En el libro Transición energética - necesidad, negocio y utopía (Ed. Aurora, Escobar-Suárez, 2024) se sustenta que la mitigación del cambio climático está “supeditada a la extracción de minerales estratégicos”, cobre, níquel, litio, cromo, grafito, manganeso, zinc y al conjunto de tierras raras como escandio, itrio, neodimio, praseodimio, lantano, cerio, terbio, tulio, disprosio, entre otros (pág. 57).
Esa dependencia se debe a las “cualidades magnéticas originales y conductoras”, que ayudan a la producción de energía, tanto para los data center de inteligencia artificial como para una “mayor eficiencia en el consumo y en los medios para su manejo”. Las aplicaciones principales son “turbinas eólicas, vehículos eléctricos, baterías recargables e iluminación de bajo consumo” (pág. 58).
De 21 minerales requeridos para la transición, el cobre sirve en las instalaciones y almacenamiento de energía; el níquel, el cobalto y el germanio en baterías; la plata, el estaño, el selenio, el telurio y el galio en tecnología solar; el molibdeno, el cromo y el zinc en la eólica y hay usos comunes del indio, el plomo y el titanio (págs. 162-163).
Ahí no para el relato. El caso del cobalto en la República Democrática del Congo, que posee 65 por ciento de las reservas mundiales, por las que pugnan China y Estados Unidos, enseña que la cooperación global necesaria para que la temperatura del planeta no suba 1,5 grados Celsius no se consolida, sino que, antes bien, se ha desatado una guerra por los minerales estratégicos con demanda creciente (págs. 162-169).
Esa disputa explica por qué la transición plena es una utopía: “La construcción del nuevo diseño no es ajena tampoco a las rapiñas de los países más poderosos y de los trusts financieros globales por el control físico de los bienes primos y las fuentes naturales”, que “hay más confrontación que colaboración internacional” (págs. 197 y 201).
Esta tesis se corrobora en los tiempos de Trump y el MAGA. La organización estadounidense Public Citizen (PC) se ha dedicado a estudiar los memorandos de entendimiento (MOU, los llaman) y acuerdos de comercio recíproco (ART) que –para la hegemonía sobre minerales críticos– ha firmado Estados Unidos con 39 países, incluida Colombia, que lo hizo en la visita del secretario de Estado, Marco Rubio.
Algunas de las glosas que PC pone a esos MOU y ART, expuestas en la audiencia de un comité de la Cámara de Representantes de Estados Unidos el 2 de septiembre de 2026, fueron el secretismo, con negociaciones sin autorización del Congreso; la alerta por las intimidaciones a los países firmantes a los que la superpotencia recurre a fin de que sus multinacionales entren a saco sobre los depósitos y la falta de transparencia por el beneficio dirigido a compañías bien conectadas con Trump, como una en Kazajistán en la que son socios sus dos hijos.
El reporte Las numerosas herramientas de la administración Trump para apoderarse de minerales críticos en el extranjero revela que se procede en “nombre de la seguridad nacional y el dominio militar” y “bajo condiciones de coacción, amenazas arancelarias y ambigüedad jurídica”, que “confinan a los países ricos en recursos al papel de proveedores de materias primas, bajo la bandera de la resiliencia de la cadena de suministro”, un refuerzo del neocolonialismo.
Manifiesta que, cualquiera que sea la modalidad de los ART, se “otorga a actores extranjeros poder sobre la gobernanza de los recursos nacionales”, bajo un esquema diseñado por las dependencias de comercio y energía, pero también de defensa y seguridad. Identifica cinco categorías de ART, desde los de comercio recíproco hasta los de “minerales para la seguridad” y los memorandos de entendimiento, que parece ser el que suscribió el Gobierno De la Espriella, que marcan la intención de favorecer al capital foráneo desvinculándolo con la legislación laboral o ambiental.
Entre las críticas hechas a los ART está la subordinación de “la legislación interna de un país socio a las prioridades de negociación de Estados Unidos” o el libre acceso, sin trabas, a los recursos naturales, generosidad excesiva que resalta en los tratos con los gobiernos de Ecuador, Argentina y El Salvador, émulos del Tigre.
El Gobierno De La Espriella debe publicar el contenido del memorando sobre minerales críticos firmado con Marco Rubio para conocer si Colombia entró a una nueva era de saqueo como el del oro, el petróleo o el carbón, que postran a las regiones explotadas, mientras el valor agregado y la riqueza corren a las metrópolis y a las arcas de poderosas transnacionales extractivas.