El empresario colombiano Jaime Gilinski, presidente del Grupo Gilinski y CEO de Grupo Nutresa, recibió un doctorado honoris causa del Georgia Institute of Technology durante la celebración de graduación de primavera de 2026 de la Facultad de Ingeniería, en el Hank McCamish Pavilion.

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El reconocimiento fue otorgado por su trayectoria empresarial, su liderazgo en el sector financiero y alimenticio, así como por su aporte al desarrollo económico y social en América Latina.

En un discurso marcado por la reflexión personal, la innovación y el valor de la educación, Gilinski recordó sus años como estudiante inmigrante en Estados Unidos y lanzó un mensaje directo a las nuevas generaciones: “Sueñen en grande”.

La historia de Jaime Gilinski con Georgia Tech comenzó hace casi cinco décadas. En 1978 se graduó como ingeniero industrial de esa universidad y posteriormente obtuvo un MBA de Harvard Business School en 1980.

Durante su intervención, recordó su llegada al campus siendo apenas un joven colombiano que hablaba “un inglés imperfecto”, con pocos contactos y enfrentándose a una cultura completamente distinta.

“Llegué con una maleta y un sueño que apenas podía expresar”, afirmó frente a los graduandos de la promoción 2026.

Jaime Gilinski cuenta con un MBA de Harvard Business School. Foto: YouTube @georgiateh

En su discurso, Gilinski destacó que Georgia Tech no solo le enseñó conocimientos técnicos como termodinámica o investigación de operaciones, sino una manera de pensar enfocada en resolver problemas complejos y transformar sistemas. “Lo que realmente me enseñó esta universidad fue a mirar un sistema roto y encontrar la solución escondida dentro de él”, expresó.

Actualmente, Jaime Gilinski es una de las figuras empresariales más influyentes de Colombia y América Latina. Durante la ceremonia, el empresario repasó parte de su trayectoria y habló sobre las dificultades que enfrentó tras terminar sus estudios.

Lejos de presentar una historia lineal de éxito, reconoció que hubo errores, negocios fallidos y momentos de incertidumbre. “Mi título nunca fue el destino. Fue el fundamento”, aseguró.

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Gilinski también aprovechó el escenario para destacar algunos de los proyectos empresariales que ha liderado durante las últimas décadas. Mencionó iniciativas relacionadas con inclusión financiera, el desarrollo urbano de Panamá Pacífico y la expansión internacional de Nutresa, compañía que hoy tiene operaciones en varios países de América Latina y presencia global en diferentes categorías de alimentos.

Uno de los momentos más personales del discurso llegó cuando habló de su familia, especialmente de su esposa, Raquel, a quien describió como “la constante en cada ecuación”.

El empresario afirmó que detrás de cada empresa y cada riesgo asumido siempre existió un soporte familiar sólido. “Todo lo que he logrado en los negocios tiene valor porque no me costó lo que más importa: mi familia”, dijo ante miles de asistentes.

Además del componente empresarial, el empresario colombiano hizo énfasis en la responsabilidad social de quienes tienen acceso a educación y oportunidades. Recordó programas de becas impulsados por su familia y proyectos enfocados en nutrición y salud para poblaciones vulnerables en distintos países.

Jaime Gilinski se graduó como ingeniero industrial de Georgia Institute of Technology en 1978 y recibió en 2026 el doctorado honoris causa de la misma institución. Foto: YouTube @georgiateh
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En la parte final de su discurso, compartió cinco consejos para los graduandos: comenzar antes de sentirse preparados, rodearse de personas más inteligentes, proteger la integridad personal, invertir en relaciones humanas y definir el éxito bajo criterios propios y no bajo los estándares del dinero o el reconocimiento externo.

La ceremonia cerró con un mensaje que sintetizó el tono inspirador de toda su intervención: “Sueñen en grande, construyan sin descanso, den generosamente y nunca dejen de imaginar lo que el mundo podría llegar a ser”.

Con este doctorado honoris causa, Georgia Tech no solo reconoció la trayectoria empresarial de Jaime Gilinski, sino el impacto de un colombiano que convirtió su formación académica en una plataforma para construir empresas, generar empleo y participar en algunos de los movimientos corporativos más relevantes de América Latina en los últimos años.

Este es el discurso completo de Jaime Gilinski

Jamie Gilinski Bacal. Foto: NUTRESA

Presidente Cabrera, distinguidos miembros de la facultad, orgullosas familias y, sobre todo, la extraordinaria generación de 2026. Gracias. Gracias, gracias por este honor: recibir un doctorado honorario de esta institución, mi hogar. Es algo que llevaré en el corazón por el resto de mi vida.

Y al estar aquí, en este lugar, mirándolos a todos ustedes con sus togas y birretes, siento algo que no esperaba sentir hoy: me siento de 20 años otra vez.

Hace 48 años, un joven de Colombia que hablaba un inglés imperfecto, que casi no conocía a nadie en este país y que nunca había vivido un invierno en Georgia, llegó al campus con una maleta y un sueño que apenas podía expresar. Ese joven se graduó de esta universidad con un título en ingeniería en 1978.

Luego, obtuvo su MBA y regresó a Colombia para comenzar a construir algo que todavía no podía visualizar por completo. Ese joven era yo. Y Georgia Tech lo cambió todo.

Georgia Tech no solo me enseñó termodinámica, investigación de operaciones y optimización de sistemas. Aunque estoy agradecido por cada una de esas cosas, lo que realmente me enseñó esta universidad fue a pensar, a mirar un sistema roto y ver la solución escondida dentro de él; a preguntarme: ¿por qué esto funciona de esta manera? y ¿qué pasaría si no tuviera que ser así? Me enseñó a sostener dos verdades opuestas al tiempo: rigor e imaginación, y a construir algo a partir de la tensión entre ambas.

Y me dio algo más que no esperaba: amistades que han durado toda una vida. Las personas que conocí aquí, compañeros que me impulsaron, me desafiaron y atravesaron conmigo las noches más difíciles, se convirtieron en parte de quien soy hoy. Algunas de las relaciones más importantes de mi vida comenzaron en este campus. Miren a su alrededor hoy. La persona sentada a su lado podría convertirse en una de ellas. Ese es el regalo de Georgia Tech, y la generación 2026 acaba de recibirlo.

El instinto de un ingeniero no es solo construir cosas, es arreglar lo que está roto e imaginar lo que nunca ha existido. Quiero que se aferren a ese instinto, porque el mundo al que están entrando lo necesita hoy más que nunca.

Pero antes de hablarles del mundo, quiero dejarles una palabra.

Una palabra que creo que es la más importante en cualquier idioma, en cualquier disciplina y en cualquier vida vivida con propósito.

Esa palabra es: sueño.

Jaime Gilinski recibiendo su doctorado honoris causa del Georgia Institute of Technology. Foto: YouTube @georgiateh

No un sueño pequeño. No un sueño seguro. No un sueño ajustado a lo que las personas a su alrededor consideran ‘realista’. Un sueño de verdad. Del tipo que les produce un poco de nervios cuando lo dicen en voz alta. Del tipo que parece demasiado grande para una sola persona. Del tipo que los obliga a convertirse en alguien que todavía no son.

Ya sea que sean ingenieros, líderes empresariales, científicos, profesores, emprendedores o algo para lo que todavía no existe un nombre, comiencen con un sueño. Todo lo demás en la vida es ejecución.

Y Georgia Tech los ha entrenado para ejecutar.

Ahora quiero ser honesto con ustedes, porque los discursos de graduación a veces hacen que el éxito parezca una línea recta entre el día de la graduación y algún destino brillante. El mío no fue así.

Después de dejar Atlanta, tenía ambición y muy poco más. Empecé con oportunidades pequeñas. Cometí errores. Tuve socios que me decepcionaron y negocios que fracasaron. Hubo años en los que no estaba seguro de cuál era el camino a seguir. Pero esto fue lo que aprendí en esos años inciertos:

El título nunca fue el destino. Fue el fundamento.

Lo que Georgia Tech me dio no fue una garantía de éxito. Me dio la disciplina para seguir construyendo cuando otros se detenían, la mente analítica para ver oportunidades que no eran obvias y la confianza, ganada con trabajo duro, para apostar por mí mismo.

A lo largo de décadas, ayudamos a millones de familias a obtener su primera cuenta de ahorros, su primera hipoteca, su primer préstamo para empezar su primer negocio.

Desarrollamos Panamá Pacífico, uno de los proyectos de desarrollo urbano más ambiciosos del mundo. Adquirimos y hoy dirigimos Grupo Nutresa, la empresa más grande de mi país y la compañía de alimentos más grande de América Latina, que opera en 18 países y alimenta familias en todo el continente.

Construimos el primer banco digital de Colombia y hoy tenemos cerca de un millón de clientes. Y adquirimos Metro Bank en Londres, un banco que hoy atiende a más de 3,5 millones de clientes en el Reino Unido.

Veinte países. Cerca de 100.000 personas trabajando en nuestras empresas. Y más allá de ellas, las millones de familiares, consumidores y comunidades a las que impactamos cada día.

Han sido décadas de trabajo. Pero no construí nada de eso solo.

Y esa es la parte de la historia que más quiero compartir hoy con ustedes, porque será igual para todos ustedes.

Detrás de cada empresa que he construido, detrás de cada riesgo que he asumido, ha habido un fundamento mucho más importante que el capital o la estrategia.

Ese fundamento tiene un nombre: Raquel, mi esposa.

Mi esposa, por más de 40 años, ha sido la constante en cada ecuación. Cuando estaba agotado, ella me dio energía. Cuando tenía dudas, me dio valentía. Cuando tuve éxito, me mantuvo humilde.

Me recordó quién era y qué estaba construyendo realmente.

Todo lo que he logrado en los negocios tiene valor porque no me costó lo que más importa: mi familia.

Nuestros hijos, Joshua, Gabriel, Dori, Benjamin, son mi mayor orgullo. Y nuestros diez nietos son la mayor alegría de mi vida.

Ninguna adquisición, ningún balance financiero, ninguna valuación se ha acercado jamás a la sensación de verlos crecer.

Les digo esto, no como un comentario sentimental, sino como una verdad estratégica: las personas que elijan para construir su vida determinarán el límite de todo lo que logren.

Elijan sabiamente.

Inviertan en esas relaciones con la misma seriedad con la que invierten en su carrera. No están separadas de su éxito. Son su éxito.

Al final de sus vidas, no contarán sus empresas, contarán a las personas que estuvieron a su lado.

También quiero hablarles de algo que me tomó tiempo comprender plenamente: la obligación de quienes reciben mucho.

A medida que nuestras empresas crecieron, Raquel y yo tomamos la decisión de construir también oportunidades para otros.

Creamos programas de becas para que jóvenes brillantes que no tenían acceso a la educación superior pudieran tenerlo. Hemos apoyado hospitales para mujeres y niños en Colombia y en Estados Unidos.

Financiamos programas de nutrición para madres y niños en los veinte países donde operamos hoy.

Ustedes son graduados de una de las mejores universidades técnicas del mundo. Eso los coloca inmediatamente entre las personas más privilegiadas y capaces del planeta.

Y con ese privilegio viene una responsabilidad que su diploma no menciona, pero que yo sí quiero mencionar hoy:

Usen sus talentos para reparar el mundo, no solo para beneficiarse de él.

Los problemas que hoy necesitan solución: la seguridad alimentaria, el acceso financiero para los pobres, la atención médica en comunidades desatendidas, el clima, la educación, son problemas de ingeniería. Son problemas empresariales. Son problemas de sistemas. Son exactamente el tipo de problemas que Georgia Tech los entrenó para resolver.

No se los dejen a alguien más.

Ahora, generación de 2026, quiero hablar directamente de su momento. Porque su momento es distinto a cualquier otro en la historia.

Se gradúan en un mundo que está siendo transformado por la inteligencia artificial a una velocidad que ninguna generación anterior había enfrentado.

Las herramientas disponibles para ustedes: el poder computacional, la conectividad y los datos, habrían sido inimaginables para aquel joven colombiano que llegó en 1978.

Algunas personas encuentran eso aterrador. Yo lo encuentro electrizante.

Porque esto es lo que sé después de casi cinco décadas construyendo cosas: las personas que triunfan no son las que esperan a ver qué hará la tecnología por ellas, son las que toman las herramientas y deciden qué harán con ellas.

Son las que combinan el dominio técnico con el juicio humano. Las que saben no solo cómo construir un sistema, sino por qué debería existir y a quién debería servir.

Esos son ustedes.

Esa es exactamente la educación que han recibido.

Saben pensar en sistemas. Saben optimizar bajo restricciones. Saben convertir la ambigüedad en arquitectura.

El mundo está esperando lo que ustedes construirán con eso.

Déjenme terminar con cinco cosas. Cortas y simples. Ojalá alguien me las hubiera dicho el día de mi graduación.

Primero: comiencen antes de sentirse listos. Nunca se sentirán completamente preparados. La preparación ocurre mientras se hace. Empiecen.

Segundo: contraten personas más inteligentes que ustedes y aprendan a escucharlas. Su ego es lo más costoso que llegarán a poseer. Manténganlo barato.

Tercero: nunca comprometan su integridad. Su reputación es el único activo que no puede reconstruirse una vez destruido. Protéjanla absolutamente.

Cuarto: inviertan en las relaciones de la misma manera en que invierten en las empresas: con paciencia, lealtad y visión de largo plazo. La persona sentada junto a ustedes hoy podría ser su pareja, su cofundador o su amigo más cercano durante los próximos 50 años. Trátenla como tal.

Y quinto, y más importante: definan el éxito por ustedes mismos antes de que el mundo lo defina por ustedes.

El dinero es una medida, no un significado. Comprendan la diferencia temprano y se ahorrarán mucho dolor.

Antes de terminar, necesito agradecer a las personas que hicieron posible este día para mí desde hace mucho antes de hoy.

A mis padres, que tuvieron la sabiduría y la visión de venir a Estados Unidos a perseguir su educación y luego regresar a Colombia con algo que nadie podía quitarles: el conocimiento. Y que me enseñaron que la educación es la inversión más poderosa que un ser humano puede hacer.

Ellos me transmitieron esa convicción y se convirtió en la brújula de mi vida.

Mami y papi, este honor es tan suyo como mío.

Presidente Cabrera, miembros de la facultad y líderes de Georgia Tech: gracias por este doctorado honorario y por enseñarme cómo ser una mejor persona.

Y Raquel, que está aquí hoy, como lo ha estado en cada momento importante de mi vida.

Generación de 2026:

Ustedes están listos.

Han sido preparados por cada profesor que los desafió, por cada noche en vela que sobrevivieron, por cada problema que resolvieron cuando estaban seguros de que no podrían resolverlo.

Georgia Tech no es solo una universidad, es una manera de ver el mundo: un conjunto de problemas esperando ser resueltos, sistemas esperando ser mejorados, vidas esperando ser transformadas por alguien con el conocimiento y el coraje de intentarlo.

Ustedes son esa persona.

Así que sueñen en grande, construyan sin descanso, den generosamente y nunca, jamás, dejen de imaginar lo que el mundo podría llegar a ser.

Felicitaciones, generación 2026.

¡Go Jackets!