Da igual lo lejos que vayas. Siempre encontrarás elefantes blancos y contratos públicos con alto riesgo de robo. En esta ocasión, más que denuncia, emito una señal de alerta que caerá en saco roto.

Perdí toda esperanza de que algo cambie después de que Emilio Tapia, el más despreciable ladrón de cuello blanco del país, haya seguido atracando el erario desde la cárcel, con una frescura insultante. Desesperanza que acreciento cada vez que el cartagenero Turco Hilsaca gana un nuevo contrato de alumbrado público.

Pero me dio mucha rabia comprobar que en el empobrecido Vaupés, de solo 40.000 habitantes, la corrupción y la desidia acechan por todos lados. Es un departamento tan apartado y olvidado, tan costoso ir por allá a investigar, que resulta un destino atractivo para desviar sin que los entes de control intervengan con todo su arsenal.

Empiezo por los elefantes en Mitú. Dos elevados pilares, uno en cada orilla, de un presunto puente peatonal sobre el Vaupés, iniciado hace años, destacan sobre las casas de escasa altura. Y si bien el alcalde actual consiguió 5.000 millones para, supuestamente, terminar la obra, el logro no despierta entusiasmo alguno.

Pregunté a lugareños y obtuve dos respuestas: no lo cruzarán ni de vainas, dada la nula confianza que merece lo construido. Segunda: a un año de elecciones locales y con un mandatario con aspiraciones políticas, le temen a la tentación de desviar plata para la campaña.

La antigua e inútil planta de tratamiento de agua podría darles una buena noticia, puesto que la obra para modernizarla está muy avanzada, si no fuese porque tampoco ahora será potable. Tan solo mejorará en algo la calidad, pero, si tiene plata, mejor comprar agua embotellada porque conseguir el líquido sin llenarte de parásitos requerirá una adición presupuestal para químicos y otros materiales.

En cuanto a la energía, descubrí un nicho de negocio perfecto para los que solo piensan en robar el erario. Vaupés es ZNI (zona no interconectada) y, para llevar energía a las remotas áreas no municipalizadas y a comunidades de Mitú, Gensa instaló paneles solares a 2.866 usuarios, por unos 60.000 millones.

Requieren mantenimiento técnico cuatro veces al año y, como los individuos no pueden pagarlo porque allá la vida es demasiado costosa y los ingresos de las familias apenas cubren necesidades básicas, el Estado lo subsidia. Por cada beneficiario, entregan 140.000 pesos/mes al contratista. Es decir, 4.813 millones anuales.

Helios Energía S. A., de Barranquilla, recibió en Vaupés el contrato de mantenimiento, que también incluía Vichada y Caquetá. Aunque con tres departamentos las cifras de negocio son más atractivas, resultan insuficientes para atraer corruptos de renombre ni montar un escándalo nacional. Emilio Tapia los consideraría chichiguas, esos millones se los roba en un suspiro.

Pero si a ese delincuente le dijeran que en Colombia hay un sinnúmero de ZNI igual de distantes, de pronto esboza una sonrisa y le interesa. Por ejemplo, en Condoto, Chocó, hay 120.000 millones instalados en sistemas solares; en el litoral pacífico, compiten más de 50 empresas por la torta de mantenimiento. Porque además de paneles solares, hay plantas de energía de diésel. Tan solo en El Charco, Nariño, deben atender 70 plantas en el área rural, que también es zona roja. ¿Quién supervisa los trabajos?

En el Vaupés también encontré otras vainas raras. Gensa entregó los paneles en dos etapas, la primera el 30 de octubre del 2020. Pero Helios empezó a cobrar su servicio con anterioridad, en abril de ese año, después de que el alcalde certificara la existencia de los usuarios, trámite imprescindible para formalizar los pagos.

Y hay quejas, como en la comunidad de Los Cerros, de que no hicieron los controles con la regularidad que marcan las normas.

Otra cuestión indignante, o deprimente, ya ni sé, es la hidroeléctrica, situada a 50 kilómetros de Mitú, en el Vaupés. Fui en moto hasta la edificación, estilo soviético, construida por rusos, que se inunda cuando el río crece. Van gastados unos 300.000 millones y los expertos aseguran que genera el kilovatio hora más caro del mundo.

Cuando llegué, llevaba más de un mes fuera de servicio. Se había caído una torre y la compañía, con sede en Pereira, nada que la repara. Encima, cuando estalla un problema técnico complejo, deben llamar a la proveedora de los equipos en Moscú para que lo arreglen a control remoto.Y la planta de diésel de Mitú tampoco es la panacea. Escuché voces pidiendo una investigación: aducen que la proveedora del combustible recibe un extra por transportarlo en avión, pero lo lleva por río.

Sería mejor que el departamento contara con su propia empresa de servicios públicos para que, al menos, capacitaran a nativos y quedara la plata en Vaupés.

En fin, una frustración interminable.