La vida está en los escombros. No hay segundo, ni minuto que no haya un esfuerzo extra para mover las pesadas estructuras y cimentar en la esperanza un sonido que muestre una señal de supervivencia.

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Cuando los puños se cierran y las manos se alzan, florece la ilusión de encontrar vida; entonces el protocolo silencioso circula rápidamente como el ensayo de una gran obra de teatro. Los rescatistas anuncian de esa manera que han escuchado algo, y ese algo, muy probablemente, es una persona que lucha por no morir entre el cemento y los ladrillos.

Terremoto en territorio caleño . Foto: Screenshot 'x'

En la unidad residencial Torres de Limonar, barrio Capri, sur de Cali, la vida se abre paso tras el colapso total de los dos bloques que albergaban 35 apartamentos. El terremoto del 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, destruyó todo en este sitio residencial.

Pero no solo aquí, Cali registra el colapso de 30 estructuras, muchas de ellas edificaciones residenciales. Los muertos suben con el pasar de las horas; por eso, hablar de una cifra exacta todavía no tiene sentido. Los heridos también se cuentan por montones.

Las primeras horas después del terremoto son cruciales para encontrar a los atrapados en los escombros. Eso lo entendió la ciudadanía caleña, que se volcó masivamente a los lugares afectados en una ola de solidaridad que quebranta el corazón del más pesimista.

Terremoto en Cali. Foto: Aymer Andrés Álvarez

Llegan con agua, con palas, picas, herramientas para el rescate y una determinación de encontrar sobrevivientes que no se amilana con el intenso calor, ni con el polvo y tampoco con la adversidad de una tragedia histórica para la capital del Valle.

“Silencio”, dice alguien a una sola voz. Luego todos, miles de personas, levantan sus manos y se quedan estáticos. El aire queda suspendido y la esperanza cobija cada respiro sutil. La mayoría de las ocasiones terminan en nada, pero en contados casos, voces brotan desde los escombros, y entonces los rescatistas, profesionales y voluntarios, estallan en júbilo por apenas escasos segundos. Luego viene la labor más crítica: el rescate.

Después de establecer contacto con personas atrapadas, las manos se mueven más rápido, las filas humanas se organizan con una precisión movida por la fe y comienza la extracción de escombros. Esto puede durar hasta cinco horas o más. Solo en este punto, en Capri, se ha logrado rescatar a siete personas con vida y hay 19 más desaparecidas. Han pasado 28 horas.

La solidaridad de los caleños se cuenta por miles y las afectaciones también. La mayoría de la población tiene una historia por contar: el que escribe, el que lee, el que camina deprisa con una foto de un desaparecido. Todos perdieron algo material y algunos, con menos suerte, a un ser querido.

“Estamos salvando vidas”, cuenta Fernando Quijano, médico voluntario en Capri. Allí, el personal de salud tiene una improvisada carpa y brinda el acompañamiento de primeros auxilios a los rescatados.

Varias edificaciones colapsaron. Foto: Aymer Andrés Álvarez

El rescate también tiene sus trámites rápidos. Cuando se escucha una señal de vida, se activa una pareja de canino y rescatista; los voluntarios abren paso en los escombros: ingresa el perro, luego el humano. Establecen contacto, suministran hidratación al sobreviviente, le hablan y le cuentan que ese no será el último día de su existencia, que va a ser extraído y tendrá otra oportunidad de abrazar a sus seres queridos; ingresa la camilla, se inmoviliza al herido y empieza su camino hacia la superficie. Camino a la luz.

La vida se comunica en silencio y las manos arriba son la señal de que hay esperanza y de que los caleños no se detendrán hasta que la última mano baje, porque mientras las tengan arriba estarán listos para ganarle la batalla a la muerte.

“Cali resiste y no se rinde”, murmura Gonzalo Calle. Él busca a un ser querido en ese edificio. Quisiera ayudar más, pero sus 73 años le impiden movimientos bruscos. Su tarea, en el medio del rescate, es levantar las manos para pedir silencio porque quizá en uno de esos silencios vuelva a escuchar la voz de su hijo desaparecido.