La nueva sede del colegio San Gabriel fue entregada con bombos y platillos por el Ministerio de Educación en 2019, pero meses después llegó la pandemia de la covid-19 y con ella el confinamiento. Así que los estudiantes no pudieron disfrutar de la obra, que costó más de 8 mil millones de pesos, de los cuales la mayoría fueron a portados por el Gobierno nacional.
Pero este 2022, cuando se volvió a la normalidad académica, es decir, cuando prácticamente estrenaron la edificación se dieron cuenta de varias de las falencias, entre ellas que el colegio no tenía luz eléctrica, así que los televisores de última tecnología que tenían en cada salón, los laboratorios de ciencia y computo, el restaurante entre otros servicios no se podía utilizar.
El problema se sabía desde el inicio, pues hubo un error por parte de la constructora que pretendía instalar un punto eléctrico en la mitad de una fuente hídrica, lo que ponía en riesgo la vida de los que asistieran a la institución. El no tener agua no solo afectaba el suministro de energía, pues las motobombas no funcionan y por ende no puede proporcionar agua al edificio de tres pisos.
Pese a los recurrentes avisos de la rectora acerca de la situación, no se tomaron medidas a tiempo. Rápidamente los problemas de salud eran evidentes por la falta de agua en los baños, tres profesores y 15 niños presentaron infecciones urinarias e intestinales. El personal del aseo empezó a renunciar, pues mujeres de casi 50 años de edad tenían que tratar de un edificio a otro y subir tres pisos con baldes de agua para asear salones y baños.
La Personería, en marzo, se enteró de lo sucedido y ordenó la intervención inmediata, pidió al Ministerio de Educación y a la Secretaría de Educación de Cajicá solucionar la situación que no solo ponían en riego la calidad de educación de los niños, sino que además estaba acarreando problemas de salud. Razón por la cual la administración municipal instaló una motobomba provisional que se alimentaba de la energía de un edificio cercano.
Esa medida estaba lejos de ser la solución, el primer día se dañó la tubería que no soportó la presión e inundó las instalaciones educativas. Pero, una vez se solucionó ese primer inconveniente, surgió otro: la cifra de niños con infecciones gastrointestinales aumentó y ya eran más de 40 enfermos, por lo que la Secretaría de Salud indicó que mantener el colegio con atención presencial representaba un riesgo sanitario evidente.
Además, que se conocieron otras irregularidades en la edificación. SEMANA conoció el informe de seis páginas en las que en algunos apartes resaltan: “se evidencian en salón de bachillerato algunas paredes con algo de humedad y en sala de profesores agrietamientos”. En otros espacios del informe se lee que cajas e interruptores eléctricos están sin tapas.
Es de resaltar que la sede nueva es la de Primaria, y en ella confirmaron que no hay suministro de agua después de las 10 de la mañana y en la sede de bachillerato el agua no es de calidad potable. No cuenta con shut de basuras entre otras inconsistencias.
Los niños deberán tomar las clases a través de plataformas digitales hasta que se subsanen las novedades. La rectora de la institución espera que sea pronto para garantizar el derecho a la educación de calidad de cerca de 1.500 niños.