Me encantó el comienzo de este nuevo momento de Colombia. Soy católico y ver al presidente Abelardo De La Espriella recorrer los principales santuarios de la Virgen en el país para agradecer su elección y su protección me llenó de emoción. A De La Espriella no le da vergüenza profesar sus creencias abiertamente, así algunos se molesten. ¡Bien!

De la misma manera, que su posesión se vaya a hacer en una brigada militar manda un claro y necesario mensaje de respaldo que nuestros militares y policías necesitaban después de tantos golpes que han recibido en los últimos 16 años. Un proceso de paz, durante los ocho años de Santos, que los convirtió en victimarios y no en el ejército victorioso que salvó a Colombia, y un Gobierno socio de mafiosos y organizaciones criminales, el de Petro, dejaron unas Fuerzas Armadas sin moral, sin presupuesto y con manipulación de cargos, que utilizaron para politizar los ascensos y los retiros. Que las Fuerzas Armadas hayan sobrevivido esta embestida muestra la fuerza institucional que tienen, que hay que preservar y fortalecer, uno de los retos del nuevo Gobierno.

Los cuatro nombramientos en su gabinete muestran una ruptura total frente a los pasados cuatro años, cuando la improvisación y la destrucción institucional, además de la corrupción descarada, fueron la norma. De La Espriella nombra expertos, preparados y con capacidad para enfrentar el caos institucional y económico que hereda. Pasar de un actor porno, y de ninguna manera pretendo ofender a los que tienen esa profesión, o una corrupta que compra títulos a ministros y funcionarios que saben lo que hacen, que estudiaron y con trayectoria, es un cambio que Colombia necesitaba con urgencia.

Empecemos por Rodrigo Lara, un hombre preparado, con trayectoria, serio, decente y correcto. Su nombramiento, además, es un gran homenaje a su padre, asesinado por uno de los socios de Petro, Pablo Escobar. Carácter no le falta para desmontar esa orgía de corrupción que hereda en su ministerio, que deja como saldo de los pasados cuatro años un ministro de Petro en la cárcel y otro que no demora para acabar en el mismo lugar, en donde estaría si no fuera por un magistrado que lo ha protegido. Su reto, cambiar la manera de hacer política desde ese ministerio, algo que no es de poca monta. Además, tener que pasar las grandes reformas necesarias para modernizar un Estado que está en manos de pequeños y grandes intereses, siendo la consulta previa un tema de urgencia. Un ejemplo: llevar energía del centro del país al Caribe necesita más de 90 consultas previas, algo imposible de lograr. Una locura.

Miguel Gómez en Hacienda tiene todo lo necesario para ordenar una casa que queda en quiebra, con un deterioro institucional brutal y una corrupción rampante. Su seriedad y su claridad son urgentes para generar la confianza que se necesita a fin de financiar el hueco que deja el malgasto y el robo de este Gobierno. No quisiera estar en sus zapatos, pero en sus manos las finanzas públicas tienen un administrador serio, limpio y que sin agüero va a devolverles a este ministerio y sus entidades afiliadas la capacidad técnica y la transparencia que antes tenían. Limpiar Coljuegos y la Dian es tarea urgente, y modernizar el sistema financiero con la evolución de las fintechs debe ser prioridad.

Iván Cancino en Justicia es tener un ministro de lujo que conoce el sistema y sabe cómo reformarlo desde adentro, algo que es urgente. Las altas Cortes salvaron a Colombia en estos cuatro años, hay que reconocerlo, pero la Justicia es un desorden brutal donde la impunidad reina. La Fiscalía, politizada, debe reformarse y nadie mejor que Cancino, que la conoce con lujo de detalles. Prioridades: lucha contra la corrupción y ordenar el mecanismo de tutela. La tutela contra James y Lucho es el ejemplo de por qué se debe reglamentar, pues hoy todos los jueces son constitucionalistas. Quizás una jurisdicción especial para combatir la corrupción sea necesaria. ¿Y la JEP? Orden y que deje de ser un instrumento político.

Finalmente, Fabio Arjona en Medio Ambiente. Su trayectoria es impecable y no puede haber una mejor persona para equilibrar desarrollo y medioambiente. Pasar del discurso sin política, como el de Petro, a una política equilibrada que no sea un obstáculo al crecimiento económico como lo es hoy. No nos digamos mentiras, la Anla es un nido de víboras donde el billete mueve decisiones. Y, cuando no, solo sirve para frenar proyectos claves, como la autopista Norte y el desarrollo ordenado del norte de Bogotá. Creo que es una de las instituciones que debe desaparecer y crear una comisión mixta, sector privado, sector público, que facilite proyectos y que cuando hay daños ambientales pase la cuenta a las empresas causantes del daño, con mecanismos rápidos privados nacionales e internacionales, como los que existen para dirimir conflictos, evaluar daños y gestionar pagos rápidos. Entregar responsabilidad y costos al privado hace que estos asuman los riesgos y no tengan cómo evadir la responsabilidad.

Buen comienzo. La gente está feliz. Se siente una tranquilidad que hace meses nadie tenía. Vamos para adelante. Con buenos ministros, con berraquera y, sobre todo, con la Virgen como protectora.