Corren los años 2024 y 2025 y la Fuerza de Tarea Hércules intenta proteger a la población de bandas criminales. Pero enfrenta una combinación de formas de lucha: falta de munición. Desinterés de Bogotá por atacar a grupos con los que negocia la paz total. La Corporación Jurídica Yira Castro denuncia a militares para desacreditarlos. Asonadas violentas. Expulsan uniformados con buenas hojas de servicio solo por cumplir su misión.

Una muestra: lo sucedido el 14 de diciembre de 2024. Operación contra el frente Franco Benavides, entre Policarpa y Cumbitara, del Batallón n.º 14 de la Fuerza de Tarea Hércules, pero adscrito a la Brigada 23, de Pasto. El Ejército pierde a tres soldados profesionales, cinco quedan heridos y el resto debe replegarse para evitar males mayores.

¿Qué ocurrió para tamaño desastre?

En pleno combate, los soldados comprueban que no explosionan las granadas MGL de mano y mortero, lo que les deja en desventaja y los obliga a replegarse para no sufrir más bajas. El caso pasa a la Inspección del Ejército y de manera injusta, a decir de los conocedores del caso en el terreno y de las pruebas, termina con las carreras de tres oficiales del Batallón n.º 14, que ni planearon ni tuvieron culpa de la desastrosa munición, y abren investigación a otros. Para tapar la verdad, algunos llegaron a insinuar que estaban comprados por los mafiosos.

Segunda muestra: durante el año 2025, Hércules advierte de la falta de “carga básica”, es decir, están escasos de fusiles Galil, granadas, ametralladoras y otras armas, o son demasiado viejas, y tampoco cuentan con suficientes horas de vuelo de helicópteros para los operativos.

Tan faltos de recursos que hubo soldados que se negaban a combatir sin los medios necesarios y la respuesta de Bogotá al requerimiento de los mandos era que Indumil no había producido o contratado la compra de dicho arsenal. No podían esperar nada en 2025. Solicitaron ayuda como pordioseros a otras brigadas, pero casi todos andaban igual de empobrecidos. Pese a lo cual, los coroneles y generales más troperos, como Federico Mejía, seguían combatiendo con idéntico compromiso en la región asignada.

Tercera muestra: mesa de paz instalada en Inda Zabaleta, resguardo indígena atestado de coca y de dominio del comandante alias Uriel, el de los gustos narcos que organizaba fiestas populares a las que asistió al menos en una ocasión el alcalde de Tumaco, municipio al que pertenece el citado territorio.

La Fuerza de Tarea Hércules planifica ataques contra estructuras armadas de la Oliver Sinisterra en el río Rosario, la autopista de alias Uriel y del resguardo Inda Zabaleta para mover insumos, armas y traficar cocaína. En una ocasión, detectan un objetivo importante, pero requieren apoyo aéreo y fluvial, además de Policía y Fiscalía. Pero Bogotá no ayuda y los mencionados prefieren no intervenir para no molestar al Gobierno y sus negociaciones de paz con las guerrillas. Incluso el gobernador de Nariño pide “no dañar el proceso de paz” y que mejor combatan a otros grupos armados. Se referiría a las Farc de Mordisco, débiles en ese departamento, que disputaban unas áreas a disidencias que seguían en la paz total.

Cuarta muestra: al teniente coronel Ortega y al coronel Triviño les sacan del Ejército después de incautar tres cristalizaderos del intocable Calarcá, donde incautan 6 toneladas de cocaína, y capturarle a más de 30 subversivos.

Quinta muestra: asonadas. 4 de julio de 2025. El Batallón de Selva n.º 53 se apresta a capturar a alias Piponcho. Unos 200 pobladores rodean la tropa y el sujeto huye en moto. El 10 de julio otra asonada con unas 300 personas, que agreden e insultan a los soldados que intentan hacer su trabajo en zona cocalera de fuerte dominio subversivo.

Sexta muestra: la Corporación Yira Castro presenta siete denuncias sobre supuestas irrupciones violentas de militares en casas de campesinos en agosto y septiembre de 2025. “Entre gritos, intimidaciones y empujones a los ciudadanos que allí habitan, informan que es un allanamiento. Al solicitarles la orden, se retiran, no sin antes advertir que no se debe hacer alusión a ese hecho o habrá consecuencias, y dejar medio destrozado el lugar”, indica una de ellas.

El Ejército las rebate, demuestra que se trata de soldados profesionales “con entrenamiento y capacidades diferenciales (…) con certificaciones en aplicación de lineamientos en DD. HH. y DIH (…) Son la punta de lanza de las tareas ofensivas”.

Y que capturaron guerrilleros que aceptaron pertenecer a la Oliver Sinisterra, liberaron menores, incautaron material bélico incautado y destruyeron laboratorios cocaleros. En unos casos, la tropa estaba a 7,4 kilómetros del lugar de los hechos.

De haber ganado Iván Cepeda, los cuerpos de seguridad seguirían maniatados y sus aliados ilegales continuarían su imparable expansión amparados en la fracasada paz total.