (Inpec), Nairo Vargas Rubio y Juan Camilo Goes David, se convirtieron en los primeros en aceptar su responsabilidad en la investigación disciplinaria que se adelanta por la fiesta al interior de la cárcel La Paz, en Itagüí, la cual contó con la participación del cantante vallenato Nelson Velásquez.
Pero los detalles inéditos detrás de esa confesión dejaron al descubierto que el Gobierno del presidente Gustavo Petro le habría ofrecido una serie de “garantías” a los reclusos con los que adelantaba la mesa de paz urbana en Antioquia. La mayoría son los principales cabecillas del crimen en la región.
El dragoneante Nairo Vargas, quien estuvo como comandante del Pabellón No. 1 de alta seguridad de la cárcel La Paz, el día de la polémica, confesó por qué dejó de hacer las anotaciones de las personas que ingresaron ese día, entre ellos la agrupación musical de Nelson Velásquez, y de paso expuso los beneficios que le habría dado el Gobierno a los reclusos en esa prisión.
Vargas expuso que los reclusos en ese centro penitenciario siempre “intimidan o manipulan” al personal de guardia, teniendo en cuenta que son “privados de la libertad de alto perfil”, pero terminó explicando que “ellos manejan grupos al margen de la ley, además están en un proceso de paz con el gobierno, el gobierno les ha dado ciertas garantías como para visitas extras, ingreso de alimento, entones ya es rutina que a ellos les autorizan”.
Esto dejaría en evidencia el poder que el Gobierno del presidente Petro les habría otorgado a los criminales más peligrosos que se encuentren en esa cárcel. No hay que olvidar que la senadora Isabel Cristina Zuleta, del Partido Pacto Histórico, líder de la mesa por el Gobierno, es la que se ha sentado en varias oportunidades a negociar con los cabecillas de las bandas del Valle de Aburrá.
El dragoneante Vargas también confesó en su declaración ante la Procuraduría que los asistentes a la parranda con el reconocido cantante, ingresaron en presencia del inpector Eduardo Parra y de los guardias Barbosa Pinzón y Nairo Vargas.
Sin embargo, aclaró que “no se hicieron los registros, les aclaro que no es que yo no haya querido hacer los registros o esconder alguna información, fue un error humano, un error involuntario debido al estrés”.
Nairo Vargas explicó que la “tensión”, la “intimidación” y la “carga laboral” se volvieron armas en su contra para no hacer los registros en los libros de minuta, argumentando también que ya es “normal” ese tipo de permisos porque “muchas veces los privados de la libertad lo solicitan”.
El dragoneante también aseguró que finalizado el evento con Nelson Velásquez, los tenientes Fredy Cipirian, Fabián Léon, Fracica Sarmiento y los inspectores Jimés y Eduardo Parra, realizaron el conteo de los presos, sacaron a la visita y no hicieron registro de ninguna “novedad especial”. Así no habría quedado el registro de esas personas.
La confesión de Goéz David
Otro de los dragoneantes del Inpec que decidió confesar en este proceso disciplinario fue Juan Camilo Góez David, quien prestaba servicios en el punto de control de visitas de la cárcel la Paz, y ahora es señalado de presuntamente omitir las anotaciones en los libros de registros sobre el ingresos de la agrupación musical de Velásquez.
El uniformado del Instituto Nacional Penitenciario aseguró que ese día habló con el policía judicial Carlos Londoño, quien se comunicó con el director encargado del establecimiento Fabián León, para tratar de averiguar por la autorización de las personas que llegaron a la cárcel.
El director León se comunicó con el teniente Ciprian Díaz quien después de varios minutos, contactó al dragoneante Goez para entregarle “la autorización ”firmada por él (Díaz) para ingreso del personal que estaba esperando en Satelite 2″, es decir, a los protagonistas de la parranda.
El teniente León, según Goés, también firmó dicha autorización y así fue como finalmente logró ingresar toda una agrupación musical a la cárcel de la Paz, en Itagui, para que los implicados en una negociación con el Gobierno terminarán en una parranda que se volvió polémica en el país.