El pasado 2 de mayo se conmemoraron los 20 años de la masacre de Bojayá. Este mismo día paramilitares del Bloque Elmer Cárdenas y guerrilleros del Bloque José María Córdoba se enfrentaron entre Bojayá, Chocó y Vigía del Fuerte, Antioquia.

En medio de los enfrentamientos, las FARC lanzaron una bomba a la iglesia de Bellavista, dejando alrededor de 79 personas muertas, de los cuales 47 eran niños. También hubo cientos de heridos.

Lamentablemente, después de 20 años sigue la violencia en esta zona. Existe presencia del ELN y del Clan del Golfo y se han incrementado las cifras de homicidios, reclutamiento de menores y desplazamiento.

El Defensor del Pueblo, Carlos Camargo expresó ayer su preocupación: “reiteramos nuestra preocupación ante la difícil situación humanitaria que enfrenta el municipio de Bojayá (Chocó), que cumplió 20 años de la tragedia en la que murieron 79 personas por el enfrentamiento entre las desaparecidas Farc y las AUC”.

Hay que recordar testimonios como el de Macaría Allín, sobreviviente de la masacre, que recuerda ante la Unidad para la atención y reparación integral a las víctimas que a su “pequeña, que en ese momento tenía dos años, se le fue parte del cuero de la espalda y aún tiene las cicatrices. A mi otra hija, que tiene problemas de retraso mental, se le abrió la pierna y perdió tres dedos del pie izquierdo. A mí una esquirla me abrió la pierna, se me afectó la clavícula y la columna vertebral del mismo golpe que generó la onda explosiva.”

También el testimonio de Leyner Palacios, que perdió a 28 familiares en la masacre y que se ha dedicado a buscar justicia y reparación para todos los fallecidos en la masacre.

Tristemente no ha habido una sentencia para las víctimas de Bojayá. Solamente “un perdón” por parte de los Comunes ex-FARC y sus miembros, pero nunca una reparación ni un dictamen. Algunos responsables de la masacre han aceptado su responsabilidad ante la JEP, pero ninguno ha sido sentenciado.

Varios miembros de los Comunes ex-FARC expresaron su perdón por redes sociales. Una de ellas fue Sandra Ramírez que en su momento dijo: “A 20 años de la masacre de Bojayá por parte de las extintas FARC-EP seguimos lamentando ese hecho terrible y atroz que nunca debió ocurrir. Nuestra solidaridad siempre será con las víctimas a quienes seguimos pidiendo perdón por los hechos doloros (sic) de la guerra.”

Sin embargo, esto no solo se trata de pedir perdón. Se trata de justicia y reparación. Es una burla para las familias de los afectados y para todos los ciudadanos que estos perpetradores y criminales estén aspirando a cargos políticos. Las familias no solo necesitan “perdones” mediáticos y conmemoraciones, necesitan verdades, justicia y reparación.

Es inimaginable lo que han tenido que pasar estas familias y estos sobrevivientes de la masacre de Bojayá para tener que ver a sus victimarios sin pena alguna.

Mientras algunos no han pagado un día de cárcel y están sentados en el Congreso con las manos manchadas de sangre, otros apoyan a los militares, a la policía, al Esmad; y otros a los perpetradores de crímenes de lesa humanidad. En fin, la repugnante doble moral de algunos sectores políticos de este país en el que quieren justificar lo que no es justificable.

Como dijo Quinto Horacio Flaco, poeta lírico Romano:” la justicia, aunque anda cojeando, rara vez deja de alcanzar al criminal en su carrera”.