Esta semana, mientras el presidente electo, Abelardo De La Espriella, anunciaba el ingreso de Jorge Mario Velásquez —expresidente del Grupo Argos— a la Junta Directiva de Ecopetrol, y Luis Felipe Henao como presidente de esa junta en medio de la salida definitiva de Ricardo Roa el próximo 30 de julio, Colombia entera celebró el inicio de lo que se anuncia como una limpieza en la petrolera más grande del país. Se habla de una purga. Tres directivos afines a Petro saldrán, se convocará una asamblea extraordinaria y se promete remodelar el gobierno corporativo de arriba abajo. Todo parece indicar que llegó la hora de las cuentas claras.
Hay un dato clave que debe ser investigado y es un nombre que no debería quedar por fuera de esa auditoría, y que curiosamente sigue moviéndose en silencio y pasando de agache, Danilo Romero Gómez, compadre de Gustavo Petro, padrino de su hija menor, y el hombre cuya sombra aparece una y otra vez detrás de cada escándalo de contratación que ha sacudido a Ecopetrol y sus filiales en los últimos dos años. Fue quien llevó a Roa a las esferas del control de esta entidad.
En octubre de 2025 escribí una columna para SEMANA sobre Romero y su esposa, Ingrid Carolina Plata Navas, dos nombres que ni siquiera aparecían mencionados en el escándalo de la lista Clinton (OFAC), que salpicó a Petro y a su círculo más cercano. Advertí entonces que el poder de Romero se movía sin ruido, pero que sus huellas estaban en cada contrato y cada nombramiento que favorecía a su círculo. Los meses que han pasado no han hecho sino confirmarlo.
Retrocedamos a septiembre de 2024. Un directivo de Cenit —la filial de transporte de hidrocarburos de Ecopetrol— fue citado a una reunión fuera de las oficinas de la compañía. Le pareció tan sospechoso que grabó el encuentro. En esa grabación, revelada después por La Silla Vacía, le informaron que un grupo que incluía al entonces presidente de Cenit, Alexander Cadena, y a Danilo Romero, estaba interesado en “direccionar contratos y mover puestos” en la empresa, y le preguntaron si estaría dispuesto a sumarse a esa causa para pagar compromisos de campaña. El directivo se negó, denunció el hecho por la línea ética y fue despedido poco después.
Por otra parte, en mayo de 2025, la Fiscalía 21 Especializada abrió investigación penal contra la presidencia de Ecopetrol por presunto direccionamiento de un proceso licitatorio de servicios de helicópteros hacia la firma Helistar, que en los últimos tres años había recibido contratos por 320 mil millones de pesos. Según la denuncia, el principal beneficiario de ese esquema, Milton Cabeza Peñaranda, pertenece a una familia con vínculos cercanos a Danilo Romero, relación que habría influido en el direccionamiento del contrato. Sin embargo, la investigación fue archivada poco después. En octubre de 2025, Helicol —el competidor desplazado por Helistar— pidió formalmente reabrir el caso, alegando que la Fiscalía omitió valorar las pruebas de la víctima y privilegió las de los indiciados, y que la orden de archivo se profirió con una celeridad que contraría las reglas básicas de la administración de justicia.
El patrón se repite tanto que ya no se le puede llamar coincidencia. Cada vez que hay un contrato cuestionado en el entramado Ecopetrol-Cenit, el nombre de Romero termina apareciendo cerca de la mesa donde se decide.
Lo más grave, y lo más reciente, es que ese entramado dejó de ser un asunto exclusivamente colombiano. Una investigación de La Silla Vacía con Armando.info reveló que Romero, junto al empresario catalán Manuel Grau, naturalizado colombiano de forma exprés durante el gobierno Petro, es socio de la firma Colven Business & Corp, que en 2025 firmó Contratos de Participación Productiva con Pdvsa para explotar campos petroleros en las cuencas de Barinas y Apure, bajo el ala de Delcy Rodríguez como entonces ministra de Petróleo venezolana.
Estamos hablando de un negocio billonario. Las reservas probadas en esa zona suman 1.114 millones de barriles, más de la mitad de las reservas totales de Colombia. En diciembre, la producción de Colven ya alcanzaba los 5.100 barriles diarios en Apure y 8.100 en Barinas, con proyecciones internas que hablan de escalar a 50.000 barriles diarios. Romero le dijo a los investigadores que se retiró de la sociedad en 2024, pero los registros mercantiles muestran que su entorno familiar y empresarial, incluido su sobrino, hoy representante legal de la firma, sigue firmemente instalado en el negocio.
Mientras en Colombia investigan a Romero por presuntamente mover contratos e influir en nombramientos dentro de la petrolera estatal, del otro lado de la frontera aparece como socio de una empresa que consiguió, bajo circunstancias políticas más que cuestionables, acceso preferencial a uno de los activos petroleros más grandes de la región. El “compadrazgo” no conoce fronteras.
Que quede dicho sin rodeos y sin titubeos. No sirve de nada sacar a tres directivos “petristas” de la junta si el verdadero cerebro del entramado se queda campante afuera del radar. Romero nunca ha necesitado un cargo público ni una tarjeta de presentación en Ecopetrol. Le ha bastado con un teléfono, un compadrazgo y una agenda de contactos para mover fichas en Cenit, empujar a Roa a la presidencia y quedarse, de paso, con medio subsuelo venezolano. Ese es el verdadero organigrama del saqueo, y no aparece en ningún acta.
Por eso este llamado va con nombre propio, para el doctor Luis Felipe Henao y para el doctor Jorge Mario Velásquez. Pónganle el ojo encima a Danilo Romero. No lo dejen seguir pasando de agache en Cenit, en Ocensa, en ODL ni en ningún rincón de esta empresa, donde su sombra ya ha quedado registrada. Ordenen la auditoría completa de cada contrato donde aparezca su nombre, el de su esposa o el de su parentela, y háganlo ya, sin esperar a que otro directivo grabe otra reunión sospechosa o a que otro empleado honesto termine despedido por denunciar.
A estas alturas, con el poder que ha demostrado tener sobre nombramientos, contratos y hasta la presidencia de la petrolera, Danilo Romero se comporta prácticamente como el dueño de Ecopetrol, aunque nunca haya firmado una nómina ni ocupado una silla en su junta. Colombia ya vivió cuatro años de un poder que se ejerció desde la sombra de un compadre. Ojalá que Henao y Velásquez no le regalen a este personaje cuatro más.