Tiene razón Bruce Mac Master cuando enuncia los daños que la política monetaria y la política cambiaria causan a sectores de la economía nacional y, en particular, a los exportadores, por lo que pide “buscar mecanismos para defenderlos”. Advierte que los niveles del dólar cercanos a una tasa de cambio de 3.000 pesos “limitan sus operaciones, pagar salarios y adquirir insumos” (Portafolio, 20/8/26).

Mac Master correlaciona la revaluación del peso con la entrada masiva de dólares atraídos por las altas tasas de interés, lo que configura entre ambos una mezcla explosiva contra la competitividad del país. En efecto, la participación de fondos de capital foráneo, como tenedores de títulos de deuda TES, pasó de agosto de 2022 a junio de 2026 de 118 a 173 billones de pesos (un 45 por ciento más), entre los que sobresale el fondo Pimco, favorito de Petro y de Ávila, que tiene 42,4 billones.

El profesor Eduardo Sarmiento complementa lo dicho por el presidente de la Andi, al afirmar que “se tiene una economía en que la moneda se revalúa un 40 por ciento y la tasa de ahorro se reduce a la mitad con relación a la tendencia histórica”. Es decir, que la acumulación empresarial se perjudica y con ella la inversión, el crecimiento y el empleo. En síntesis, “el alza de la tasa de interés que revalúa la moneda” también “conduce al colapso”.

Sarmiento descree del modelo keynesiano que Petro y los suyos aplicaron, porque “aumenta el déficit fiscal”, el cual se amplifica con las altas tasas de referencia y de los TES que debilitan además la producción. La solución que, con razón, pide Mac Master, está en lo que Sarmiento identifica como “el modelo asiático” de China, Corea del Sur y similares, que, mediante la intervención de las autoridades económicas, eleva el ahorro al devaluar la moneda y al reducir las tasas de interés, y propicia un sistema que jerarquiza la oferta para equilibrarla con la demanda (El Espectador, 23/8/26).

El mejor ejemplo de la crisis es el sector cafetero, que, en las últimas décadas, ve una baja en sus ahorros y en su acumulación. Esto, pese a que, según Luis Fernando Mejía, exdirector de Fedesarrollo, dizque gozaron de épocas de “vacas gordas”, por lo cual no justifica intervención alguna en los mercados, aunque el valor de la cosecha del grano de 2026 caiga un 35 por ciento respecto al de la de 2025.

Un mentís a la falsa idea de “bonanzas” cafeteras acumulativas lo da el cuadro que relaciona, entre 2000 y 2026, los precios internos que reciben los caficultores por carga del grano (10 arrobas) con el de los factores de producción básicos: jornal y sacos de fertilizante.

Se observa que, en un cultivo de café –que es de minifundio intensivo en mano de obra–, la remuneración equivalente al productor va en descenso. Una carga del grano equivalía a 13 jornales en 2010, cayó a nueve en el año de la pandemia y para 2026 se recupera solo a 11. Igual pasa con el fertilizante, que es el 20 por ciento de los costos de producción, del que ahora con una carga de café apenas se intercambian 25 sacos de 50 kilos, cuando en años previos fueron más de 30.

Como a las demás ramas de la producción, la aguda revaluación, casi crónica, incrementa las importaciones de café barato de orígenes diversos que hoy predominan en el mercado interno. De julio de 2025 a julio de 2026, las compras de tal producto extranjero fueron de 1,6 millones de sacos, lo que implica una penetración de dos terceras partes del consumo nacional total, y en los últimos cinco años ya alcanzan los ocho millones de sacos; más de media cosecha anual.

A esta cruda realidad económica, a los efectos climáticos por las altas temperaturas y al terremoto, que dañó más de 8.000 viviendas cafeteras en la zona del desastre –en municipios de importante producción como Belén de Umbría (Risaralda)–, se suma el grave malestar surgido por la versión de que se nombraría como asesor cafetero del Gobierno De La Espriella al exsenador Alejandro Corrales. Fue una figura creada hace 30 años para apoyar las decisiones económicas del sector gubernamental, el cual tiene cuatro ministros en el Comité Nacional de Cafeteros y también poder de veto.

El nombramiento de Corrales, de la manada abelardista en Risaralda, es igual al que hiciera Petro de la señora Jimena Velasco con claros fines politiqueros. Los antecedentes de abuso que dicho personaje hizo de las instituciones para campañas electorales, en especial en épocas de la gerencia de Roberto Vélez, ponen una gota de sal en la honda herida que padecen los 550.000 caficultores, lo que les amargaría la taza todavía más. .

Fuente: cálculos del autor con base en datos de César A. Echeverry.